miércoles, marzo 4, 2026

SIN MOROS EN LA COSTA

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Faltan meses, los que pueden dar tregua para que surja una figura deslumbrante, que en su discurso encarne genuinamente las vicisitudes de un pueblo que sufre, que logre el enfoque de las cámaras y construya una hinchada que lo fortalezca, mientras tanto, seguimos sin moros en la costa.

A un año de la primera vuelta de la elección presidencial en Colombia no se vislumbra un candidato o candidata cautivador(a) que pueda congregar a millones de ciudadanos(as) en torno a su nombre y a sus propuestas electorales.

El descontento, cualidad que nos representa a los colombianos, sigue triunfante en el país, ni Petro con su grandilocuencia e intento reformatorio logró transformar esa visión de pesadumbre que con sobrada razón cargamos en el corazón.

Este no es un país fácil de vivir, de soñar, de gobernar y otra cantidad de verbos conjugables de la actividad política, es un país complejo, no solo por su multiculturalidad, sino también porque arrastra enormes problemas que lo hacen poco amable para vivir.  Un conflicto armado irresoluto, unas desigualdades fatigosas, una politiquería y corrupción insondables, una cultura mafiosa, entre otras cuestiones que nos hacen completamente falibles al momento de elegir.

Petro candidato fue un faro de cordura en medio del frenesí derechoso que se negaba a perder el poder, entre la locura de un Hernández -derecha maquillada-, la ignorancia fascista de Fico y la falta de arrojo y definición fajardista –centro-, hicieron brillar con luz propia a Petro. Con él se demostró que era posible el voto de opinión ganador y que el encanto irresistible de una próspera locuacidad que lograra encarnar las penas cotidianas del votante, sí podía obtener una victoria electoral, ojalá que haya quedado atrás la época del voto amarrado a la teja, al ladrillo y al contratico que tanto daño hace a las personas y a la democracia, pues ese sistema lleva al poder a los peores de la sociedad, son los inescrupulosos los que triunfan cuando el clientelismo es la bandera electoral.

Pero también los errores en su rol presidencial de ese brillante candidato, están dando al traste con la posibilidad de que un(a) aspirante que auténticamente le apueste a la transformación del país pueda obtener el favor del electorado.

No todo ha sido malo en este gobierno –como lo quieren hacer ver los poderes de siempre-, hay avances que solo los necios no reconocen, pero las equivocaciones o terquedades del presidente cobran mayor preponderancia por dos razones concretas, la primera porque el relato de su campaña imprimió una esperanza de cambiar todo aquello que nos agobia desde hace años, pero su tiempo se está terminando y no logró cumplir su promesa y, porque los medios de comunicación que otrora fueron caja de resonancia de los gobiernos de turno, en este se han encargado de hacer la oposición que la derecha no ha sido capaz, magnificando cualquier salida en falso del presidente. Es pertinente recordar que mi voto fue por él.

Vistas así las cosas, poco terreno abonado tiene la propuesta petrista en la campaña presidencial que se viene, pues el desencanto en aquellos votantes que lo eligieron no porque su corazón late del lado izquierdo, sino porque fueron cautivados por un candidato fascinante, que de presidente no lo fue tanto, hará lo suyo en las urnas del 2026, además hay que recordar lo afirmado por el propio Petro en el Consejo de Ministros televisado el 4 de febrero en su defensa por Benedetti, a él no lo eligió la izquierda porque la izquierda no pone presidentes -pero se equivoca porque la derecha siempre elige la derecha-, en esa misma lógica, él, desatendió a ese electorado -que le dio la victoria- y que no es de izquierda pero si estaba y está necesitado de cambios porque le asfixia la inmutabilidad del statu quo.

Igual le sucede a la derecha, una rémora del cambio, carece de un candidato o candidata que logre adornar las rayadas apuestas de Dios, Patria y Familia que ya no conmueven ni en confesionario de pueblo sin vías. Sus alfiles, raquítico favor le están haciendo, pues a más de seducir producen mofa, su falta de contenido en el discurso, su falaz verborrea y su nefasto historial, cada vez los hacen menos atractivos para un electorado que comienza a ser perspicaz.

El centro colombiano que cuando puede gira a la derecha y cuando no puede también, carece no solo de candidatos sugestivos sino de la credibilidad que debe dar una línea política al interior de la polis, Fajardo se jugó mal su capital político, su falta de definición arrastró al centro a un precipicio del que no termina de salir y Claudia que tanto fervor generó al inicio de su alcaldía salió tan mal librada como el propio Peñalosa.

Faltan meses, los que pueden dar tregua para que surja una figura deslumbrante, que en su discurso encarne genuinamente las vicisitudes de un pueblo que sufre, que logre el enfoque de las cámaras y construya una hinchada que lo fortalezca, mientras tanto, seguimos sin moros en la costa.

 

@adrigoco

1 COMENTARIO

  1. Opiniones validas en el análisis general. Sinembargo hay demasiados moros en la costa, todos gritan yo soy. Todos quieren ser presidente(a). Para eso son políticos. Pero lo más apremiante es educar sobre las elecciones parlamentarias, este gobierno ha servido,entre otras cosas, para mostrar las mañas y los atascos del cambio por las componendas y la corrupción de senadores y representantes. Me gustaría que se centrara más la discusión en ello. Lo presidenciable se decantará como siempre, con encuestas pagadas, caudillismos y quemados que traen rabo de paja bastante secos: Lleras, Fajardo, Cabal, Bolivar y muchos moros más.

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