El recién elegido papa León XIV firmó decreto para beatificar a monja colombiana Inés Arango Velásquez ¿Quién fue ella? En elopinadero.com del 10 de junio del 2022,
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Mis viejos recortes de prensa, me permitieron conocer estas historias, tres eventos que se entrelazan y muestran las sorprendentes vueltas que pueden dar nuestras vidas por el mundo.
Enrique Caballero Escovar nació y falleció en Bogotá -5 de diciembre de 1910, 23 de octubre de 1994- fue un polifacético intelectual; bachiller del Gimnasio Moderno de Bogotá en 1928, Economista, ensayista, historiador, dibujante y abogado de la Universidad Externado de Colombia especializado en finanzas y derecho administrativo en Francia. Ocupó varios cargos públicos: Senador de la República en representación de Cundinamarca, embajador en Brasil, Francia e Italia. Miembro de la Academia Colombiana de Historia; escritor de varias obras literarias: Incienso y pólvora; Comuneros y precursores; América: una equivocación; Relatos de tierra fría; Se vende un camino y otros cuentos, que son recuentos de retratos y anécdotas ingeniosas.
En el primer recorte, luego de su muerte, “El Tiempo” publicó uno de sus relatos titulado “El humanista ateo” en “Lecturas Dominicales”, Noviembre 6 de 1994, páginas 11 y 12; cuenta de un viaje suyo a las plantaciones de caucho en Brasil, recuerda que en la primera guerra mundial este producto le había proporcionado a ese país una corriente de dólares y libras esterlinas, que originó una “enloquecida bonanza” a tal punto que en plena selva, en Manaos se construyó un fabuloso teatro, revestido con mármol italiano, donde actuaron compañías de ópera famosas en escenarios europeos; años maravillosos cuando refulgían las joyas y corrían chorros de champaña.
Caballero rememora una de las historias de despojo de sus riquezas naturales a los países latinoamericanos, de las que solo quedaron recuerdos: caso de la quina y el caucho. Esa época de oro pasó cuando las semillas de caucho: “llevadas clandestinamente por dos padres misioneros en sus bastones, fueron sembradas en Java, que podía vender el látex a menos precio. Y cuando se descubrió el caucho sintético”; continúa diciendo el autor “Pero las plantaciones resurgieron y fueron ampliadas durante los mandatos presidenciales de los generales Castelo Branco y Costa e Silva”; luego añade:” Bajo la fronda coronada de árboles tistes, de árboles que parecen esclavizados, la selva da la impresión de estar enferma. No deja pasar la luz del día. Gotean las hojas de los siringales y gotean, también, una baba blanca en unos recipientes atados a los troncos con cadenas. La naturaleza parece tener fiebre y sudar. Sudar constantemente y llorar en silencio. No conozco paisaje más desolado y deprimente”.
Resalta Caballero la navegación por los grandes ríos de la región, incluido el mismo Amazonas, a los que describe como: “anchas tiras de cielo que se deslizan bajo los árboles en donde chillan alegremente los micos”, en esa ocasión viajaba en un navío holandés y, coincidió con Benito Moraes Dantas, antiguo rector de la Universidad de Sao Paulo, un humanista muy ilustrado y autor “de un erudito tratado contra todas y cada una de las religiones. El libro de un feroz ateo contra Dios, su enemigo personal”; tuvo que recoger su escrito “Libertade do espirito” por la persecución de la iglesia.
El segundo de los recortes, corresponde a un artículo publicado por “El Tiempo”, Jueves 17 de Agosto de 2006, página 1-5 titulado “los indígenas guerreros del Amazonas. El último ataque de los Tagaeris”, que informa del ataque de esta tribu a dos leñadores en la Amazonía ecuatoriana, a orillas del río Napo, ocurrido el miércoles 12 de abril, cuando los leñadores laboraban sin permiso, buscando cedros y caobas. en el sector de Coconaco, cerca del río Chiripuno, 92 kilómetros al sur de Orellana.
Por el tipo de flechas usadas, los médicos supieron que se trataba de otro ataque de los Tagaeris, tribu guerrera que se mueve entre Ecuador y Perú y que, desde hace más de 40 años (para la fecha del escrito) se enfrentaban a quienes pasaran por sus territorios “Los Tagaeris, cuenta el antropólogo Marcelo Córdoba, hacían parte delos Huaoranis, la familia lingüística indígena que duró más tiempo en Ecuador en ser contactada por el “mundo blanco”; hasta el siglo pasado estos se caracterizaban por tener unos grandes orificios en sus lóbuillos auriculares y usar cabello largo, entraron en contacto con misioneros capuchinos que los evangelizaron, “La mayoría de los Huaoranis aceptaron el proceso de evangelización, se asentaron en puntos fijos permitiendo el ingreso a su territorio de las compañías petroleras, pero uno de sus clanes, al mando del jefe “Taga” se rehusó al contacto y se perdió en la selva. Por eso, se conocen como los “no contactados” comento Córdoba.
“Desde entonces son una leyenda y los comenzaron a llamar los “patas coloradas” o Tagaeris, que significa: “los hombres de Taga”. Se calcula que son unos 200 que siguen siendo nómadas, y usan sus largas flechas no solo para cazar micos sino para enfrentarse a sus enemigos”. De ellos no hay fotografías, se mueven rápido en la selva, son casi invisibles y conocidos por los relatos de los Huaoranis.
