martes, febrero 3, 2026

Miscelánea:   A LA PATRIA LE CONVIENE QUE URIBE SEA INOCENTE  

OpiniónActualidadMiscelánea:   A LA PATRIA LE CONVIENE QUE URIBE SEA INOCENTE  

 

Para cuando salga la próxima Miscelánea, ya se habrá decidido la suerte judicial de Álvaro Uribe Vélez, encausado como presunto «determinador del concurso homogéneo sucesivo de tres delitos de soborno en actuación penal«, en un proceso que paradójicamente y en principio no era en contra suya, pero que luego se le devolvió como un boomerang filoso y envenenado.

Sobre el caso ya ha corrido mucha tinta y hay quiénes lo explican mejor que yo, pero se puede resumir en que el expresidente «se fue por lana y salió trasquilado», ya que, por hacer frente a un debate político que le promoviera el senador Iván Cepeda en 2014, por supuestos nexos con grupos paramilitares y narcotraficantes, terminó acusando a su opositor de buscar en las prisiones colombianas a antiguos paramilitares, con el propósito de que sirvieran como falsos testigos en su contra, en un proceso en el que finalmente Cepeda salió victorioso y luego del cual Uribe terminó en el banquillo de los acusados, donde hace ya más de seis meses, en la etapa de juicio, viene haciendo su propia defensa material.

La gran conclusión, a priori, es que nada de lo que está pasando ahora era necesario; era tan sencillo como que Uribe afrontara el debate de Cepeda como uno cualquiera de los tantos que se le hicieron y que fueron superados por su efecto teflón, así como les hizo frente a los casi 280 procesos que, se dice, le abrieron en todas las instancias de investigación, procuraduría, contraloría, fiscalía y demás, durante y luego de sus 8 años de gobierno, sin que ninguno de ellos llegara a ningún Pereira.

A mi modo de ver, en Uribe pudo más la arrogancia y el deseo de pasar invicto e inmaculado a la historia de este país que ya lo tenía por prócer desde el primer mandato como presidente, por sus buenos resultados en materia de seguridad con su política de «mano fuerte y corazón grande» y por el logro más significativo del pasado reciente de esta nación como lo fue poder volver a la finca y viajar por carretera, lo cual hoy por hoy suena extraño pero que fue muy cierto, en este país donde la guerrilla campeaba sin dios ni ley hasta en las goteras de las grandes ciudades. Recuerdo que los pereiranos ni a Viterbo podíamos ir.

Hasta ahí estuvo bien la cosa, incluso el segundo periodo como presidente aguantaba para consolidar su obra. Pero no, al «presidente eterno» le dio el ataque de vanidad de quienes se creen la encarnación del pueblo y buscó otra reelección con el articulito aquel, que además de no prosperar dejó mucha gente encartada y en la cárcel, generándole en lo sucesivo la antipatía de muchas personas, incluso de quienes, como yo, antes le copiaban.

Si a mí me preguntan lo que quiero, diré que es mi genuina aspiración que Uribe sea declarado inocente, por el bien y la tranquilidad de este país que no aguanta un florero más de Llorente, ni más pretextos para hacernos la guerra; diré que condenar al expresidente por la más pequeña e insignificante de sus posibles faltas no vale la pena; diré que es más útil y meritorio que el abuelo ahora si aprenda la lección y se retire, con sus carnes y sus huesitos, a disfrutar de sus tierras, de sus rentas, de sus caballos y de sus nietos. Lo demás, lo del Aro, Orión, el bloque Metro y Guacharacas, lo revelará el tiempo.

Tratando de expresarlo en otros términos, no tendría sentido que a Álvaro Uribe se le haya sindicado e investigado por 280 conductas graves y finalmente se le halle responsable por la más ínfima de todas, equivalente a saltarse una señal de pare; sería un trofeo muy pobre para las víctimas que reclaman la verdad y una muy costosa e inconveniente forma de justicia.

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