martes, febrero 17, 2026

LA VIDA ES UN INSTANTE

OpiniónEspiritualidadLA VIDA ES UN INSTANTE

 “La vida es el 10 % de lo que te pasa y el 90 % de cómo respondes a eso”.

                                                                                                         Charles Swindoll

En momentos en los que la mente divaga, reflexioné sobre la vida y sus diversas facetas, así como mi responsabilidad frente a ella, lo que me llevó a concluir que: ella es un reloj.

La vida es un reloj que en su recorrido va narrando hechos, algunos permanecerán por mucho tiempo presentes en la memoria; otros, se marcharán, son secundarios e ingresarán nuevos instantes.

Las manecillas del reloj hacen lo suyo. En esos 1.440 minutos diarios, nuestro compromiso es tal, que logramos dar cuenta de lo que se ha convertido en responsabilidades: una casa, la empresa, una relación, los hijos… en fin, un sinnúmero de tareas que asumimos, incluso que se toman parte de la noche y que, en ocasiones no dan lugar al descanso.

Se juega con el tiempo. Él lo permite.

Hay días en los que pareciera que cada minuto se escapara de nuestras manos con la ligereza del agua o del viento; sin embargo, él va siempre al mismo ritmo, el andar de prisa va en nosotros, ya que le hacemos trampa a la vida creyendo poseerlo todo de acuerdo a nuestros deseos y, avanzamos como caballos desbocados. Cuán equivocados estamos.

Nuestro andar debe ser pensado, porque en ese tránsito podemos hallarnos con sorpresas desviándose el rumbo de nuestro caminar. La vía es impredecible y si vamos de prisa como usualmente lo hacemos, podemos sufrir accidentes, las sorpresas van y vienen, las respuestas a ellas, las desconocemos.

La seguridad en nosotros y nuestras reacciones es tal, que damos por contado saber capotearlas, pero, al enfrentarnos a una situación, a un imprevisto, comprendemos que aún la pieza más fina, logra desvencijarse, maltratarse. En ese caso, la reacción, una sorpresa, propia de nuestra condición.

En este recorrido, hay fronteras que obviamos y deben tenerse muy presentes, para lograr ese equilibrio en las manecillas de nuestro reloj: Los instintos, los reflejos, las respuestas ante circunstancias a las que nos expone ese caminar, todo ello unido a la manera en que responden los sentidos. En este contexto vale la pena tener presente que, las edificaciones no están diseñadas para evitar accidentes; los conjuntos residenciales, tampoco. Las avenidas ofrecen riesgos; las aceras, los parqueaderos, las escaleras eléctricas, los ascensores, la calle, los supermercados, todo. Entonces, ese devenir nos compromete a estar alertas ante lo que nos brindan estos espacios y avanzar con sigilo.

Usualmente nos enfrentamos a senderos que se transitan con parsimonia, el problema es que en muchas ocasiones lo hacemos solos y cuando tenemos compañía, llegamos a imaginar que basta con estar ahí, sin comprender que más allá de serlo, necesitamos “sentir la presencia de ese alguien al lado; no adelante ni atrás; ahí, al lado, para responderle a la situación”.

Son las exigencias de la vida, porque si algún miembro del cuerpo no responde correctamente, quien me acompaña lo vislumbra y puede actuar. En el caso de las personas de la tercera edad como los abuelos, quienes vamos perdiendo en todos los aspectos: el tiempo se acelera, un minuto se convierte en un segundo y este en una vida que se puede apagar.

Nuestro andar es torpe, la mirada pierde agudeza, los oídos también, las respuestas ante estímulos son muy lentas, tan lentas que terminan siendo graves.

Son procesos biológicos normales y a pesar de la entereza, de la actitud para enfrentar el paso del tiempo, hay momentos en los que se termina o agota nuestra independencia y nos volvemos un tanto dependientes. Es lamentable dicha pérdida, pero, va atada a lo cíclico. Y aunque en ocasiones nos rebelemos ante lo inmutable, esta es una realidad para la que debemos estar preparados. La vida es un instante. Es escurridiza.

Sabemos que nuestro engranaje está diseñado para dar salida a ciertas adversidades, pero, cuando no pisamos sobre terreno firme, esta edificación sufre irremediablemente averías que podrían terminar en tragedia.

Acá no importa el diseño de ese reloj, ni su material, por más fino que parezca, es sólo un espejismo. Lo único cierto es que cada segundo viene acompañado de relatos, de anécdotas, de vivencias y que aún no hemos logrado descifrarlo. Por ello, debemos repensarnos, ser mesurados en cada decisión (lo incluye todo), reconociendo cada etapa como estaciones que traen consigo muchos escenarios y acompañados de grandes aprendizajes.

El tiempo va a su ritmo, no al nuestro, pero, le imponemos prisa.

Es el momento de detener el reloj, mirarlo sin cuerda, comprender que en ese acto donde el péndulo no actúa, podré voltear la página para escribir una nueva, donde todos seamos presentes, vitales, alegres; es decir, crear paisajes ávidos de compañía, con pequeñas dosis de ese tiempo, porque siempre habrá tiempo para cumplirle a todo y lo más gratificante de esta realidad es que al final de esas 24 horas, podremos sentirnos a gusto.

Cada fracción de tiempo es una realidad tangible; cada segundo, incalculable; cada hora, vida.

“El tiempo es tu vida. Por eso el mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo”

                                                                                     Rick Warren

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