Viviendo en la 24 con segunda en Pereira, mi papá contó que había salido favorecido de adjudicatario del Instituto de Crédito Territorial (I.C.T.). de manera que ahora era el poseedor de una casa que pagaría a cuotas durante unos 15 años, un plazo que parecía largo pero que equivalía a pagar un arriendo, con la diferencia que quién pagaba arriendo mensual a un particular no adquiría ningún derecho, yo era un muchachito flaco, incapaz de hacer ningún trabajo físico, pero mi papá me llevaba de compañía en aquellos primeros días, cuando el barrio eran unas hileras y cuadras de casas en obra negra, sin ninguna cerca entre sus patios, que distinguiera y aislara una propiedad de otra.
Para llegar, abordábamos un bus de Transportes Giraldo que nos descargaba en el Barrio Providencia, donde había una imagen de la Virgen María en una gruta, que aun se conserva en el mismo sitio y donde, aún hoy finaliza la calle 21, y desde allí potrero abajo íbamos hasta una quebrada, luego recorríamos un pequeño tramo en subida, hasta llegar al sector conocido como “La Isla” , llamado así porque, entre el Barrio Boston y la Isla corría una pequeña quebrada, y entre La Isla y lo que hoy son Bosques de la Salle, había otra pequeña corriente de agua, por estar cercada por estas dos aguas nuestro sector recibió su nombre, que quedó oficializado en la nomenclatura urbana de Pereira, todas las cartas que recibíamos o enviábamos decían: calle tal, número tal, Barrio Boston, sector “La Isla”, sino era así, se perdía la correspondencia (Ver Foto 1).

En mis primeras visitas al barrio fueron acompañaba a mi padre a poner una cerca de guadua que cerraría nuestro patio familiar; en esos primeros días ya vivían al frente de nuestra futura casa los Taborda: Don Tomás y su esposa doña Inés, sus hijos, Magdalena, una muchacha que nos hacía suspirar por sus encantos físicos, Inés, Nelson, Alberto y Albeiro apodado cocuyo por ser flaquito y pequeño, ellos no regalaban el líquido para preparar el agua de azúcar para refrescar la sed en esos días de intenso trabajo físico de mi viejo, quien por infortunio, debió tumbar la cerca y volver a levantarla por un error de escuadra en su construcción.
Algunos días después (o quizá meses después, no lo recuerdo) nos trasteamos a esa casa donde viviríamos nuestra niñez y juventud, asistimos a nuestros primeros años de educación primaria, con maestros que estaban autorizados por nuestros padres a infringirnos castigos físicos como correctivos a nuestras faltas disciplinarias en el aula de clases o fuera de ella, o por el incumplimiento de nuestras tareas escolares; donde hicimos los primeros amigos y aprendimos defendernos a golpes de los primeros abusivos, una época en que la palabra maltrato, o su versión más moderna “Bullyng” eran desconocidas en todas sus versiones: maltrato infantil, maltrato escolar, maltrato sicológico, etc., y donde finalmente, aprendimos a interactuar con el sexo opuesto, a coquetear y conseguir nuestras primeras novias, amores tímidos pudorosos, de besos robados, cogidas de manos y abrazos a escondidas de los adultos, primeros ensayos amorosos llenos de sueños e ilusiones, en los que por desdicha, también sufrimos rechazos y nuestras primeras desilusiones amorosas, con el paso de unos años, tuvimos nuestras primeras maravillosas experiencias eróticas y sexuales. Barrio Boston de mis años juveniles ¡Cómo te recuerdo ¡
Con el paso del tiempo, sin cronómetro, ni relación escrita del orden de ocupación de sus casas llegaron nuevos vecinos y amigos: Los Arias don Enrique y doña Inés y Adolfo mi gran amigo de inicios de pubertad; los Gonzales don Bernardo y doña Mariela y mi buen amigo de infancia Jorge; Los Panesso doña oliva y mi buen amigo Luis; Los Osorio don Gonzaga y doña Lesbia, y mis buenos amigos William y Eduardo; Los Morcillo don Epifanio y Doña Inés, Gladis, Carlos y Cesar y Omar, los más cercanos a mis afecto; doña Ana Carvajal profesora de la escuela “Alfonso López” todos ellos de la parte de debajo de la isla, donde estaba nuestra casa, de la parte de arriba de la Isla recuerdo a Doña Adelfa y dos hijas (una de ellas Consuelo a quien me hubiera gustado cortejar, pero no pude porque consiguió desde muy niña novio y creo se casó y vivió con él), y dos hijos; a los Delgado; los Tamayo; los Valencia, cuya prima Yolanda me desveló por varios meses; los Restrepo, los Arias cuya hija Rosa me gustaba; los Marulanda, con Rocío que nos hacía suspirar a muchos con sus encantos; los Molina; los Bedoya y mi amigo Mario; los bedoya de don Arturo y doña Ana, Con Nohora, María Helena, Arturo, Fabio y Carlitos; los Guzmán; ellos son los que más recuerdo después de vivir 48 años por fuera de Pereira; me disculpo por las omisiones y olvidos de otros vecinos.
