miércoles, febrero 4, 2026

¿LA RIQUEZA DE UNOS POCOS NOS BENEFICIA A TODOS?

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Zygmunt Bauman en su libro: “¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, nos presenta sus argumentos con cifras tozudas cómo cada vez es más grande la brecha en la distribución de los ingresos mundiales en la población. Según la Organización Internacional del Trabajo – OIT, en 2013,  3.000 millones de personas vivían con menos de US$2 al día. Cifras que empeoran cada día. Hasta hace poco el 20% de la población consume el 90% de los bienes y servicios, mientras el 20% consume el 1%. Se estima que las veinte personas más ricas del mundo tienen recursos de los 1.000 millones más pobres. El desarrollo de las recientes transformaciones sólo ha beneficiado a la minoría de la población global.

Hay muchas evidencias para rechazar que la riqueza acumulada por las clases más ricas ha llegado a la base, ni ha sido más benéfico al resto, no nos ha hecho sentir más seguros, felices y optimistas respecto a nuestro futuro y el de nuestros hijos. Debemos preguntarnos por qué, seguimos tolerando la desigualdad. Para ello hay que analizar algunas de las grandes falsedades sobre las que se asienta esta mentira.

¿Por qué toleramos la desigualdad? Cambiar no es fácil. La colaboración y la solidaridad son impopulares, suponen una elección difícil. La mayoría, aunque tenga intenciones, creencias y valores, se enfrentan a realidades terribles como son la codicia, corrupción, la rivalidad y el egoísmo. Cambiar requiere algo más que un cambio de mentalidad, se necesita un cambio drástico en nuestra manera de vivir.  Lo fundamental aquí no es la producción de la riqueza, sino su distribución.

Las cuatro razones fundamentales que expone Bauman, que se presumen aceptadas, son.

  1. EL CRECIMIENTO ECONÓMICO. ¿Es la única manera de hacer frente para superar todos los desafíos que genera la coexistencia humana? “Es la economía, estúpido”, frase acuñada en la campaña presidencial de Bill Clinton de 1992. Significa que la principal preocupación para los votantes estadounidenses debe ser el estado de la economía y cómo esta afecta sus finanzas personales. Se asume como un hecho evidente y demostrado por la experiencia, sin duda alguna, en los sentimientos de los electores, el de mostrar su interés que los programas electorales están determinados casi en su totalidad por el crecimiento económico.

El problema debería ser transitorio en el abastecimiento de los bienes indispensables para satisfacer las necesidades humanas básicas, después habría una economía estable. Es decir, pasar al “estado estacionario”, el crecimiento no es ilimitado. Según el pensamiento económico, John Stuart Mill, siglo XIX; llegaría la hora de oportunidades culturales, progreso moral, social, perfeccionar el arte de vivir, sin la necesidad de aumentar la riqueza mediante artimañas. En igual sentido, el economista, John Maynard Keynes, en su libro, “Posibilidades económicas para nuestros nietos”, escribió: “la avaricia es un vicio, la práctica de la usura es un delito, y el amor al dinero detestable… Debemos una vez más valorar los fines por encima de los medios y preferir lo que es bueno a lo que es útil”. Pensó que el problema económico era fácil de solucionar y debe quedar en el asiento trasero, donde debería ir, mientras el corazón y la cabeza deben estar ocupados en nuestros problemas de las relaciones humanas, del compromiso y la religión o espiritualidad. Problemas más nobles y atractivos que la mera necesidad de supervivencia.

El capitalismo desenfrenado en su carrera por la riqueza ha ignorado la idea del bien público como la base para el bienestar común, como una herramienta para la construcción de una sociedad más abierta a la diversidad humana. ¿Cuánto es suficiente para una vida buena? Es una pregunta que tiene connotaciones individuales. La desigualdad va a velocidades sin precedentes, son los pobres los que reciben las reprimendas y los ricos los elogios por las interpretaciones acerca de los orígenes de los problemas. Las decisiones de los inmensos capitales de capturar las entidades públicas, organismos de control y agremiaciones mundiales, para que desregulen los mercados, no controlen la protección de los trabajadores, cuando se requiere. Bauman dice que las estadísticas de la OCDE, que sigue apostando por el crecimiento, ocultan datos que muestran que un incremento de la riqueza total va de la mano de una profundización de la desigualdad social. Es allí donde se genera parte de la inequidad, no en el crecimiento económico.

