Realizaba una terapia para desbloquear mi hálito creativo, mi impulso literario. En los parámetros de esa semana, no podía leer ni una palabra, según la autora de esta aventura, “Julia Camerón, El camino del artista”: Hay que hacer ayunos, pausas, “porque leer también es una adicción”. Visité una exposición en la biblioteca del Banco de la República, lo curioso, si es que ha de serlo, al no detenerme en lo escrito, fotografíe la imagen de una mujer con su gato. Me conecté con su pelo desordenado, su vestido desangelado, la luz intensa que se filtraba por el techo hasta su cabeza, tubos, butacas, jaulas, turbinas, hierros retorcidos. .
Una amiga entrañable, me envío un enlace, que también debí posponer. Hago mi vida, “la vida que se encoge o se expande en proporción al coraje que se tenga” (Anais Nin). El esplendor del amanecer me sorprende con una montaña que al mezclarse con la distancia, la neblina, el horizonte del cielo parece un insondable valle. La danza de la cotidianidad: fregar los platos, cocinar, tender la cama, ir al mercado, inventar una receta, dictar clases, caminar, cuidar de mi perra vieja y enferma, hacer ejercicio, hablar por teléfono. ¡Exaltar la creatividad¡ Las manos en la tierra, las manos para recoger flores, las manos en el agua, manos para acariciar, manos para sanar. La lluvia, el sol, el viento, el silencio, la música, un grito allí, una lagartija, un ladrido, una mariposa. La contemplación. De lejos alguien hurga la tierra. Juego a pintar rostros, hago un collage, involucro la foto, al igual que la de una gatica desterritorializada, que irrumpe misteriosamente en mi vida.
Era de la granja vecina, donde hay una guardería canina, y gatos y gallos y gallinas. La dueña apasionada y muy compulsiva, (dicho por ella) con su labor, todas los días llama: Brenda, Mechas, Antonio, Pedro, Regan, Alfonso, Canela, Viejo, Tocineta. Una lora replica el palabreo, a veces no logro identificar quien pronuncia primero. Pero Tocineta huye de aquel lugar, al parecer por el estrés que le producen sus variopintos acompañantes de habitáculo. Frágil, estámbrica, ceremoniosa, dueña de su nuevo reino.
Mis pupilos con capacidades especiales sermonean sobre su desafortunado nombre. Por favor, profe. Tocineta no. Llamémosla Azul, Celeste, Luna, Zéfira, Ámbar. Si, de acuerdo
Después de ese interregno me dispuse a ver el mensaje de mi querida amiga, que siempre envía material de gran interés. Se trata de un podcast de la escritora Carolina Sanín, “Gabriel Vásquez y la prosa Prodigiosa”.
Detrás de esa pantalla alguien escucha. Ella interpela, comunica, desborda gestos, signos y silencios, mientras mueve sus manos, se las pasa por la cabeza, de repente parece rascarse la espalda, sonríe con su bonitura y encantamiento; desgrana palabras cargadas de argumentos resueltos como rocas. Una clase de literatura admirable, donde paso a paso plantea porqué la novela del señor Vásquez es como un sobrevuelo, un tour en termoking por París, una prosa mendaz, mediocre, deshonesta, perezosa, todo por encima, una estafa; exaltada por los medios de comunicación y por la industria editorial; donde percibe oportunismo, impostura, ausencia de desafíos y hasta misoginia. Podrían decir que esto es envidia dice la desfachatada crítica, con su exquisito manejo de la gramática, la sintaxis, el semanálisis; tan seductora, tan llena de atributos; no obstante siempre me había negado a acceder a sus “monólogos”. Para mí un monólogo era otra cosa. Tensión dramática, imprecación, danza, música, sangre, llamas de sangre, con corifeo incluído.
En mi segunda visita a la biblioteca, supe que aquella mujer, que había fotografiado para el collage, era Feliza Bursztyn, en su estudio, hoja de contactos 1970. Archivo fotográfico de Hernán Díaz, Y que el escritor en mención no se había detenido ni siquiera en su nombre, quien en su adolescencia decidió cambiarlo por Feliza con z. “Esa Z como un rayo, que convierte lo lizo en lo feliz…” y tampoco en su apellido Bursztyn, según él, muy difícil de pronunciar. Bursztyn – Versztyn la versión Polaca, qué significa ámbar, piedra quemada. ¡Ahí hubo más sorpresa!, pues así había renombrado a mi nueva e ilustre huésped.
Me emocionó la claridad, el apremio y arrojo de Carolina Sanín para desenmascarar la megalomanía del prestigioso escritor. Un verdadero banquete Diotimesco. Y además me sorprendió el azar.
Aleida Tabares Montes



Excelente pluma la suya, Aleida.
Me en canta leer y aprender de cada texto que rubrica.
Y el contexto motivante de ahora… cómo no encontrarlo correcto y certero.
Gracias por ello y por tanto.
Un texto profundamente reflexivo.
Siempre es grato leerla e imaginarla rodeada de montañas, ríos y cauces. Además de que siempre profesa el amor hacia esos seres que nos dan todo y acarician el alma. Gracias por compartir!!!