Los ataques de los Tagaeris no cesarán, pues cada día son más los que hacen presencia en sus territorio, colonos, taladores y compañías petroleras, incluso se enfrentan con su antigua familia, los Huaoranis, porque algunos de ellos hacían negocios con los madereros y les permitían entrar a sus territorios. Respecto a los dos leñadores víctimas del ataque, uno de ellos recibió heridas de lanza de poca gravedad y, el otro tres lanzazos, una de las lanzas le atravesó el pecho sin entrar en sus pulmones o corazón, fue remitido en avión a Quito para hacerle cirugía, de la que salió bien, muriendo poco después a causa de una infección
El Domingo 21 de Enero de 2007 “El Tiempo” publicó el artículo: “La historia de la monja que mataron los Tagaeris” de Luis Alberto Miño, se conmemoraban 20 años de la muerte de la hermana Inés, monja de la congregación de las terciarias capuchinas, ocurrida el 21 de Julio de 1987, en Francisco de Orellana, un pueblo metido en el Amazonas ecuatoriano; una religiosa colombiana que buscaban canonizar por esos días. En esa ocasión los ya nombrados indígenas, también asesinaron a lanzazos al obispo español Alejandro Labaka, luego que ambos religiosos intentaran contactarlos como habían hecho en el pasado con los Huaoranis, la otra parte de la referida tribu, también guerrera, que no hablaba español, y que los hizo desnudar como ellos la primera vez que se vieron. “Pasábamos hasta dos semanas con ellos. Con el tiempo nos invitaban a comer, nos enseñaron su lengua y nosotros les enseñamos español, recuerda la hermana Laura Fernández, otra religiosa colombiana, que vivía con ella”.
Según el señor Miño: Una indígena tagaeri, que capturaron después los huaoranis, contó que los jóvenes de la tribu recibieron a monseñor e Inés, los invitaron a comer, pero cuando los mayores llegaron de cazar ordenaron matarlos, pues los petroleros le habían matado días antes a Taga, su líder en un río y pensaron que eran de ellos, recuerda la hermana Cecilia”; quién conserva una de las lanzas que le quitó la vida a su hermana. El proceso de canonización de la hermana Inés y el obispo como mártires de la iglesia había empezado el 21 de Julio de 1996, y en ese entonces eran “siervos de Dios”.
En la charla entre Enrique Caballero y el señor Moraes Dantas (artículo del 6 de Noviembre ya reseñado) , este último al enterarse de la nacionalidad de Caballero, le contó que en sus andanzas por la selva en una comisión del senado brasileño, preocupado por la salud de esas comunidades alejadas, afectadas especialmente por lepra, había llegado hasta una embarcación humilde, especie de hospital flotante, más bien de leprocomio, donde había conocido a una compatriota de Caballero, que se encargaba de curar a los enfermos, el señor Moraes le confesó que en presencia de la monja exclamó: “¡Yo no sería capaz de hacer eso por todas las riquezas de la tierra!”, y que con dulzura y una sonrisa de compasión, ella respondió: “Ni yo tampoco senador, esto solo puede hacerse por amor a Dios”; el señor Moraes prosiguió: “Pues bien, esa monjita colombiana, esa hermanita antioqueña, pudo más que la iglesia, que combatía mi libro sin piedad. Recogí la edición porque me dije: “Sí Dios no existiera, ¿sería la humanidad capaz de tamaño heroísmo y tanta abnegación? ¿Quién cuidaría, con esa ternura maternal, a los desechos nauseabundos de la sociedad?
Caballero Escovar termina contando que, así vino a saber que aquella monjita atravesada como un San Sebastián por las lanzas indígenas era su prima tercera, “Dulce mártir que hizo sin proponérselo semejante milagro”.
Danilo Salazar Ríos.



Buen día Danilo. Felicitaciones por este gran trabajo investigativo.
Respecto al escrito, el gran ser humano como lo fue la hermana Inés Arango Velásquez es un modelo de admiración y de imitación, de ahí el ser beatificada es orgullo para Colombia y el mundo porque personas así realzan la importancia de hacer el bien a cualquier precio y es verdad , cuando se dice que hay cosas que el dinero no puede hacer o hay cosas que se pueden hacer si se recibe dinero , la hermana Inés Arango Velásquez demostró todo lo contrario, ya que ella estaba en otro plano, en otra esfera y en otra dimensión de la vida, la cual fue hacer el bien a cualquier precio sin importar lo demás, incluyendo su propia vida.
Lo hecho por la hermana es de una descomunal humanidad y por ende ha recibido el premio y el reconocimiento del papa León XIV, pero el final es trágico, lo cual deja una enseñanza de vida y es la siguiente : Cuando uno sabe que es importante para muchas personas, ya no se es una persona del común, ya se convierte en un personaje y al serlo se deben tomar medidas de seguridad en todo sentido, para perdurarle al colectivo al cual se debe y es innegable que el estar cerca de la candela, la probabilidad de quemarse es alta, hecho lamentable e inmerecido para una persona de semejante talante y amor por la humanidad.
Confianza en Dios, confiado en Dios, hacer el bien como máxima de vida pero sin negar las amanezas, riesgos y vulnerabilidad de la naturaleza humana y del lugar donde se encuentre nos hace coherentemente Cristianos al valorar y cuidar por encima de todo ese regalo tan hermoso como es la vida.
Muchas gracias Danilo, un gran texto con un final triste e inmerecido pero real.
Siga escribiendo Danilo.
Feliz día le deseo Danilo y estaré atento del próximo escrito. Gracias por el espacio para opinar.
Mil gracias a UD apreciado Isdaen por tomarse tiempo para comentar mis escritos. Es cierto que una persona como.sor Inés Arango resalta en medio de los demás mortales. Mil gracias por compartirnos su sensibilidad y su visión sobre estás personas tan especiales. Mil saludos y bendiciones.