“Como las ramas de un árbol crecemos en direcciones diferentes, pero nuestras raíces siguen siendo las mismas”.
Está comenzando el 2026 y pareciera que la vida me invitara a repensarme.
Muchos, planeamos nuestra vida casi que milimétricamente, sin embargo, más allá de esos anhelos, se presentan situaciones inesperadas que cambian por completo el rumbo de nuestros planes. Los asumimos, es como si estuviesen ya programados.
Es el libro llamado VIDA, aquel en el que vamos escribiendo historias cotidianas, sin la rigurosidad que demanda la escritura, pero, es libro. Por tanto, cuando se nos presenta la posibilidad de interpretarlo, los aprendizajes no se hacen esperar. Al menos he podido leerme y leer alrededor de mi historia y la de otros que encontré en ese recorrido, así que, sin lograr cumplir con los planes diseñados, me dispuse a realizar un viaje por la vida y asignarme tareas que me sustrajeron de la rutina, que me aislaron de mis dolencias de salud, para mostrarme que podemos ser fuerza ante las debilidades del día a día y que más allá de expresar un te quiero, ese sentimiento hay que hacerlo vivo, manifestarlo siempre, sin reservas y con hechos. Por ello, dejo constancia de 27 días de aprendizaje.
Hoy me dediqué a visualizar su brillo, era este el momento, no otro. Durante años, se dedicó a iluminar siendo faro y luz en mi vida, en la vida de otros. Supo intuir el dolor a través de su alma transparente ajena a la mezquindad del ser humano, pero, con los afanes del día a día y su entrega desmedida se apaga, sin prisas, como todo lo que ha tejido a lo largo de su existencia, porque sabe que debe permanecer anclada a nuestras vidas para continuar siendo el pilar, sin importar cómo, sólo permanece serena, lúcida, con la placidez que se logra cuando el espíritu convive en armonía. Entre tanto, se desvanece, pero, lucha, con el tiempo, con su entrega, con sus apegos.
Puedo percibir que, a pesar de sus luchas, conoce la fragilidad quebrándose en mil pedazos, su tallo perdió frondosidad con el tiempo, hoy sólo es una rama diminuta, ya no se sostiene como cuando gestó vida, ahora ella misma la transforma.
Hoy la visualizo totalmente en el lecho donde durante muchos días libra batallas, anhelando ganarlas. No desiste, persiste, a pesar del cansancio de su cuerpo y del dolor que enfrenta cada vez que sus venas son invadidas por cuerpos extraños, pero, necesarios para recuperar su vitalidad.
Vuelvo al pasado, me detengo en ese árbol que hoy desgastado por el paso del tiempo, permaneció erguido, gracias al terreno donde fue plantado. Sus hojas, opacas continúan atadas a él, mostrando esa conexión con lo puro, lo suyo, su familia, los frutos que dio esa tierra.
No obstante, empieza a marchitarse, su piel se rompe con facilidad y se lacera, le duele y causa dolor, pero… es papiro guardando historias otrora narradas y hoy replicadas, aunque inexactas…es el tiempo, lo cíclico, pero, también lo químico. Es el resultado de la sedación farmacológica que intenta borrarle lo valioso para todos, sus historias, aquellas que le dieron vida y que conserva aún en su maravillosa memoria.
Observo su piel marchita cual hoja que azota el viento y que se niega a perder brillo, porque comprende que, aunque la clorofila quiera abandonarla opacándola, aún lo conserva ya que los frutos de sus entrañas renuevan la esperanza y caminan con los recuerdos de esas historias tejidas con sentimiento.
Es árbol, dador de vida. Ninguna brisa logró doblegarlo. Su rigidez alcanzó límites insospechados, cruzó valles, cordilleras, diversas rutas para cumplir citas con el destino.
Los cuatro puntos cardinales cuentan su historia. Aquellos viajes realizados más que por placer, fueron el producto de su entrega, de amor.
Ninguna tempestad lo azota, porque su implacable fuerza lo hace merecedor al título de guerrero de la vida, y aunque el tiempo pareciera arrancarlo de raíz, da la batalla.
Es mi árbol, nuestro árbol familiar, aquel que nos cobijó con su amplio ramaje para hacer de nosotros, imitadores de su esencia. Es árbol “MAMÁ” y seguirá plantado para continuar siendo luz en cada alborada, durante el día, también sombra que apacigüe las noches aciagas.
Sobre él continuaremos recostando el cansancio de cada día y sentiremos que, no hay temores, inseguridades, miedos, sólo la certeza de ser terreno fértil para robustecer la vida de otros.


