La tendencia de ciertos sectores de derecha a emplear una retórica agresiva y polarizadora tiene raíces tanto psicológicas como sociopolíticas. Se observa un énfasis particular en la confrontación. Aquí algunos factores que pueden explicarlo:
Narrativa del «enemigo interno» y victimización
La derecha a menudo construye su identidad política en torno a la idea de una amenaza existencial. Se presenta como la última línea de defensa contra enemigos internos (progresistas, socialistas, inmigrantes, feministas, etc.), a quienes acusa de destruir los valores tradicionales, tergiversar la realidad y mentir. Al mismo tiempo, se posiciona como la única garante de la moral y la estabilidad social. Esta mentalidad de asedio justifica su agresión verbal y su intolerancia, creando una visión dicotómica del mundo: «nosotros contra ellos».
Reacción al cambio social, y uso del miedo
Muchos movimientos de derecha surgen como respuesta a cambios culturales que perciben como amenazas. Interpretan la diversidad, el feminismo y los derechos LGBTQ+ como signos de decadencia moral, lo que genera un rechazo visceral e injustificado. Además, utilizan el miedo como herramienta de control, exagerando amenazas inexistentes y minimizando problemas estructurales para reforzar su postura de «resistencia» frente a una supuesta invasión ideológica. Sus líderes y seguidores recurren a las redes sociales para masificar mensajes “metemiedos”, cargados de mentiras y montajes contra militantes y simpatizantes de corrientes políticas contrarias: para fastidiar y fustigar así a quienes no piensan igual que ellos.
Apropiación de discursos bélicos y religiosos
En su discurso, la ultraderecha tiende a militarizar el lenguaje político, presentando la lucha ideológica como una guerra. Conceptos como «combate cultural», «batalla de valores» o «resistencia» refuerzan una mentalidad de confrontación permanente. A esto se suma el uso estratégico de la religión y la identidad nacional como elementos de cohesión. Se presentan como defensores de la fe y la patria, vinculando cualquier cambio social con la traición a estas supuestas esencias inmutables.
Estrategia de movilización mediante la polarización
Los líderes y comunicadores de derecha están convencidos de que la polarización es una herramienta efectiva para movilizar sus bases. La radicalización del discurso mantiene el pueblo en un estado de indignación constante, lo que los hace más activos políticamente, y menos propensos a cuestionar sus propios postulados. Este clima de confrontación impide el diálogo democrático y refuerza la idea de que cualquier oposición no es legítima, sino enemiga.
Redes sociales, desinformación y ataques a los medios periodísticos independientes y anti hegemónicos
Las redes sociales han exacerbado estos procesos al crear burbujas informativas, donde la derecha refuerza su visión del mundo sin interferencias. Además, los algoritmos premian el contenido emocionalmente cargado, lo que fomenta discursos de odio y distorsiones de la realidad. A esto se suma una estrategia sistemática de deslegitimación de la prensa libre y del pensamiento crítico. La descalificación de los medios de comunicación les permite desacreditar cualquier información que contradiga su narrativa.
Proyección psicológica, y frustración personal
Algunos individuos encuentran en la ideología ultraderechista un canal para expresar su frustración personal. Factores como crisis económicas, dificultades laborales o cambios culturales pueden generar resentimiento, que se canaliza en la demonización de «los otros» (inmigrantes, progresistas, minorías, etc.). Esta dinámica permite que ciertos líderes capitalicen la insatisfacción social, desviando la atención de problemas estructurales hacia culpables prefabricados.

Es importante reconocer que no todas las personas de derecha caen en este tipo de actitudes agresivas. También hay sectores conservadores que promueven el debate con altura y ecuanimidad, sin recurrir a insultos, agresiones o difamaciones gratuitas.
No obstante, dentro de la derecha, el uso del odio, la desinformación y la polarización como estrategias políticas son una constante que no se puede ignorar.
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* Periodista y corrector de estilo



