miércoles, febrero 4, 2026

LA SOLEDAD DE LA CIUDAD: CUANDO VIVIMOS JUNTOS, PERO AISLADOS

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La soledad que habita entre nosotros

Las ciudades fueron creadas para convivir, no para aislarnos. Sin embargo, hoy ocurre algo paradójico: nunca habíamos estado tan rodeados de gente y, al mismo tiempo, tan solos. Caminamos por calles llenas, viajamos en buses repletos, vivimos en edificios donde compartimos muros pero no palabras… y aun así, la sensación de desconexión es creciente. La ciudad se volvió un espacio donde la proximidad física no garantiza vínculos reales.

Esta soledad urbana no es únicamente emocional; es también estructural. Se alimenta de ciudades que se planearon para mover carros, no para encontrar personas; para atravesarlas rápido, no para habitarlas despacio. De barrios donde los espacios de encuentro desaparecen, de jornadas de trabajo extenuantes y de un ecosistema digital que nos conecta con el mundo, pero nos desconecta del vecino del piso de abajo.

La soledad, entonces, no es un fracaso individual. Es un síntoma colectivo. Una ciudad que no nos permite mirarnos a los ojos termina construyendo una ciudadanía fragmentada. Y lo más preocupante: es un tipo de soledad silenciosa, normalizada, que se esconde detrás de la rutina, pero que permea la salud mental, la convivencia, la confianza y la calidad de vida.

Hoy hablamos de esto: de lo que se siente, de lo que implica, de por qué ocurre y, sobre todo, de cómo podemos empezar a revertirlo. Puedes también escucharlo en mi PodCast:

https://econo-logia.blogspot.com/p/podcast-vida-sabatica-moviendo-ideas.html

Cuando la ciudad no abraza: cómo la forma urbana alimenta la soledad

La manera cómo diseñamos la ciudad influye directamente en cómo nos relacionamos. Y en Colombia, en sus ciudades y en muchas otras del mundo,  necesitamos reconocer que parte de nuestra soledad se explica por cómo construimos el territorio.

Primero, porque hemos dejado de lado el espacio público de calidad. Un parque sin mantenimiento, una calle sin sombra, un andén roto o inseguro desincentivan el encuentro. Y cuando el espacio para vernos desaparece, desaparecen también las oportunidades de pertenencia.

Segundo, porque vivimos en ciudades segregadas. Barrios encerrados, centros comerciales que reemplazan la calle, conjuntos residenciales que nos hacen sentir seguros pero nos aíslan. La seguridad mal entendida produce burbujas: vivimos rodeados de muros que también son muros emocionales.

Tercero, porque priorizamos el desplazamiento antes que el habitar. Las ciudades diseñadas para ir de A a B rápidamente no crean comunidad; solo generan tránsito. Eso explica por qué muchas veces nuestros momentos más solitarios ocurren en medio de un trancón.

Pero también existe la otra cara: ciudades que han decidido enfrentar esta realidad de forma consciente. Barcelona, por ejemplo, con su apuesta por las supermanzanas, busca devolver la calle a las personas. París está recuperando la vida barrial con el concepto de la ciudad de 15 minutos. Estocolmo y Copenhague muestran cómo la movilidad peatonal y en bicicleta no solo reduce emisiones, sino que aumenta la interacción humana.

No se trata de copiar modelos, sino de aprender una verdad simple: la soledad disminuye cuando la ciudad invita a encontrarnos.

Cómo reconectar: la ciudad como tejido social

 

 

Si la soledad urbana es un fenómeno colectivo, la respuesta también debe serlo. Hay tres caminos fundamentales para reconstruir el vínculo en la ciudad.

Recuperar el espacio público como lugar de encuentro: No basta con parques bonitos; necesitamos parques vivos. Espacios donde haya actividades, cultura, deporte, mercados, ferias. Donde el vecino deje de ser un desconocido. Donde la presencia de la gente rompa el miedo y fortalezca la confianza.

Diseñar barrios para habitar, no solo para dormir: La mezcla de usos vivienda, comercio, servicios, cultura, ayuda a que la vida fluya en los barrios. Donde hay conversación, intercambio y actividad humana, la soledad se reduce. Las ciudades más felices del mundo entienden que el barrio es la primera comunidad.

Construir comunidad desde la participación: Una ciudad que solo se decide desde los escritorios no crea vínculos. La participación no es un trámite; es un acto de pertenencia. Cuando la gente ayuda a definir el futuro del barrio, siente que el barrio le pertenece. Y la pertenencia es el primer antídoto contra la soledad.

 

Volver a mirarnos para volver a humanizarnos

 

 

La soledad en la ciudad no desaparecerá con más tecnología, ni con más edificios, ni con campañas motivacionales. Desaparecerá cuando la ciudad vuelva a ser humana. Cuando caminar por la calle no sea una carrera sino una experiencia. Cuando el espacio público vuelva a sentirse propio. Cuando nos damos permiso de cruzar la mirada, conversar, participar y habitar con otros.

Las ciudades están llenas de vida; lo que falta es que volvamos a reconocernos en ella. Porque una ciudad se construye con cemento, sí, pero se sostiene con vínculos. Y hoy, más que nunca, necesitamos volver a tejerlos.

 

Lee más sobre este tema y descubre el artículo completo en el blog del autor:

https://econo-logia.blogspot.com/

Fotos del autor, prohibido su uso sin autorización: Barcelona  Casarrubios del Monte.

*Investigador y consultor en Sostenibilidad de Ciudades y Territorios, Economía Ambiental y Servicios Públicos.

1 COMENTARIO

  1. Buen día Don Juan. Gran escrito.

    Dar el primer paso se dificulta en una actualidad cargada de temor y desconfianza sustentada en los hechos del diario vivir lo cual ha acorazado a las personas frente a la apertura con el otro, llegando a la paranoia y a esa actitud de repulsión. Esta es una cara de la moneda.

    En lo personal trato de tener apertura , ya que la apatía no es buena porque erosiona nuestro ser.

    Gran escrito.

    Feliz día.

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