miércoles, marzo 18, 2026

¿QUIÉN VA A GANAR? LA HISTORIA TIENE LA RESPUESTA

Opinión¿QUIÉN VA A GANAR? LA HISTORIA TIENE LA RESPUESTA

Abelardo de la Espriella ha sido un actor fundamental en el proceso político que vive el país. Su presencia en el panorama electoral llega como la tabla a un náufrago. Pero las cosas no son como parecen. Veamos.

En la sociedad colombiana hay dos extremos ideológicos que no quieren pensar, no dialogan con los contrarios, no aceptan razones, nunca ven algo positivo al otro lado del espectro. Solo siguen a ciegas sus conceptos fundamentalistas y a sus jefes intocables. Ninguno de ellos se salva de este descarnado análisis.

La «izquierda» chibchombiana vive un momento estelar después de haber conquistado el poder por primera vez en muchos años y luego de haber reemplazado al liberalismo, el partido político que se coqueteaba con la socialdemocracia y con las banderas de los más pobres. Entretanto la «derecha» intenta sortear el temporal con su líder principal queriendo no ingresar en los cuarteles de invierno y mantener el vigor de su mensaje histórico.

El panorama ha sido agrio y beligerante. El «gobierno» actual emprendió desde sus albores una agenda feroz con la intención de cambiarlo todo, pero con acciones muy equivocadas. Sin mayorías en el Congreso se dispuso a «comprarlo» cayendo en los mismos pecados históricos de la contraparte. Cuando las cosas se ponían difíciles amenazó con eliminarlo a través de una «constituyente». Los logros sociales (que sí los hubo) se hicieron difusos en un mar de corrupción y la esperanza de cambio empezó a naufragar. Su líder se engolosinó con un discurso mesiánico pretendiendo fungir de adalid de causas universales y destacar en el corrosivo y polarizado planeta. Una prédica ideológica que se disipó entre incoherencias y frases pendencieras.

Apareció entonces Abelardo con aureola de mesías, con discurso redentor, defensor a ultranza de la patria y salvaguarda de los valores. Un «outsider» absoluto pero advenedizo, sin experiencia administrativa ni política. Llegó rompiendo esquemas, financiándose su campaña, sin jefes, ni partidos. Creó el suyo propio. Sedujo en un santiamén a esa derecha huérfana y ávida de autoridad. Subió como espuma, quizás como baja el coco. No pretendo agredirlo ni mucho menos serle grosero. Es un gran candidato que se sintonizó con el querer de muchos colombianos, pero no va a ganar.

En Colombia, después del Frente Nacional, todos los gobiernos han resultado de la acomodación del «centro», ese espectro político que algunos llaman tibio y otros acusan de ser la capilla donde se camuflan los militantes de los extremos. El poder se ha movido cada cuatro años hacia donde se mueve ese «centro» que curiosamente vota más en contra que a favor. Gaviria, Samper, Santos, Uribe, Pastrana, Duque y Petro llegaron porque conquistaron esa franja o porque ella repudió a sus competencias. El centro existe y no deja de existir cuando sus jefes se van a mirar ballenas. El «centro» es el mismo pueblo que no se acomoda en los fanatismos pero que decide y participa. Ese «centro» va a decidir nuevamente quién es el próximo ganador de las elecciones presidenciales. Abelardo y Cepeda no tienen el talante ni el discurso para conquistarlo. Lo demás es aritmética. Paloma así lo entendió, por eso lo de Oviedo. Ellos ganarán

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