sábado, marzo 14, 2026

LA POBREZA NO SE DERROTA REPARTIENDO LO QUE HAY. SE DERROTA CREANDO MÁS RIQUEZA.

OpiniónLA POBREZA NO SE DERROTA REPARTIENDO LO QUE HAY. SE DERROTA CREANDO MÁS RIQUEZA.

A esta columna le podría poner varios titulares, se me ocurren estos tres por ejemplo:

  1. La igualdad perfecta: que todos seamos pobres… pero iguales.
  2. Cuando la política promete igualdad, a veces lo que reparte es pobreza.
  3. Cuando la torta no crece, repartirla solo garantiza que todos coman menos

Pero permítanme dar mis argumentos y mi posición al respecto, con la que ustedes pueden estar de acuerdo o discernir, todas las posiciones son respetables. En el debate público colombiano se ha vuelto casi automático afirmar que el gran problema del país es la desigualdad. La frase aparece con frecuencia en discursos políticos, columnas de opinión y debates académicos, como si fuera una verdad incuestionable.

Pero conviene detenerse un momento y formular una pregunta más profunda.

¿El verdadero problema es que algunos tengan más… o que millones de personas aún tengan demasiado poco?

La diferencia entre esas dos preguntas no es menor. Cambia completamente la forma de entender la política pública, el desarrollo económico y las prioridades de un país.

Colombia mantiene desde hace años uno de los niveles de desigualdad más altos de América Latina. Sin embargo, detrás de esa cifra hay una realidad más dura: millones de colombianos todavía viven en pobreza o en condiciones de gran vulnerabilidad.

La desigualdad puede ser un tema incómodo en el debate político. La pobreza, en cambio, es una tragedia social.

El economista Thomas Sowell ha señalado que en cualquier sociedad abierta las personas terminan en situaciones económicas diferentes porque poseen talentos distintos, toman decisiones distintas y enfrentan riesgos distintos. Pretender que todos terminen con exactamente el mismo resultado económico no elimina las diferencias humanas; simplemente ignora cómo funcionan las sociedades.

Existe además una paradoja que pocas veces se menciona. Algunos de los países más pobres del planeta presentan niveles relativamente bajos de desigualdad. No porque hayan alcanzado un modelo justo, sino porque la mayoría de la población comparte niveles muy similares de precariedad.

En otras palabras: la igualdad también puede existir en la pobreza.

La historia económica reciente muestra otro camino. Durante las últimas décadas cientos de millones de personas en el mundo han salido de la pobreza extrema. Ese cambio histórico no ocurrió porque los países decidieran igualar ingresos, sino porque aumentaron la productividad, el comercio, la innovación y el crecimiento económico.

Es decir, la riqueza se multiplicó antes de repartirse.

Colombia también vivió algo parecido en los años en que la economía creció con mayor dinamismo. Durante los años de mayor crecimiento económico entre 2002 y 2014, más de diez millones de personas salieron de la pobreza. La desigualdad no desapareció, pero millones de hogares accedieron por primera vez a vivienda, educación superior, tecnología y crédito. La desigualdad no desapareció, pero la pobreza sí retrocedió de manera significativa.

Ahí aparece una diferencia fundamental que muchas discusiones ideológicas prefieren ignorar.

Una sociedad puede ser perfectamente igualitaria… y profundamente pobre.

El siglo XX dejó suficientes ejemplos. Experimentos políticos que intentaron imponer igualdad económica mediante el control estatal terminaron produciendo escasez, baja productividad y economías incapaces de generar bienestar sostenido.

El economista Milton Friedman lo expresó de manera contundente:

“Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad terminará perdiendo ambas.”

Y el premio Nobel Friedrich Hayek advertía que imponer igualdad material desde el poder político exige niveles de control estatal que terminan limitando la libertad económica y la capacidad de innovación de una sociedad.

Por eso la discusión que Colombia necesita no es cómo lograr que todos tengan exactamente lo mismo.

La discusión verdaderamente importante es cómo lograr que cada vez más colombianos tengan oportunidades reales de producir, emprender, trabajar y prosperar.

Si la torta económica es pequeña y se divide en partes iguales, todos terminarán con porciones mínimas.

Pero cuando la economía crece, cuando hay inversión, innovación y productividad, aparece algo mucho más poderoso que la redistribución: la movilidad social.

Y por eso vale la pena cerrar con una pregunta incómoda.

¿Cuántos de los que hoy se declaran admiradores del socialismo —o del llamado socialismo del siglo XXI— y que tienen casas, carros, ingresos estables y comodidades estarían realmente dispuestos a repartir todo eso en partes iguales con quienes no lo tienen?

Porque predicar igualdad es fácil…

Ejecutarla… mmm…a muchos se les hace mucho más difícil.

Fernando Sanchez Prada

Comunicador y Columnista

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