sábado, febrero 14, 2026

PEREIRA EN OBRA, DOSQUEBRADAS EN TRANCÓN Y LA VIRGINIA ESPERANDO: ¿CIUDAD O MAQUETA?

OpiniónPEREIRA EN OBRA, DOSQUEBRADAS EN TRANCÓN Y LA VIRGINIA ESPERANDO: ¿CIUDAD O MAQUETA?

Agenda 2026: ilusión, ejecución y una pregunta incómoda para los alcaldes… y hasta para nosotros.

Los render son maravillosos. En el papel, Pereira y su área metropolitana se ven espectaculares. En los videos oficiales, la ciudad fluye; los puentes se abren como flores; las intersecciones parecen coreografías; el aeropuerto es una postal; las avenidas prometen “conectar el futuro”.

En la vida real, la ciudad no se mueve por renders. Se mueve por cierres, desvíos, polvo, ruido, motos metidas donde no deben, buses que se atrasan y comerciantes que cuentan pérdidas con la caja registradora cada vez más tímida y más escasa. Y eso no es un detalle: es el termómetro de si 2026 será “el año de las grandes obras” o “el año de la gran improvisación”.

Porque el problema no es que haya obras. El problema es cuando el relato se come a la gestión. Y hoy el relato de “Pereira construye” ya está instalado. Perfecto. Ahora toca lo difícil: construir sin romper la ciudad en el intento, y sin pedirle al ciudadano paciencia infinita con información mínima.

Corales: el progreso que se paga en hora pico

La nueva intersección de Corales dejó de ser discurso y entró al terreno donde duele: la movilidad cotidiana. Desde el 2 de febrero arrancó una nueva fase con cierres parciales, desvíos, cambios de sentido y ajustes temporales en rutas y recorridos. En buen español: miles de personas tienen que reprogramar su vida diaria por una obra que, si se hace bien, será un alivio; si se hace mal, será un resentimiento urbano que durará años.

Corales es el ejemplo perfecto del “progreso con costo inmediato”. Y ese costo no lo paga el render: lo paga el que llega tarde al trabajo, el estudiante que pierde clase, el taxista que se traga el trancón, el conductor del bus que recibe insultos por un problema que no creó, y el comercio del sector que ve caer el flujo de clientes.

En este punto, no acepto excusas de manual. Una obra necesaria no se defiende con slogans. Se defiende con operación impecable: señalización clara, control efectivo, rutas alternas que existan (no solo que se anuncien), seguridad vial, información diaria y coordinación con el transporte público.

Los Colibríes: el símbolo local de lo que no puede repetirse

Si hay una obra que representa el choque entre la promesa y la realidad, es la Avenida de los Colibríes. Cada pereirano ha oído la historia: predios, licencias, tramos inconclusos, expectativas, frustraciones. Hoy se habla de “retomar”, “culminar fase 1”, “firma de contrato”, “inicio de actividades”. Bien.

Pero aquí el tono debe ser duro porque el antecedente también lo es: Los Colibríes no admite otra temporada de entusiasmo sin ejecución. Lo que la gente necesita no es otro anuncio; es un cronograma por hitos, un responsable visible, una interventoría fuerte y una explicación honesta de los riesgos (predial, ambiental, presupuestal) antes de que revienten a mitad de camino.

Esta obra no puede seguir siendo una metáfora de Pereira: bonita en el nombre, incompleta en el pavimento. ¡Colibríes. Qué bello nombre!

La Romelia–El Pollo y Matecaña: progreso regional que se mide en minutos

Ahora miremos el corredor que de verdad “huele a calle”: La Romelia–El Pollo, la vía que define si el Eje Cafetero llega bien o llega tarde al Aeropuerto Matecaña. Aquí el ciudadano no habla de urbanismo: habla de tiempo, de seguridad, de si alcanza el vuelo, de si se pierde el negocio, de si una ambulancia puede pasar.

En paralelo, el aeropuerto —que es orgullo— también tiene su propia cara de obra: mantenimientos, cierres operativos, ajustes logísticos. Eso también es infraestructura. Y eso también exige coordinación y comunicación, porque el prestigio de una ciudad se construye con obras, pero se destruye con caos.

En resumen: cuando hablamos de “Pereira construye”, también hablamos de cómo la región se conecta: Pereira con Dosquebradas, Dosquebradas con La Virginia, y todo el sistema con Matecaña. No son islas. Es una sola ciudad laboral y productiva.

Dosquebradas y La Virginia: la obra no puede ser un asunto de fronteras administrativas

El área metropolitana funciona como una sola máquina: la gente vive en Dosquebradas, trabaja en Pereira; vive en La Virginia, estudia en Pereira; trabaja en Dosquebradas, hace trámites en Pereira. Cuando hay obras y cierres en un lado, el impacto se riega por todos los otros.

Por eso es un error planear “Pereira por Pereira”, “Dosquebradas por Dosquebradas” y “La Virginia por La Virginia”. El ciudadano no vive así. El ciudadano vive en el flujo.

Y aquí viene el punto político que hay que decir sin maquillaje: si el alcalde de Pereira, el gabinete y los entes metropolitanos no coordinan como un solo comando de movilidad, 2026 será recordado como el año en el que las obras ganaron… y la ciudad perdió.

Menos render, más tablero público

El antídoto contra el marketing no es la queja: es la evidencia. La ciudad necesita un Tablero Público de Obras 2026 y lo necesita ya. No como PDF escondido. Como tablero simple y mensual, que cualquier ciudadano entienda.

¿Qué debe tener ese tablero? Nombre del proyecto, objetivo, presupuesto total y fuentes, contratista, interventoría, cronograma por hitos (no solo fecha final), avance físico y financiero, plan de manejo de tráfico con fechas, y un canal de atención que funcione. Y lo más importante: indicadores de beneficio. Porque el ciudadano no vive del “vamos bien”; vive de cuánto se demora menos, cuántos accidentes bajan, cuántos puntos críticos se resuelven, cuántos parques se recuperan de verdad.

La ciudad no se arregla sola

Yo sí quiero obras. Quiero una Pereira, mi Pereira del Alma, que se transforme y un área metropolitana que deje de funcionar a punta de parches. Pero también quiero algo básico: que la ejecución esté a la altura del relato.

El llamado empieza por los alcaldes y sus gabinetes: dejen de vender “ciudad futura” si no pueden administrar “ciudad presente”. La obra no se gobierna con rueda de prensa; se gobierna con interventoría, control, cronogramas y decisiones impopulares bien explicadas.

Y el llamado también es para nosotros: la ciudad no mejora si cada quien decide jugar con reglas propias. Si invadimos carriles, si nos colamos, si parqueamos donde no se debe, si convertimos cada cierre en selva, entonces no hay obra que aguante. El problema es de todos. Y, por lo mismo, la solución solo puede ser con todos.

En 2026, Pereira no necesita una maqueta más bonita. Necesita una ciudad que funcione mientras se construye. Porque la paciencia ciudadana no es un recurso infinito. Y la confianza, cuando se rompe, cuesta más que cualquier obra. ¿No les parece?.

Fernando Sánchez Prada

Comunicador y columnista

Febrero 2026

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