En anteriores columnas me he referido a las «pereiranadas», costumbres y usanzas de antaño —y de ahora— que nos caracterizan, que nos identifican ante el país y el mundo. Pero con este término no me refiero exclusivamente a las usanzas y acciones sino también a los modismos, frases y expresiones del idioma que se acuñaron en esta tierra y que aprendimos de los abuelos y de nuestros antepasados.
Voy a mencionar en esta columna algunos de esos vocablos y manifestaciones idiomáticas que solo entendemos quienes vivimos aquí o en los entornos cercanos. Empecemos.
No se extrañarán si escuchan de pronto que «el chichipato de Ernesto le cascó a la cucha en la espinilla porque le pidió la devuelta después de que le hizo el cruce de comprarle los puchos. Misiá Dolores no se aguantó el tumbis, se puso las pilas y lo aventó con el cura. Eso no liace, le respondió, no le pare bolas al atembao ese. No se azare, ni tenga cutupeto, que si el verriondo da papaya le aporreamos el fundillo y lo aventamos pa’la manga».
Entendemos perfectamente que «el tacaño de Ernesto golpeó a la anciana en la canilla porque le pidió el cambio después de que le hiciera el favor de comprarle los cigarros. Doña Dolores no se aguantó el engaño, se apresuró y lo acusó con el cura. Eso no importa, le respondió, no le ponga atención al tonto ese. No se preocupe, ni tenga temor, que si el tipo da la oportunidad le pegamos en el trasero y lo tiramos al pastizal».
O también podemos escuchar que «la pispa de Marta está fregada y en la olleta; está más tragada que media de montañero y se la pasó la víspera dando visaje por la plaza por si de arepa se encontraba al berraco ese de Carlos. Casi le da un yeyo cuando, de chepa, lo vio con el gurre de Carmenza haciendo cola pa’comprar la parva. Achantada se vino pa’la casa pensando: tan charro el güevón; está en la olleta si cree que me voy a azarar. Pero que liace, me voy a ir p’al morro y si me amaño y me parece chévere me aplasto allá y no vuelvo por acá.
Entendemos sin dudas que «la hermosa Marta está molesta y en problemas; está muy enamorada y se la pasó ayer paseándose por la plaza por si de suerte se encontraba al tipo ese de Carlos. Casi se desmaya cuando, por suerte, lo vio con la fea de Carmenza haciendo fila para comprar el pan. Desalentada se vino para la casa pensando: «tan bobo el pendejo; está en problemas si cree que me voy a preocupar. Pero no importa, me iré para el cerro y si me adapto y me gusta me quedo allá y no regreso».
No nos parece extraño tampoco escuchar en la cotidianidad palabras como bacano (bueno), chimba (suerte), paila (fregado), achaque (dolencia), aporrión (golpe), pereque (molestia) y pava (el último «cuncho» del cigarrillo o sombrero).
Muchas de estas expresiones son heredadas de la cultura antioqueña, pero prefiero llamarlas pereiranadas porque no me gusta que me llamen «paisa». Los pereiranos no somos paisas. Somos PEREIRANOS que es una mezcla polifacética de caucanos, extranjeros y antioqueños. Tenemos nuestra propia idiosincrasia que nos hace más «bacanes».
¡Feliz año querendones, trasnochadores y morenos!
Para rematar, les comparto esta interpretación que un conjunto de lingüistas, posiblemente argentinos, hicieron de este artículo apuntalándolo a la inmortalidad:



Excelente crónica lingúística de esta tierra, original, diferente y sencilla que tiene su identidad bien definida y digna.
Gracias Ernesto por este delicioso este texto, que es una muestra de un argot que se ha venido formando en la Ciudad como parte de una cultura propia bien definida, a la que habría que agregar las palabras cariñosas en el trato Inter personal, aún entre desconocidos.
No somos paisas. Somos pereiranos. Habiendo vivido por un tiempo en Medellín (esposa antioqueña) puedo asegurar que esta frase es totalmente cierta.
Vaya mijo al granero y en una chuspa traiga la parva para el algo
Desde hace un tiempo las “ pereiranadas” como expresión de nuestra identidad en la comunicación social desde nuestros ancestros, son un patrimonio cultural del que Ernesto nos hacer sentir el orgullo Pereirano . !! bacano !!
Muy entretenido este texto…
Colombia tiene infinidad de regiones que poseen su jerga característica, pero… nadie se había empeñado en darla a conocer; como lo hizo con la de Pereira el maestro Ernesto Zuluaga.
Y el diálogo en el podcast de los hipotéticos argentinos refleja el interés que despertó el artículo, que de hecho traspasó nuestras fronteras, dándole una enorme connotación al periodista, y al diario virtual de El Opinadero.
Mis felicitaciones muy sinceras.
Muy ameno Ernesto gracias, aunque no nací en Pereira 39 años de vivir acá me dan el título de serlo
Está claro
Dr. Ernesto, tomándome un Campari con Vodka y Jugo de Naranja, lo recordé con claridad. Gracias por las PEREIRANADAS, recordadas en el vibrante artículo. No somos Paisas, somos Pereinanos (me vale haber llegado a los 7 años a la Querendona y haber nacido en Manizales, SOY PEREIRANO, mi padre RAUL SÁNCHEZ, nos trajo a Dosquebradas, trabajaba con don Heriberto Osorio en el Restaurante El Dorado, padre de Reinel Osorio, el hombre que nos trajo para el Barrio El Japón hace 22 años el Restaurante La Estancia. Con ese recorrido Dr. Ernesto, entenderá lo del Campari en El Mirador de la calle 4 arriba.
Mi bella y Amada Pereira, aquí estoy y aquí me quedo.
Buenísimo, me encantó.
Excelente Ernesto, una sencillo y muy buen análisis lingüístico de nuestra pereiranidad.
Tuve en la universidad (La UTP) un profesor pastuso de origen pero muy pereirano de corazón. El profesor Nelson Goyes Ortega que llegó a nuestra «tierrita» en el 77 y escribió un texto, tal vez más académico, pero igual muy interesante, El discurso humorístico en Risaralda: análisis etnolingüístico sobre cómo hablamos los pereiranos y risaraldenses y de dónde vienen esas transformaciones tan nuestras de la lengua de Cervantes
Fe de errata: Sencillo y muy buen….
Buenos dias. Muchas gracias por el texto. Sobre el tema tambien me parece que el acento pereirano es muy particular y se diferencia del medellinense.
Lo importante no es distanciarse de los antioqueños sinó, por el contrario identificarnos como um solo origen montañero.
Que maravilla, ésto es para paladares esquisitos diría mi padre si le hubiera tocado conocerlo o escucharlo.
Mi mamá decía: Me vienen ya, como por dentro de un tubo (cuando queríamos que llegáramos rápido)
Mi papá: Ese puñetero le pegó a su propio amigo….
y mi hermano cuando saludaba: Bien o pa´ que¨…
Que bien Ernesto no podemos perder la identidad.