«El pensamiento es la única cosa del Universo de la que no se puede negar su existencia: negar es pensar.» – Proverbio
Es indudable su necesidad hoy más que nunca. El pensamiento crítico no es un concepto nuevo ni mucho menos, su origen se remonta a Grecia con Sócrates, Platón y Aristóteles. Platón expone que el pensamiento crítico es emancipador por naturaleza. Es un pensamiento liberador.
El pensamiento crítico es ese modo de pensar sobre cualquier tema o problema, en el cual cada uno mejora la calidad de su pensamiento al apropiarse de las formas y contenidos que ayudan al acto de pensar. Es la capacidad de analizar, evaluar de manera reflexiva, es detenerse en hechos, en ideas, con el fin de comprenderlos y tomar decisiones fundamentadas. Consiste en no aceptar lo que se presenta de manera inmediata, sino evaluar, cuestionar con argumentos y construir su propio juicio. Esta definición en apariencia sencilla, no lo es su práctica. En momentos de crisis política y social, hay personas con alta formación académica que parecen perder la capacidad de razonar, repiten eslóganes sin cuestionarlos, abrazan ideas conspirativas, se dejan llevar por las emociones. Este fenómeno no es casual ni nuevo. La historia nos enseña que las grandes conquistas no triunfaron conquistando a los ignorantes, sino paralizando la capacidad de pensar de personas normales. Es ahí donde el Nacional Socialismo alemán tuvo éxito.
La ausencia de pensamiento crítico no es defecto intelectual, es una circunstancia que nos puede afectar en cualquier momento. Es importante tener clara la diferencia entre conocer y pensar. La información que obtenemos por cantidades a un clic, datos, títulos universitarios, no garantiza que estemos realmente pensando. Cuando dejamos de pensar nos volvemos vulnerables a la manipulación.
Es vital emplear nuestra capacidad de análisis, puesto que perderla es como desperdiciar nuestra verdadera libertad. Conocimiento y pensamiento no son lo mismo. La historia nos muestra personas muy cultas, estudiadas e informadas que se convirtieron en cómplices de actos atroces, como el holocausto nazi, el genocidio en Gaza. Actos sin justificación, solo por el hecho de pensar diferente, por tener cualidades distintas o por poseer bienes estratégicos.
El conocimiento es acumulativo, datos, teorías, historias, es como llenar un estante con libros. El pensamiento crítico es diferente, es un proceso activo, una conversación intima con nuestra conciencia que cuestiona, examina y relaciona, hechos, opiniones, datos, noticias y argumentos, para interiorizarlos y tener un juicio razonado en la toma de decisiones informadas. Puedes tener en tu cabeza mucha información, pero si no has aprendido a pensar, estás perdido. La ausencia de pensamiento crítico produce una ceguera que permite tomar decisiones y actuar sin experimentar conflicto interno, porque no se detiene a pensar qué es lo que estás haciendo. Opera cuando repetimos opiniones políticas sin examinarlas, simplemente por pertenecer a un grupo político, compartimos y aceptamos información sin verificar. Es honesto cuando decimos que necesitamos tiempo para pensar acerca de un determinado tema, no es indecisión, es respeto por el tema, por la persona y consigo mismo. Ello nos lleva a hacernos las preguntas que nos lleven a la comprensión.
El primer paso es reconocer que conocer no es pensar. Pensar es incómodo, es detenerse, requiere tiempo para examinar, el lento por naturaleza, la velocidad es un enemigo, cuestionar las premisas de datos que damos por sentadas o reales, puede ser hasta doloroso. Pensar de verdad es estar dispuesto a que algunas cosas que creías ciertas no lo son. Ahora bien, podemos caer en la tentación de que somos auténticamente objetivos, ello es una trampa que paraliza el pensamiento. Cuando establecemos un diálogo en el cual cada uno hace gala de sus pensamientos e ideas, podemos encontrar puntos de encuentro y posiblemente mi opinión acerca de que algo le faltaba información de calidad o carecía de un mayor análisis. Hay una mayor reflexión.
Cuando renunciamos a nuestra capacidad de juicio, nos convertimos en instrumentos de otros. Perdemos nuestra condición de ser independientes en nuestra moral. Tratar de tener capacidad de juicio no es volverse arrogante. Significa evaluar situaciones específicas en su contexto, considerando todos los factores, o al menos la mayoría, reconociendo que a veces hay grandes complejidades que nos llevan a indagar con mayor ahínco información que nos lleven a un contexto más claro. Cada caso o situación es individual, por ello no podemos caer en hechos del pasado, ni con sesgos políticos. Es tener la mentalidad y espíritu abierto. Es interiorizar y argumentar. El juicio debe ser contextual.
