domingo, febrero 8, 2026

NECESITAMOS ROMPERNOS EN MINÚSCULOS PEDAZOS.

OpiniónLiteraturaNECESITAMOS ROMPERNOS EN MINÚSCULOS PEDAZOS.

“Para vivir una vida creativa, hay que perder el miedo a equivocarse”.

     Joseph Chilton Pearce

¿Cuáles suelen ser nuestras carencias? Una pregunta que vale la pena analizar con detalle.

Necesitamos rompernos en minúsculos pedazos, aunque algunas esquirlas al penetrar la piel, transformen.

Necesitamos caer para reincorporarnos y continuar sin tropiezos el camino.

Necesitamos perder para valorar esa capacidad infinita de recuperar nuestra inmensidad.

Necesitamos arriesgar para medir y calcular lo que conlleva cada decisión a priori.

Necesitamos…Simplemente eso. Hay variedad de carencias que, no han sido suplidas y se convierten en retos diarios.

Hoy meditaba un poco sobre los aprendizajes que se van logrando en nuestro andar y me dispuse a contemplarme desde diversas facetas, tal vez, invisibles en algún momento, pero, ya lo suficientemente vistosas para mi tranquilidad.

De cristal, estamos hechos, esto augura calidad, pero no evita la precipitación al abismo, lo que conlleva su fragmentación. Sin embargo, se restaura y ese deterioro sufrido es imperceptible ante el ojo humano. Hay huellas, pero, se cubrieron para dar nuevamente forma. Luce, se recupera. Es fino.

Durante la juventud cada paso que damos, va seguido de autoconfianza pese a las inseguridades que arrastramos, si sufrimos caídas, incorporarnos no tomará tiempo, porque el frenesí que llevamos dentro, nos impulsa; gozamos de un estado inmedible. Lo que no sucede con los años. La torpeza en cada movimiento es parte de ese recorrido ya hecho, que ha tomado tiempo, restándonos potencia, aun así y encontrando apoyo, nos ponemos en pie.

De otro lado, y de manera irónica, lo tenemos todo, pero, creemos no tenerlo, valoramos sólo lo superfluo y así transcurre el día desde que amanece hasta que cae la noche, sin ojear ese recorrido e incluso renegando, porque lo que se diseñó, no se logró en su totalidad. Queremos todo y aunque hayamos logrado una parte de él, no lo aceptamos. Insatisfacción. Humanidad.

La complejidad del ser humano es tal, que sólo cuando visualizamos el dolor o nos aproximamos a perder algo, el vigor y la capacidad para analizar esa travesía es incalculable, que nos enfrentamos a otro panorama y quizás al logro de una cuota de esa anhelada felicidad. Ahí perdemos la noción del tiempo para sumirnos en un letargo donde cada detalle cobra valor (detenemos ese tiempo). Qué ironía. ¿Por qué esperar situaciones adversas para potenciar ese progreso en nuestro andar?

Por un lado, somos apegos y desde allí surgen los miedos que hacen de nuestra vida un caos. Gran paradoja. Miedo a sentir, a abrazar, a acariciar, pero no con el tacto, sino con el corazón, ese que pareciera detenerse ante lo que le arrebata el hálito.

Es miedo, pero ese miedo que nos pone trampas, que desestabiliza, sin lograr su propósito.

De niños, nos derrotaban las inseguridades y en ocasiones fueron compañeras de vida hasta la edad adulta. Con el pasar del tiempo, sentimos que ninguna fuerza por arrolladora que sea, superará las ganas que nos debemos de sentir, de amar, de sonreír, también de llorar, como verdaderos actos humanos. El día necesita de la noche; la lluvia, del sol; la alegría de la tristeza; la pérdida, del éxito; el amor, del desamor…

Todos cargamos en el lomo, muchas ansias: ansias de ser felices, de un mundo perfecto, de conquistar sueños, de andar con liviandad el camino, pero, así como ese animal de carga que va transportando lo que le ponen encima y que no deja caer a pesar de los golpes que recibe, porque sabe que debe llegar a puerto seguro, minuto a minuto nos estamos construyendo. Por ello, hay carencias, pero, también, hallazgos.

Estará presente en la vida. Él y yo, no congeniamos, pero me acecha, aunque no le sigo el juego, tal vez porque en el ocaso de la vida, he comprendido que ninguna tempestad se doblega ante él, simplemente es un pequeño duendecillo que busca desestabilizar, pero, no lo logrará, si no se lo permito.

Lo he visto llegar, tal vez para enseñar que detrás de su presencia intimidante, sólo hay un deseo de verme libre de obstáculos para continuar avanzando con el objetivo de llegar a la meta.

“El miedo me enseñó que es sólo un sustantivo, que no puede llegar a instalarse si no le doy la fuerza que necesita para volverse acción, simplemente me hace ojitos queriendo irrumpir en mí”.

Aunque lo definamos desde lo sicológico, biológico, sociológico, evolutivo… entre otras, siempre estará en nuestras manos responder con rapidez y eficacia. Nos quiere poseer amenazando la salud, afectando de manera arrolladora la mente. Si hay salud mental, este, sucumbe.

Por otro lado, es necesario para permitir respuestas ante situaciones adversas, lo que permite concluir que es beneficioso para el individuo.

Estamos ávidos de abrazar un aire cálido, que los labios acaricien cada vez que hablemos para llegar al otro con mayor claridad mental, comprendiendo el valor de nuestras carencias, puesto que, el viaje corto o largo, depende de cuánto equipaje decidamos llevar. Lo ideal es sentirnos livianos y seguros al final del camino

 “El miedo es natural en el prudente; el saberlo vencer, es ser valiente”.
                                                                             Alonso de Ercilla y Zúñiga

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