No puedo afirmarlo con certeza, creo que fuimos unos de los primeros barrios grandes con soluciones de vivienda para sectores populares; sentí que los habitantes de los barrios Providencia y de Ciudad Jardín (excepto, los que en este último barrio, vivían casi en tugurios de guadua), nos miraban en los primeros años con desconfianza, como reubicados de zonas tuguriales, nos consideraban de baja categoría, cosa que no estaba alejada de la realidad, ya que nuestros progenitores eran personas de oficios humildes, constructores, zapateros, carretilleros, celadores etc., sin faltar algunas prostitutas y algunos de los primeros mafiosos de Pereira, uno de ellos el famoso “Mariachi” ex inspector de policía en el barrio Berlín, quién fue acusado en una emisora local de ser jalador de carros, lo que causó un escándalo político, pues militaba en directorio liberal de Oscar Vélez Marulanda “el plumón”. Entre el gremio de celadores estaba mi papá quien después de haber sido policía, laboró por 33 años en la fábrica Hilos Cadena (hoy Coats Cadena), antes de pensionarse. En todo caso, Boston era el último barrio del sector suroriental de Pereira, luego aparecieron: San Luis, Las gaviotas y no sé cuantos más para ese mismo lado (Foto 2).

Otros procesos de desarrollo urbano que recuerdo son: a comienzos de los años 1960, con el triunfo de Castro y sus guerrilleros, apareció el Barrio Cuba, que hoy puede considerarse una ciudad por sí sola, y que, en mi opinión, es caótica y desordenada urbanística y socialmente como Dosquebradas, segundo municipio de nuestro departamento. Posteriormente en los años 1990 otro organismo estatal creó los Barrios Campestre en Dosquebradas con intención de hacer vivienda de tipo social para personas de menores ingresos.
Con el paso de los años y estudiando en el Técnico Industrial con muchachos de estos otros barrios, fuimos ensanchando el círculo de amistades y amores juveniles, yo visité por a unos meses a Beatriz, estudiante de las Bethlemitas cuyos apellidos no recuerdo, con un padre culto, humanista y amable quien no se incomodó por mi vecindario u origen familiar.
Las calles sin asfalto de La Isla, sobre toda la carrera 22 fueron nuestra cancha de fútbol, en ellas jugamos, reímos y reñimos en muchas ocasiones, después de pelearnos e insultarnos por un gol negado por el equipo contrario, venían las reconciliaciones y nuevos desafíos futboleros; como no recordar a mis hermanos Gustavo (con él, que en más de una ocasión termine discutiendo y dándonos puñetazos) y Eliecer, Nelson Taborda, Julio Gómez, William Osorio, Luis Panesso y otros que se me escapan, jugando en unas ocasiones en el mismo equipo, y en otras siendo contendores, con los que terminábamos los partidos en medio de trifulcas y golpes.
Los habitantes del barrio Boston teníamos balneario propio, el río Consota, los charcos del canal y la curva eran nuestros preferidos, ir a bañarnos implicaba caminar o trotar de bajada y subida, lo que era un ejercicio completo, divertido y grupal.
En Boston fuimos a los primeros bailes juveniles, con coqueteos, noviazgos y las primeras ingestiones de bebidas alcohólicas, borracheras y guayabos, y por supuesto, los primeros casos de consumo de drogas entre la juventud: vecinos, amigos y compañeros de estudio que en esos tiempos eran una ínfima minoría, secreta y repudiada; en esos primeros años la droga, la marihuana, era tema de escándalo y horror para padres de familia, maestros, autoridades civiles y religiosas y sociedad en general, infortunadamente la droga, ahora en forma de cocaína, bazuco, heroína, anfetaminas y tutsy se volvió endémica en la sociedad colombiana, con las consecuencias que ya conocemos.
