miércoles, febrero 4, 2026

MAYRA, MAYTE Y LAS CIFRAS QUE NO DEBERÍAN EXISTIR

OpiniónActualidadMAYRA, MAYTE Y LAS CIFRAS QUE NO DEBERÍAN EXISTIR

Mayra nació en un pequeño pueblo del Caribe colombiano, donde el sol pega fuerte, pero las sombras humanas a veces golpean más duro. A los 14 años —cuando apenas debería importar la escuela, las risas, la bicicleta y el uniforme— su vida se torció por culpa de un padrastro que confundió autoridad con abuso. Era una niña intentando abrirse paso en un mundo que le enseñó demasiado temprano que no todos los adultos protegen.

Años después, en el colegio, Mayra creyó encontrar alivio en el primer amor adolescente. Su novio le decía que estaba “desgarbada”, que era “muy grande” para su edad, que debía “agradecerle” que estuviera con ella. Tenía 16 años y ya sentía que debía pedir perdón por existir. No entendía —porque nadie se lo explicó— que eso también era violencia.

Pero la vida, testaruda como es, la llevó lejos. A los 27 años llegó a una gran ciudad costera, y ahí brilló. La belleza de Mayra no era solo física: tenía una inteligencia inusual, una habilidad casi natural para los negocios, una intuición que desarmaba a cualquiera. Pronto se convirtió en una mujer reconocida en su sector; una mujer hecha a pulso.

Fue entonces cuando conoció al heredero de una fortuna local. Educado, encantador, halagador. El tipo de hombre que hace creer que la vida, finalmente, se ordenó. La exhibía como un trofeo, sí, pero también como alguien de quien estaba profundamente enamorado… o al menos eso pensaba ella. Hasta que la puerta se cerraba y todo cambiaba.

La maltrataba en lo físico y en lo verbal, en lo emocional y en lo profundo. Un día, sin razón, le anunció que su nombre ya no sería Mayra: ahora sería “Mayte”, como una estrella famosa de la música, que él admiraba. Era su forma de borrarla, de moldearla, de apropiarse de ella.

Ella nunca denunció. Como miles de mujeres en Colombia y en el mundo.

Hasta que una noche, en uno de esos episodios que no necesitan ser descritos para ser comprendidos, Mayra entendió que huir era la única salida. Empacó lo que pudo, tomó lo que quedaba de sí misma y escapó. Hoy vive en otro país, intentando sanar las heridas menos visibles: las del alma, las de una vida que casi le arrebataron.

La historia de Mayra podría ser ficción, pero todos sabemos que no lo es. Es la historia de miles. Y por eso este 25 de noviembre se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y se ha dicho que deberíamos mirar de frente las cifras que duelen.

Lo que dicen las cifras y los estudios es una clara ratificación de esta historia, y por desgracia Colombia ocupa un lugar que no es para nada honroso entre los países con mayor violencia contra la mujer. El grafico que sigue, tomado del artículo de Statista, lo ratifica:

Tomado https://www.statista.com/chart/31858/georgetown-institute-women-peace-and-security-index/

 

El último índice de Mujeres, Paz y Seguridad del Georgetown Institute, citado por Statista, revela que Colombia obtiene una puntuación preocupante en indicadores de seguridad y bienestar para las mujeres. Las mediciones muestran que nuestro país sigue ubicado entre los lugares donde la violencia —en sus distintas formas— continúa siendo cotidiana, silenciosa y muchas veces normalizada.

Lo dice la estadística. Lo confirma nuestra realidad diaria. Lo gritan historias como la de Mayra.

Hoy, más que indignarnos por un día, deberíamos asumir un compromiso permanente: proteger, creer, escuchar, acompañar y respetar a todas las mujeres que, como Mayra, han tenido que sobrevivir callando.

 Porque nuestros abuelos lo decían de manera sencilla, y no por cursis sino por sabios:

“A una mujer se la cuida como al pétalo de una rosa.”

 

 

Fernando Sánchez Prada

Comunicador y Columnista

8 COMENTARIOS

  1. Es una historia conmovedora pero cotidiana, para muchas mujeres la violencia es el pan de cada día. Ayer estaba en mi sesión de fisioterapia y una mujer de aspecto humilde me contaba que su marido le pegaba todos los días, hasta que un día le agarró los testículos con tanta fuerza que el tipo se enfermó. Lo cierto es que no le volvió a pegar. Una anécdota más, de esas que son conversación cotidiana entre las mujeres y que no salen por los noticieros. Se quedan al interior de las viviendas.

  2. Buen día Don Fernando. Un gran escrito y una gran denuncia.

    El tema de las mujeres violentadas es una realidad plasmada en las estadísticas y luego de saberlo, qué hacer ?.

    Todo esto se traduce en la falta de capacidad de diálogo entre el agredido y el agresor. En lo personal deben haber medidas fuertes contra los hombres en estos casos para que no lo vuelva hacer o si tiene ganas de reaccionar de manera agresiva, además, el hombre debe aislarse de esas fuentes que provocan agresión , porque no se puede negar que también hay mujeres agresivas, vulgares y otras cosas más pero no es excusa para la agresión pero si es excusa para «abrirse del parche » y me disculpan la frase pero es muy ilustrativa.

    Respeto a las mujeres y autocuidado con aquellas damitas que son muy groseras .

    Feliz día

    • La violencia viene de todas partes . Es cierto. Y las fuentes de violencia son múltiples pero todos deberíamos alejarnos de ellas y ser una sociedad más tolerante y llena de verdadero amor por el prójimo .

  3. Don Fernando: muy bien por recordarnos esas realidades cotidianas de un pais que abusa mujeres, niños, personas humildes y en general de humildes y desprotegidos. Vale la pena insistir en recordar la fecha del 25 de noviembre para volver a poner en nuestra sensibilidad ciudadana la imperiosa necesidad de no maltratar ni violentar a ningun ser vivo, por ningun motivo o excusa, y sin ninguna justificacion. Solo un cobarde es capaz de violentar a un ser indefenso. Mil saludos y bendiciones.

  4. Si, estimada Consuelo. Podríamos contar cientos de historias pero lo que debemos es sembrar en las nuevas generaciones el respeto del uno por el otro y el amor por el prójimo.

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