Ante una situación se debe mirar, ¿ qué está realmente en juego? ¿ cuáles son las consecuencias? Hay que analizar cuáles son los elementos únicos de este escenario en particular. Siempre hay que estar dispuestos a nueva información que puedan modificar el contexto que había sido analizado; si hay elementos nuevos que modifican, se debe tener mentalidad abierta, aceptar con humildad que se estaba equivocado. El pensamiento debe ser abierto.
El pensamiento crítico es un acto de libertad cuando se desarrolla la capacidad de pensar, te liberas de las opiniones ajenas, de tus errores, de la presión social, de eslóganes políticos, de las respuestas prefabricadas. Significa que participas de la vida social con tus argumentos estudiados, no prefabricados, ni inducidos. Ello nos lleva a no cometer errores en contra de nuestra humanidad, ni contra nosotros mismos, es reflexiva, analítica, con empatía por la humanidad. Te lleva a no participar en acciones destructivas, porque todos estos análisis te llevan a revisar las implicaciones de cada situación. Te lleva a un estado de asombro, de cómo la realidad cambia en nuestro pensamiento por no dar todo por sentado, la curiosidad nos ánima. No es un acto de resistencia hostil, es un acto de entereza tranquila.
No permitas que la velocidad de los acontecimientos, la presión social, las redes sociales, te roben tu capacidad más hermosa como ser humano – pensar. Cultivemos la pasión por las preguntas difíciles, hay que pensar lentamente, no hay afán, es un regalo.
Hoy vivimos un momento político muy importantes en nuestro país. De nuestra decisión al momento del voto va a direccionar el futuro del país. Han comenzado las campañas a Presidencia de la República y al Congreso como máximo órgano legislativo. Vamos a ver contendores en enfrentamientos intelectuales y verbales con muchas frases que debemos pensar con profundidad si son ciertas. Muchos de ellos son congresistas llevan décadas que muy poco o nada han aportado a las regiones, con un palmarés de noticias negativas de corrupción, que no han presentado proyecto alguno en beneficio de los colombianos, de inasistencia a las sesiones legislativas, muy a pesar del gran sueldo que tienen. En campaña nos han hecho promesas ilusorias, que casi siempre han incumplido, se han dedicado más a sus propios negocios y a una élite que solo busca aumentar su poder. Vemos campañas gastando mucho dinero.
Es el momento de que cada de uno nosotros hagamos un análisis con calma, tomando información de fuentes creíbles, no dejarnos llevar de fake news de las redes sociales, conocemos de las famosas “bodegas” trasmitiendo información falsa, tendenciosas, llenas de odio; de medios de comunicación que tienen objetivos distantes al del bienestar del estado social de derecho, en fin, se trata de tomar con mucha calma, con información analizada y contrastarla. Todo esto toma tiempo, hay que asimilar, indagar. No nos dejemos llevar por el tamal, la reunión animada que solo busca embotar nuestros sentidos, del discurso mentiroso.
Es hora de qué evaluemos cuántos impuestos nos cobran y cómo se gastan para saber qué derechos tenemos. Nuestros derechos dependen de los impuestos que recaudan los gobiernos. Un ejemplo claro es el impuesto de alumbrado público que llevamos 25 años pagándolo, pero hoy la ciudad está en penumbras. Igual sucede con los otros impuestos, tasas y tarifas que abundan sin tener una reciprocidad de mejor calidad de vida. Ni hablar de la pésima calidad en educación pública, mal en seguridad, en fin; pero si hay un gran derroche con nuestros impuestos en fiestas, alumbrado navideño. Gastos no vitales. Son casos de análisis, para interiorizar, pensar y decidir, si queremos una ciudad mal manejada o los cambiamos en las urnas. Depende de nosotros, de nadie más.



Buena reflexión, importante entender que el conocimiento es acumular información de todo tipo y que el pensamiento permite procesar ese conocimiento para ayudarnos a entender las cosas, ir mas allá de la superficie y tomar decisiones acertadas.
Buen día Don Álvaro. Gran escrito.
Comparto lo que expresa Doña Consuelo y agrego lo siguiente: Es a través de la crítica, la cual surge de la duda o falta de claridad, que hace posible el progreso y el crecimiento de las sociedades.
El pensamiento crítico exige al proponente del discurso prepararse desde la evidencia y desde la comprobación porque sus argumentos estar expuestos a la crítica con criterio y rigor para ser convincentes.
Feliz día.