viernes, marzo 27, 2026

LAS PROCESIONES QUE NOS ENSEÑARON A CAMINAR DESPACIO.

OpiniónCulturaLAS PROCESIONES QUE NOS ENSEÑARON A CAMINAR DESPACIO.

Hubo un tiempo en Pereira en que la ciudad sabía detenerse.

No porque lo ordenara un decreto, ni porque lo dijera la policía, ni porque estuviera de moda hablar de bienestar emocional. Se detenía porque llegaba la Semana Santa y, casi sin que nadie lo anunciara, todos entendíamos que había que bajar la voz, caminar más despacio y mirar el reloj cuando se acercaban las tres de la tarde o las 7 de la noche.

A esa hora empezaban las procesiones.

No importaba si uno era muy creyente, poco creyente o nada creyente. La costumbre era salir. Las calles del centro se llenaban de gente caminando en silencio, con respeto, como si la ciudad completa estuviera participando en algo más grande que cada uno. La Catedral, San José, La Valvanera, Los Dolores, San Antonio… cada templo tenía su recorrido, su imagen, su grupo de fieles, y también sus curiosos, sus niños y sus familias enteras que no se perdían el ritual.

Y estaban los encapuchados.

Para los más jóvenes de hoy puede sonar extraño, pero durante años fue normal ver penitentes con túnicas largas y capirotes que les cubrían el rostro, caminando despacio, cargando cruces o cadenas, en silencio absoluto. Era una tradición heredada de España, de las antiguas cofradías de Semana Santa, donde el anonimato simbolizaba penitencia y humildad. No era un espectáculo. No era un disfraz. Era parte de una forma de vivir la fe y de vivir la ciudad.

Hoy Pereira es más grande, más rápida, más moderna.

Y también más distraída.

Las procesiones siguen existiendo, pero ya no paralizan la ciudad. Muchos ni siquiera saben a qué hora salen. Otros pasan por el lado mirando el celular. Algunos creen que son costumbres de otra época, como si las ciudades pudieran crecer sin memoria y sin rituales.

Tal vez ese sea el verdadero cambio.

Antes la Semana Santa no era solo un asunto religioso, era un momento en que la ciudad entera se ponía de acuerdo para ir más despacio. Para pensar. Para acompañar. Para recordar. Para ponernos solemnes e incluso, recuerdo, “estrenar pinta” en Semana Santa.

Hoy hablamos mucho de estrés, de ansiedad, de salud mental, de la necesidad de desconectarnos.
Y sin darnos cuenta, dejamos perder una de las pocas tradiciones que nos obligaban, al menos por unos días, a bajar el ritmo.

No se trata de volver al pasado ni de obligar a nadie a creer. Cada quien es dueño de sus creencias y su fe.

Se trata de entender que las ciudades también se construyen con símbolos, con silencios y con costumbres compartidas.

Porque hubo una época en que, a las tres de la tarde, o las 7 de la noche, Pereira salía a la calle no para correr, sino para caminar despacio.

Y tal vez por eso, sin saberlo, nos sentíamos un poco más ciudad. Ir a las procesiones de la catedral en la noche no es un juego, es ser parte de un todo en comunidad: la Pereira ritual y espiritual. Muy difícil desconectarse unas horas, unos días y “bajar el ritmo”…

¿Ud. qué opina?. Los leo.

Los penitentes España con sus túnicas y capirotes.

Fernando Sánchez Prada

Comunicador y columnista

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos