De acuerdo con los datos analizados en el momento de escribir esta columna, los colombianos no podrán esperar un comportamiento diferente del nuevo Congreso de la República al que se tuvo con el que próximamente terminará su periodo.
Aunque algunos partidos aumentaron su participación como el Centro Democrático y el Pacto Histórico y otros la disminuyen como el partido Conservador o Cambio Radical, ninguno logró la mayoría absoluta, es decir, 52 senadores de los 103 elegidos. El próximo gobierno tendrá -al igual que el actual- que negociar cada proyecto con todos los partidos y con cada congresista.
Todos los partidos políticos por poca participación que hayan logrado (Salvación Nacional o Ahora Colombia) terminan siendo determinantes para pasar una reforma y lo que es peor la negociación uno a uno será necesaria para obtener los 52 votos. El país pasó del bipartidismo a un sistema altamente atomizado.
La dinámica entonces podría ser muy similar o igual a la vivida con el actual Congreso de la República, en esa búsqueda de votos por congresista se pierde la disciplina de partido sea de gobierno o de oposición y, lo que es peor, podrían presentarse nuevamente casos de corrupción como el ocurrido en el actual gobierno del presidente Gustavo Petro a través de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo para aprobación de unos proyectos de ley del gobierno nacional.
De otro lado, la ausencia de mayorías en el Congreso blinda al país de la aprobación de reformas que podrían afectar la estabilidad democrática e institucional como, por ejemplo, la innecesaria iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente en Colombia.
Por último, el Congreso del 2026 al igual que el actual es una mezcla de contrapesos de diferentes partidos con los cuales va a ser difícil lograr la gobernabilidad necesaria para tramitar reformas si no se logran llegar a consensos con los congresistas y sus partidos.


