Cumplida la primera cita con la democracia el día de ayer, en la que los colombianos votamos las consultas interpartidistas con miras a las elecciones para la presidencia de la República el 31 de mayo, y la escogencia de quienes igualmente van a integrar el Senado y la Cámara de Representantes para el cuatrienio 2026-2030, solo nos queda esperar, primero, que hayan transcurrido en total calma en todo el territorio nacional y, segundo, que haya acudido el mayor número de colombianos interesados en elegir un excelente Congreso, que acompañe la tarea de quien ha de gobernarnos a partir del 7 de agosto. No poca responsabilidad teníamos como colombianos de acudir masivamente a la renovación del poder legislativo, para no quejarnos el día de mañana por la falta de compromiso de unos parlamentarios que, alejados de sus obligaciones constitucionales de ser realmente contrapeso del poder Ejecutivo, llegaran solo a empoderarse en busca de contratos y prebendas. Mucho fue lo que advertimos de la necesidad urgente de un cambio en la forma de pensar y de actuar de quienes hacen las leyes, para producir los cambios que la sociedad colombiana espera en procura de una mayor justicia social, procediendo desde el día primero de su instalación a revisar la normatividad expedida por el actual Gobierno populista, en lo concerniente a salud, educación, justicia, trabajo y pensiones, a fin de derogar las inapropiadas e impulsar las necesarias que hagan regresar el clima de tranquilidad, devolviendo la confianza en nuestras instituciones. El mundo pasa por un momento de redefiniciones profundas y nosotros no estamos al margen de lo que pueda suceder. Lo que se haga hoy, dentro o fuera de nuestras fronteras, será decisivo para el rumbo político, económico y social de nuestro país. Las elecciones de ayer, no fueron un trámite meramente político. Marcará el punto de partida que nos indique si en estos siguientes cuatro años tendremos un Congreso comprometido con el país y sus urgentes necesidades. El aumento de las tensiones globales a raíz de la guerra en Medio Oriente, lo sucedido en Venezuela y la incertidumbre sobre la política de aranceles de EE.UU., ha reconfigurado los mercados financieros, razones de peso para esperar un Congreso a la altura de estas normales expectativas que, sumadas al déficit comercial histórico de USD16.000 millones en el 2025, nada ayudan en un entorno global agitado como el que actualmente vivimos. Este nuevo Congreso no podrá ser insensible a tanta muerte de policías, soldados, líderes sociales y ciudadanos del común, fruto de la errada política de la paz total de este Gobierno. Hacer de Colombia un país viable, que supere la violencia y la corrupción, debe ser la impostergable tarea de este Congreso que deberá igualmente estar en línea con un presidente lo suficientemente capaz y honesto, elegido con una asombrosa votación el 31 de mayo, ojalá, en primera vuelta, para enviar al mundo el mensaje de que Colombia corregirá el daño sufrido en este siniestro cuatrienio de incuantificable saqueo de las finanzas públicas, y de vergonzoso comportamiento de un enajenado mental, que bajo los efectos de sustancias psicoactivas, irresponsablemente ha mal gobernado el país, del que por sí solo hablan los altos niveles de desigualdad, corrupción, ineficiencia institucional y alarmante deterioro de la seguridad. Que el Congreso elegido ayer, sea la esperanza de un mejor estar de la sociedad colombiana.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com



Buenas. Tardes
Don. Alberto
Gracias por. Esa. Buena Radiografia