La mano invisible del mercado de Adam Smith, en la que muchos aún creen, en liberar las cadenas del mercado de la regulación mejora las condiciones de la economía, pero, ello depende de quién sea la “mano” y cómo dirige sus movimientos, ¿el gran capital? ¿el bienestar social? La desregulación de los bancos y sus movimientos de capital permite a los ricos obtener mayores beneficios, mientras la desregulación del mercado laboral no mejora las condiciones de los trabajadores, los vuelve más precarios y provoca malestar espiritual, infelicidad, son lacras que no desaparecen ante la desregulación. Tenemos altos ejecutivos de grandes corporaciones que establecen sueldos a puerta cerrada, los llamados “paracaídas de oro”, sin proporción al éxito en las utilidades, mientras el crecimiento de los salarios de los trabajadores es de una desigualdad indolente. El goteo de los recursos de arriba hacia abajo es cada día más restringido.

  1. EL CONSUMO CRECIENTE,es quizás la principal y más eficaz manera de satisfacer la búsqueda humana de la felicidad. Se ha generalizado de forma indiscriminada tanto en las clases altas como en las bajas, que el camino a la felicidad es ir de compras, la felicidad se encuentra en los estantes de las tiendas, como farmacias para cada problema. De esta manera se nos ha inculcado que es la mejor medida de felicidad en la sociedad. Un mensaje que se repite hasta convertirse en un mandamiento que no admite excepciones ni preguntas. Las tiendas son las aparentes soluciones a todos los problemas que nos encontramos en el camino. Una orgía consumista. Es en realidad un consumo más al narcisismo.

Hay un grupo satisfecho de sus esfuerzos con altas tasas de consumo. Por otro lado, el grupo de seres que no alcanzan niveles mínimos de consumo les avergüenza su falta de talento. Son vistas como denigrantes. Éstos son considerados culpables de la desigualdad. A este daño se le añade el insulto. Superar a los demás implica que existe desigualdad.

  1. ES NATURAL LA DESIGUALDAD SOCIAL, adaptada a las oportunidades de la vida humana. Se dice que esta regla nos beneficia a todos, mientras que intentar paliar sus efectos nos perjudica a todos. Creemos que la naturaleza distribuye de manera desigual las capacidades, por ello existen personas más capaces que llegarán a donde los demás no alcanzan. Esta idea busca reconciliarnos con la desigualdad cada vez mayor a la de aliviar el dolor de la derrota y la resignación al fracaso, reduciendo la resistencia. La percepción de que lo natural no es justo ni injusto, está “dentro del orden de las cosas”, “como debe ser”, y siempre será. Resistirse a lo natural, significa, defender un orden que no es natural.

Los excesivos e injustos pagos de altos ejecutivos de grandes corporaciones, sin duda no son naturales. El incremento mayor al 4.000 por ciento en los últimos treinta años en el Reino Unido no va de la mano con la producción de talentos. Donde los ricos viven en comunidades cerradas, mandan a sus hijos a escuelas costosas, tienen atención de primera calidad y no necesariamente talentosos. No es natural. Es desigualdad.

 

  1. LA COMPETITIVIDAD COMO CLAVE DE LA JUSTICIA. La competitividad constituye de manera simultánea una condición necesaria y suficiente de la justicia social, así como de la reproducción del orden social. El modo en que se resuelven situaciones de conflicto, inspirado en tratar como objetos inanimados las relaciones entre seres humanos, desafiando la lógica y la moral. Sálvese quien pueda.

Bauman aboga por el redescubrimiento de los olvidados placeres de la convivencia, de la solidaridad y de la cooperación en la consecución de objetivos compartidos. Lo cual supone una revisión radical de nuestra forma de vivir y relacionarnos. Una relación simétrica con las personas, que suponga el reconocimiento del otro, como persona con derechos y no como un objeto de consumo. Y la conciencia de que la desigualdad no es algo natural e inalterable, sino que juntos, mediante la solidaridad y la cooperación, se puede y se debe cambiar. No hay beneficios en la codicia.

 

4 COMENTARIOS

  1. Un gran tema bien explicado por un buen economista. Nos abre la posibilidad de leer el libro para entender la distribución de la riqueza actual en el mundo.

  2. Una muy buena columna clara y contundente. Me quedo pensando en la pregunta ¿cuánto es suficiente? Todos deberíamos hacérnosla diariamente y tal vez así llegar a un punto donde entendamos al otro, al que le falta todo, y nos provoque asco la desigualdad y la injusticia.

  3. El capitalismo a Dios gracias será una elección personal, con base en tu capacidad mental de educarte y crecer como persona y como profesional hasta que sabiamente tengas un equilibrio. Aquí no importe si eres económicamente más o menos favorecido, es la actitud y las ganas que tengas de salir adelante.

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