Los colombianos acudieron masivamente al llamado del presidente de la República a manifestarse por el Día del Trabajador y, de paso, salieron a respaldar tanto las reformas del Gobierno del Cambio como a hacer prevalecer su voluntad soberana, la cual el Congreso, dominado por la corrupción de la oposición, pretende sabotear.
En ese sentido, el Gobierno de Gustavo Petro fue de talante coloquial, pero lo suficientemente claro cuando, frente a la espada de Simón Bolívar, reafirmó la autoridad suprema del pueblo soberano, ratificada en la Constitución Nacional, por encima de los intereses de los sectores más retardatarios del país.
La presencia del ciudadano de pie en las principales plazas del país, como nunca antes se había visto en toda la historia colombiana, constituye un mensaje contundente en favor ya no sólo de la Reforma Laboral, sino de la totalidad del paquete de medidas impulsado por Petro para el paulatino mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos.
En cuanto a la salvaje oposición al actual Gobierno, debería saber interpretar este hecho político, aunque sea para sus adentros, porque ya no lucha de forma animosa para derribar a un hombre, un partido o una ideología, sino contra el pueblo, consciente de sus derechos, decidido a hacerlos prevalecer frente a intereses mezquinos.
Ganó Colombia
Frente a la Plaza Bolívar de Bogotá, el primer mandatario apeló al pragmatismo, a la persuasión. Hizo un discurso pedagógico, señalando la necesidad de acatar demandas sociales de la talla del recargo nocturno, la no tercerización del empleo y la legalización del trabajo rural. No le hizo falta insultar, desacreditar ni responder con la violencia utilizada por los mismos opositores que hoy hablan de falta de democracia. Le bastó con la fuerza irrefutable de la razón.
Tampoco precisó llamar a la militancia a retirar “el curioso” luto puesto sobre el Congreso, so pretexto de protegerlo de presuntos efectos colaterales durante la nutrida manifestación. En todo caso, apeló a la máxima autoridad del recinto a quitarlo, en procura de evitar que los congresistas sigan distanciándose de la gente del común, invisibilizándola, dándole la espalda, pretendiendo desconocer el clamor de la Colombia profunda: la verdadera ganadora de la jornada.
Sí llamó a la concurrencia a revocar el mandato de quienes, en plena democracia, no contentos con haber hundido las reformas a cambio de espurios dineros, ahora pretenden hundir la consulta para impedir que el pueblo elija si desea volver a los falsos positivos, a la guerra, al terrorismo de Estado y la corrupción, o si prefiere ratificar el modelo triunfante en las presidenciales de 2022.
Lleno total
Aunque la desinformación mediática prepaga insista en ningunear lo obvio, las cámaras fotográficas y de vídeo resultan incapaces de faltar a la verdad —aunque a veces tengan por detrás a genuinos mentirosos—: las plazas de veinte municipios se vieron abarrotadas, y esto se traducirá en un número proporcional de votos en la consulta.
El presidente Petro no está aislado. Desmintió la posibilidad de reelegirse al cargo, a pesar de contar con el apoyo sin filtro de la auténtica mayoría. No hay peor ciego que aquel empeñado en rehusarse a admitir los hechos. Desde luego, no está en danza el nombre de candidato político alguno. En todo caso, lo que está en juego es el derecho de la gente a ser verdaderamente libre, dentro del marco de una democracia real que le permita acceder a sus derechos inalienables: trabajo, salud, educación, salarios justos; pensiones dignas para quienes dieron el mejor esfuerzo por construir la grandeza nacional, acceso a la tierra, aseguramiento definitivo del bienestar general.
Petro brinda la posibilidad de hacerlo realidad, elevando las banderas de Bolívar, Melo, Gaitán, López Pumarejo, Rojas Pinilla, Galán o Pizarro, por citar algunos de los prohombres de la historia. ¿El uribismo?, ¿la derecha? Son quienes pretenden negarlo, para mantener vivo un régimen de privilegios a expensas de más del noventa por ciento de la población, obligada a trabajar a cambio de un sueldo muchas veces irrisorio, con una calidad de vida paupérrima, y que tiene derecho a escoger, al menos, si desea lo contrario o continuar de rodillas.
Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI*
*Escritor, poeta, letrista, actor, dramaturgo y cantautor, director general de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA y de suplemento de artes, ARCÓN CULTURAL



Respetado Columnista:
Puntuales, claras conclusiones en relación con el ideario político del Progresismo
Bien, distante del ejercicio político de la clase política tradicional, su fin último es mantenerse en el poder con mecanismos de : engaños, atropello a los derechos sociales, económicos, agrarios y demás
Intereses que satisfacen los intereses: personales, de dinastías políticas, clanes etc.
El ideario político progresista apunta al bienestar social, la cercana del Presidente y su gabinete ministerial, y demás componentes al pueblo, visibilizar sus necesidades .
El ejercicio político de partidos tradicionales es escaso en argumentos ( por no decir que ausentes), se pronuncian con violencia: gestual, verbal y de hecho.
El ejercicio político del Presidente Gustavo Petro:con conocimiento de país a todo nivel, de política internacional, de historia local, nacional, internacional.
Y sus seguidores, leen, debaten, argumentan( ejemplo en las entrevistas por parte de los medios en las marchas) en los espacios de parques, universidades, empresas, chorrillos
Diferencias grandes y profundas.
La masiva asistencia de colombianos al llamado del presidente Petro demuestra un claro respaldo a las reformas propuestas y envía un mensaje contundente a la oposición sobre la voluntad del pueblo de impulsar el cambio.