viernes, marzo 6, 2026

LA REINA

Sin Límites

Encantadora, dueña de una esbelta figura, de caminar lento y pausado que deja ver sus más escondidos atributos, que miradas codiciosas se llenan de gozo y evocan caricias ardientes sobre esta atractiva dama, que en derroche de valentía se pierde en la oscura noche.

De ojos negros, de mirada furtiva como un rayo de luz, su cabello largo que le llega a la cintura, que se mueve al ritmo cadencioso de sus caderas, enciende la llama del placer de hombres que no ocultan el deseo de poseer, esta mujer.

Serena y reflexiva en el pedestal de su hermosura que llena de encantos naufraga en la penumbra cálida donde las curvas de su figura muestran el encanto de sus formas turbadoras que solo manos apasionadas con extrema suavidad deslizan por largas e interminables horas.

Los días pasan y causan estragos sin mirar a quién. Todo ser humano, hombres y mujeres somos accesibles a la vejez, de ella nadie se escapa. Huellas imborrables en rostros que fueron diamantinos como el cristal, se van marchitando dejando ver las hondas líneas que marcan el paso de los años.

La Reina, quien en su juventud luciera escultural belleza, de cuerpo acariciador e incitante, Ha envejecido. Se ha vuelto irritable, fatigada de placeres camina por un mundo donde el óleo de la victoria le es esquivo; la flor de su juventud, se ha ido.

Ahora, serena y reflexiva, de rodillas rememora aquellos días donde el polen de las flores, acariciaban bellos momentos ungidos de encanto embriagador, donde su belleza sensual despertaba la sed varonil de aquellos que desafiando miradas inquisidoras Caín en brazos de la hembra que con impasible pureza mostraba su desnudez esplendorosa.

Recuerdos llegan a su memoria evocando lejanos tiempos de idilios pasajeros. Reina del placer, de amores fortuitos, de gozo, de citas clandestinas, donde siempre lucia en su cabeza una corona blanca adornada de espinas.

La Reina que linda era. Ya en el ocaso de su vida se va yendo pálida y vencida dejando un vacío en el corazón de aquellos que la tuvieron en sus brazos en instantes de pasión y que hoy solo la miran en derroches de dolor.

Bajo la luz de un farol la Reina, coronada de amor, busca refugio en su soledad como su único consuelo del olvido de corazones ardientes que ya no están. Ya han partido.

He dicho. LUAN

 

 

 

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