miércoles, febrero 4, 2026

POPAYÁN, ENTRE EL BLANCO DE SUS MUROS Y EL FUEGO DE SU DULZURA

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Hay ciudades que parecen hablarte al oído. Popayán es una de ellas. La primera vez que la recorrí lo hice de la mano de Emma Caldas, una vieja compañera de trabajo en la Presidencia, y de Carlos, su esposo, mi cómplice de escapadas gastronómicas cada vez que los visitaba. Entre los tres descubrimos una ciudad que huele a historia y a panela quemada, donde cada esquina guarda el rumor de una campana y el eco de una conversación en voz baja, como si el tiempo se negara a correr demasiado rápido.

Con Carlos teníamos un ritual sagrado: caminar sin rumbo por las calles empedradas hasta toparnos con alguna dulcería que ofreciera las joyas de la tradición payanesa: el quemado, los alfeñiques, los cabellitos de ángel, las melcochas de panela, los manjarblancos servidos con cuchara de madera y la cascarita de limón confitada. En Popayán, los dulces no son postres: son memoria viva, herencia de siglos, gesto de cariño y símbolo de identidad.

Emma, siempre risueña, nos recordaba que detrás de esa arquitectura colonial impoluta, de esos balcones de madera y patios interiores donde crecen las buganvilias, hay una ciudad profundamente viva, orgullosa de su historia y resiliente frente al paso del tiempo. Porque Popayán —más que blanca— es intensa: tiene el blanco de su cal y el fuego de su espíritu.

Y si de espíritu se trata, pienso en María V., mi amiga y compañera de trabajo en Colpensiones, que encarna mejor que nadie el temple de la mujer payanesa: inteligente, echada pa’lante, valiente. De esas que no necesitan levantar la voz para hacerse escuchar. En ella veo el rostro contemporáneo de Popayán: moderno, formado, comprometido, pero fiel a su raíz.

También recuerdo a Any, otra patoja —así les dicen a los nacidos en Popayán— con quien he compartido más de un proyecto. Su orgullo por su tierra es contagioso. Habla de su ciudad con el mismo brillo con que uno recuerda la infancia. Y cuando lo hace, entiendes que Popayán no es solo un lugar: es una manera de ser, de mirar el mundo con paciencia, con gusto por el detalle, con respeto por lo que se hereda.

Recorrer Popayán es volver a un tiempo en que la belleza se construía con equilibrio. Desde el Puente del Humilladero, que parece suspendido entre la nostalgia y el cielo, hasta el Morro del Tulcán, donde se siente el pulso ancestral del Cauca. Desde la Iglesia de Santo Domingo, joya del barroco, hasta los Claustros de San Francisco y La Encarnación, donde el silencio tiene música propia.

Y, por supuesto, ningún viajero puede irse sin vivir dos de sus grandes celebraciones: la Semana Santa, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y el Festival Gastronómico de Popayán, donde los aromas del tamal de pipián, el ají de maní y la empanada payanesa hacen de la tradición un banquete. Pero hay otro evento que me fascina y que cada noviembre renueva la vida cultural del sur colombiano: el Festival del Libro y la Cultura de Popayán, una cita donde la ciudad blanca se pinta de palabras, donde escritores, poetas y lectores se encuentran bajo la sombra de los campanarios para hablar de ideas, identidad y memoria.

Popayán, al final, no es solo una ciudad que se visita: es una experiencia que se vive con los sentidos y se recuerda con el alma. Es el eco de sus pasos en la piedra, el brillo de su luz sobre los tejados, el sabor de un dulce compartido entre amigos, y la certeza de que en cada viaje uno se reencuentra un poco consigo mismo.

Fernando Sánchez P.

Viajero, colombiano a morir y columnista

8 COMENTARIOS

  1. Me encanta esa descripción tan tenue, nostálgica y bella de una ciudad como Popayán, realmente me provoca a partir a conocerla, a caminar por sus calles y a probar esos deliciosos manjares!

    • Gracias Consuelo . No te pierdas de conocer y disfrutar Popayán . Prueba sus dulces y majares, sus carantoñas y sus tamales y empanadas de pipián con ají de maní mientras que te asombras con sus casitas y construcciones blancas oyendo el tañir de la torre del reloj.

  2. Hermosa descripción de Popayan sobretodo de las grandes mujeres que han hecho historia hermosa en Colpensiones la Dr Any hermosa inteligente y muy diligente, grandes seres q han dirigido esta hermosa compañía Fernando te felicito por tan bello escrito.

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