El panorama electoral para el 2026 no pinta nada fácil, pues más parece una competencia de egos que una disputa electoral en torno a propuestas y soluciones que el país espera, para alcanzar el cambio en la dirección del Estado. El sinnúmero de candidatos y partidos dan la medida exacta de su clase política, enfrascada en absurdos egoísmos, en donde solo tres de sus protagonistas tienen reales posibilidades de obtener el respaldo popular. De ahí que las alianzas y las estrategias serán cruciales en los próximos meses. Si bien la Misión de Observación Electoral (MOE) ha identificado serios riesgos llamando a fortalecer los mecanismos de control, las alertas sobre la transparencia del proceso electoral tensionan el de por sí enrarecido ambiente de inmensa incertidumbre. La calificación sobre la tarea del gobierno Petro, varía significativamente según la fuente y la perspectiva de cada encuestadora, reflejando sí una altísima desaprobación a su gestión, mediada por temas como la alarmante inseguridad y la desaforada corrupción, que hace que el latrocinio de hoy tape con creces el del día anterior, significando un severo lastre para la coalición gobernante. El voto anti Petro es una fuerza poderosa que podría consolidar el voto de centro y derecha para la segunda vuelta, razón para que Cepeda esté interesado en la creación de un frente amplio de izquierda y centro-izquierda, convencido de la necesidad de ampliar su base, más allá del petrismo puro. El porcentaje significativo de colombianos que creen que las cosas están empeorando llega al 72%, entre otras razones porque sienten demasiada angustia por el elevado deterioro del orden público, identificado por muchos como el principal problema a resolver, el cual muy seguramente no afecte al Pacto Histórico, cuyo voto leal y movilizado lo hace por la continuidad del proyecto político Petro. “La unidad por rechazo” que es el voto anti Petro es una realidad inocultable que hará que el centro ideológico abrazado por el 45% de compatriotas, termine en su inmensa mayoría apoyando a De la Espriella, y dando la espalda al tibio e indeciso de Fajardo, quien nuevamente se iría, una vez más, a ver ballenas. La percepción de un país mayoritariamente enemigo de la izquierda es real y se refleja en la alta desaprobación de Petro y el gran voto negativo hacia Cepeda. No obstante, lo complicado del actual proceso, en lo que tiene que ver con la mecánica política, no puede permitirnos dejar de lado el peligroso pacto firmado por el Gobierno con el Clan del Golfo, documento que establece zonas de ubicación temporal a partir del 1 de marzo de 2026, señalando municipios enteros de Córdoba, Antioquia, Bolívar y Chocó bajo su control, siete días antes de las elecciones parlamentarias el 8 de marzo, justo en el momento en que se requiere una férrea defensa de la democracia. El Clan del Golfo es hoy uno de los carteles más poderosos de la droga en el mundo. Lo suscrito en este pacto, tendrá unas consecuencias impredecibles hacia el futuro, siendo absolutamente antijurídico, por no ser, siquiera, un grupo rebelde sino una organización criminal a la que se le entrega toda la Costa Norte y Pacífica, comprometiéndose la seguridad electoral a una semana de las votaciones, en las que muy seguramente el tarjetón será empujado por los fusiles hacia las urnas.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com