Colombia pasó de exportar marihuana, que los yanquis nos impidieron legalizar, hasta que ellos la cultivaron y legalizaron en su territorio, a ser consumidores y crear una sociedad de zombis y habitantes de la calle, por la falta de escrúpulos de grupos que aparentan ser guerrillas, narcos que aparentan ser gente de bien y personas humildes que se lucran de su comercio, todo esto en medio de las autoridades civiles y armadas, que al parecer, o las acolitan o, se mueren de miedo, porque, aunque todo mundo sabe dónde están las ollas, ninguna autoridad hace una extinción de dominio en Pereira, Dosquebradas o Santa Rosa.
El primer muerto por una sobredosis fue Jaime Aristizábal, al que por paradoja (aunque nuestros padres lo consideraban un mal ejemplo, y nos prohibían su amistad), nosotros veíamos como una especie de héroe, por su rebeldía juvenil y por tener una amante apodada “pinocha”, quien lo lloró por un largo tiempo.
En esta evocación, quiero resaltar a mi segundo hogar: la inolvidable escuelita Alfonso López Pumarejo, correteé y sudé en sus patios de juego, no olvido su palo de mango en el patio central (Ver Foto 3), luego su cancha fue invadida y convertida en casas, por no sé cuál urbanizador pirata; al parecer en esas aulas adquirí mis ideas liberales, afianzadas por el ejemplo de libre pensadora de mi madre; allí aprendí las primeras letras del docente don Ernesto Herrera, maestro de maestros, director de la escuela, a quien deseo rendir un homenaje, no solo por su actividad docente sino social, en un vecindario de poca abundancia u opulencia recogía de nosotros aportes de granos y mercado para las familias más necesitadas del barrio; desempeño el papel de formador de personas serías, honestas y aunque a veces fue a punta de castigos físicos, intentó ser el censor de la moral pública en el barrio, buscando corregir y reeducar a muchachos mayores del barrio, algunos de los cuales terminaron como delincuentes y alguno de ellos baleado, pues se había dedicado al atraco a mano armada en Medellín- Don Ernesto (Ver Foto 4), merece una estatua por su labor educativa y por ser un gran ejemplo de líder recio, honesto, serio, carismático, que inspiraba con su ejemplo e irradiaba respeto y autoridad. Un saludo cordial y cariñoso para Carlos (quien siguió la senda de su padre), Luis Fernando y Liliana sus otros hijos.


Tuve la oportunidad de conocer el libro “La historia del Barrio Boston a través de la fotografía” del docente Wilber Fernando Guevara, un loable esfuerzo por documentar la historia del barrio de nuestros amores; solo tengo una objeción, no comparto el título de fundadores dado a algunas personas que se atribuyen haber llegado primero al barrio, ellos no fundaron nada, quizás solo estaban más necesitados de ocupar su vivienda que quienes llegaron después, eso les da estatus de primeros llegados a un barrio creado por un organismo estatal, que felizmente les permitió tener su vivienda propia.
A mis familiares y parientes, amigos y lectores les deseo un feliz 2026 pletórico de salud, prosperidad, amor, triunfos personales y profesionales.
Nota:
-La carátula y las fotos 1 y 4 son tomadas de “La historia del Barrio Boston a través de la fotografía”.



Buen día Danilo. Gran recorrido histórico a lo largo de la lectura, la cual tiene su carga de nostalgia y de alegría propia de la evolución y el progreso.
La historia del barrio es parte de nuestra vida para los que la hemos vivido y estará atada por siempre a nosotros.
Feliz día y gran escrito Danilo.
Muy bueno su libro primo
Que buenos recuerdos
Felicitaciones
Hola querido Fabio: ud aparte de estar entre mis afectos , es testigo presencial de la vida del Barrio Boston, en el que vivió algun tiempo en su juventud, y seguramente tendrá recuerdos inolvidables de esta epoca de su vida. Mil saludos y bendiciones querido primo.
Muy importante recuperar la historia de la ciudad a través de las historias de los barrios recordadas por sus propios habitantes. Es nuestra historia personal enmarcada en la historia de un barrio y la historia de un barrio como parte de la historia de la ciudad.
Doña Consuelo: mi escrito como habitante de Barrio Boston, es solo mi percepcion personal y mis recuerdos, una historia oficial del barrio esta pendiente de escribirse, infortunadamente mis padres, maestros y otros viejos habitantes ya fallecieron. Mil saludos y bendiciones.