* Nunca vender el voto es la promesa de consciencia equivalente a no permitir e impedir el abuso desde infancia.
* Sembrar semillas fértiles de dignidad y autodeterminación es aprendizaje de cero a siempre.
«El ser humano está condenado a ser libre», a decidir echar su propia suerte. Es su fuero de autodeterminación en goce pleno de su facultad ética para construirse en libertad, voluntad y vocación de excelencia humana. Tiene todo el derecho y oportunidad de llegar a ser la mejor versión posible de su vida digna autónoma. Alcanzar su propia cúspide.
El sentido de vida y significado de ser valioso en humanidad se instala indeleble en la cognición de la persona a partir de la primera noción recibida de aprecio, amor propio, respeto orgánico y plena responsabilidad de sus decisiones y actos. En los primeros aprendizajes de infancia. «Puedo hacer lo que me da la gana…pero con responsabilidad por mis actos», dijo Sebastián a sus seis años en la jornada para formar autonomía, en pedagogía con la familia en el colegio a bordo del proceso Sociedad para todos, sintonizados con los derechos, deberes, equidad, inclusión de la diversidad humana.
Es enterar primero desde casa, la familia, al nuevo ser humano desde inicio, infancia, formado en la ética de lo posible, que tiene un abanico, arco iris de posibilidades para construir su mejor vida en su tribu, los pies en su tierra, desde sus raíces, arraigo y pertenencia, hasta llegar a sentirse admirable y digno de su logro humano ante el espejo de su conciencia espíritu. Así valió la pena el esfuerzo vivido al final del camino, recordará aquel niño ochenta años después. Todo luchado, todo ganado, nada regalado ni tomado por abuso. Así se forma el ser humano incorruptible que jamás llegará a tener precio. Hay muchos seres humanos con ése espíritu y testimonio de vida digna que ignoran qué es el fariseismo. Encontrarlos es clave. Invisibles la mayoría en su anonimato lejos de lo innecesario y banal. Hay bonhomía genuina, orgánica, química suficiente. Sin etiquetas falaces de » los buenos somos más…». Esos carteles sobre la cabeza delatan la carencia del anuncio hueco.
Transar la dignidad en trueque es convertirse en esclavo de un comprador de su conciencia, entregarle las llaves de su vida autónoma a un proxeneta electoral, a un traficante mafioso tratante vendedor de consciencias. Vender el voto es decirle a un corruptor que compra, por una moneda, «soy su objeto, mercancía y puede usarme y hacer conmigo lo que quiera».
Va a seguir pasando, pero ante un fenómeno que atemoriza a los proxenetas electorales, mediáticos y otros traficantes de engaños y daños colaterales contra la verdad pública; el gigante dormido de la dignidad en la diversidad de los colombianos excluidos con cédula de ciudadanía se sacude como movimiento telúrico de alta escala y desata el pánico entre los «prostituyentes» compradores de votos en famiempresas del negocio electoral.
Ser ciudadano leal con plena dignidad, integridad en una democracia real es no considerar jamás la opción «suicida» de vender su voto que significa todo en consciencia, libertad, autodeterminación, dignidad irreductible. Ninguna conciencia digna será prepago jamás.
Escrito por Hernando Ayala M Periodista Mail disnnet@gmail.com


