miércoles, febrero 4, 2026

¿QUIÉN MANEJA NUESTRAS EMOCIONES, HOY?

OpiniónActualidad¿QUIÉN MANEJA NUESTRAS EMOCIONES, HOY?

 

No siempre puedes controlar lo que sucede ahí fuera. Pero siempre puedes controlar lo que sucede aquí adentro”. —

Wayne Dyer

El ser humano se olvidó de agradecer. Es lo que deberíamos realizar diariamente, porque la gratitud trae consigo reconocimientos, es comprender que cada segundo, minuto, hora, hay que transitarlos con el sentido estricto de ganar experiencias, sabiduría, madurez, incluso, paz. El mejor estado y con el que soñamos.

Entonces, ¿Por qué hay personas que reniegan de su vida? Nada les atrae, incluso con la llegada de los años, van perdiendo lo que era importante en su juventud, como si llegar a esa etapa fuese un castigo.

Todo se reduce a la manera de visualizar la vida. Cuando se era niño, hasta el detalle más insignificante cobraba fuerza, disfrutar cada momento compartido aun sin regalos ostentosos y al lado de ese núcleo familiar, raíz inmovible, sostén del gran árbol, ese que cobija con sus ramas circunstancias buenas, regulares, malas, era parte de una infancia feliz. Gracias a esa intuición, la que se logra con amor, impartieron la mejor educación, aunque lo hayamos borrado de la mente. Ellos no usaron métodos inalcanzables, pero lograron entregarle a la sociedad hombres y mujeres con carácter, con ética y seguros del papel que juegan en cada paso que dan. Seres humanos que no los doblega el viento. Gracias a ellos, cualquier barrera por grande que parezca, se derriba y se enfrentan las que se interpongan en su travesía.

Nunca accedieron a la escuela y quienes lograron llegar a ella, sólo fue un peldaño suficiente para acompañar procesos académicos, convirtiéndose en maestros con la didáctica del sentimiento, ya que herramientas que facilitaran dicho acompañamiento, eran escasas. Los libros, las enciclopedias fueron llegando con el tiempo facilitando dicho apoyo. Dichos libros se convirtieron en la motivación más grande para seducir a esos pequeños a la consulta profunda de temas, porque la mediocridad no podía ser parte de dicho proceso. Desde entonces reposan en las bibliotecas familiares, son parte de la vida. Ahora bien, gracias a la templanza que los caracterizó y que aprendimos, se fue haciendo camino hasta lograr abrazar el sueño de encontrar la meta. Así que, en cada etapa, sentimos que éramos lo suficientemente fuertes para avanzar en ese recorrido difícil, pero, posible de atravesar.

Me duele encontrarme con realidades que pesan. Hoy, los roles cambiaron. Padres que salen a buscar el sustento de sus hijos (que no pretendo juzgar por supuesto), hijos que conviven solos, o mejor, acompañados de la tecnología que cada día envuelve y los seduce en un mar de desazón.

Se viene tratando el tema de la IA, herramienta que se dejó al azar y que los opacó tanto, perdiendo la capacidad de análisis y autocrítica. Vemos jóvenes incapaces de analizar una situación, pero, lo preocupante de ello es que la vida misma es una lectura, no saber realizarla, una catástrofe.

Pero, más allá de IA, debo tocar el tema de la EA, dos letras que mueven emociones, sentimientos, anhelos, sueños, todo… ¿Será que mis vulnerabilidades debo cedérselas a la tecnología? Pregunta que sacude y me sigue inquietando.

El tiempo pasa, es verdad, pero, ¿Cómo lo estamos llevando a cabo?, ¿Cómo lo estamos concibiendo? Él sigue su dinámica, el problema radica en la mente de cada ser humano, o tal vez en lo convencional, no lo sé y es más alarmante, porque se vive en un mundo de convenciones que se viralizan, incluso sin comprender el porqué, el mundo se acoge a ellas. Las sigue

Si soltamos a los chicos con la premisa de no haber tiempo porque el trabajo absorbe, facilitamos el encuentro con otras realidades que tienen la capacidad de atraparlos hasta convertirlos en títeres de sus propias decisiones, deseos, emociones y, ¡qué peligro!

Se acabaron los sueños, ya están poseídos por estas influencias que marcarán sus vidas, sustraerlos de ellas, es cada vez más complicado. Sin embargo, la presencia de padres, es fundamental, aunque existan responsabilidades laborales, la mayor, debe ser, custodiar esos hijos con amor (con capacidad de escucha, de abrazar no superficialmente, sino que traspasen el alma, con comunicación asertiva y espacios que toquen fibras).

Desde mi experiencia, agradezco a esos padres que, con su sabiduría, la que les da el hecho de serlo, formaron seres disciplinados, con voluntad férrea, con templanza y mucha resiliencia, es decir, ninguna tempestad, hizo daño en ellos. Cobra vida entonces expresiones que para este hecho valdría la pena mencionar “Todo pasado fue mejor.”

La vida hay que mirarla como una línea de sucesos que van forjándonos, que viene acompañada de estadios para que veamos en cada acontecer, oportunidades, valoremos lo que tenemos, nos confrontemos, caigamos y volvamos a levantarnos con la certeza de que esa travesía es lo mejor que nos sucede. Cada caída permitirá incorporarse con más fuerza, como cuando se empieza a caminar, caminar duele, crecer duele, amar duele, perder duele. Por ello, gratitud.

Los hijos deberían ver en el hogar rostros esperanzadores, manos cálidas, palabras adecuadas, discurso coherente, mirada limpia, fuerza en las decisiones y mucha disciplina, porque ninguna máquina podrá superar las maravillas de nuestro cerebro, ese que nos conecta con un mundo afable, donde por difícil que sea el momento, tendrá la capacidad de mostrar el camino a seguir, aunque lo desviemos, pero teniendo la seguridad de resarcirnos, ya que cada ruta perdida, tendrá una nueva salida.

Qué bueno comprender que, somos perfectos a pesar de las imperfecciones, pero, tenemos la capacidad de soñar, de reír, de llorar, de caminar, de abrazar, de observar y maravillarnos con lo que nos ofrece el día a día, porque contamos con un porcentaje de emotividad incalculable que nos permite llegar a límites insospechados y eso no se logra artificialmente. El tacto, el gusto, la respiración, el aliento, la melancolía, la dicha, son experiencias fantásticas, imperdibles.

La mayor tarea es tocar la sensibilidad de los chicos, de los adultos, de los jóvenes, haciéndoles ver que el poder está dentro de cada persona y que los límites también dependen de ella. Es más fácil disponernos a recibir lo que nos brinde la vida como oportunidades, analizarlas, decidir sobre lo que no cause lesión, oxigenar el cuerpo, pero, también el espíritu de optimismo, alejarnos de lo tóxico y que no aporta, guardar silencio ante las críticas, ser discreto, depositar en un cofrecito y con llave nuestra privacidad, para caminar sin cargas, ni arrepentimientos.

Somos los únicos dueños de nuestro sistema emocional. Nada, nadie, podrá tomarse atribuciones sobre él.

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