También somos la tarde,
la tarde en el ocaso prisionera de las lluvias;
húmedos en la intemperie,
cual péndulos ciegos arrastrados por el tiempo,
por el destino, por los ríos de la vida hacia algún mar
tiritando, esperando.
Antes de la tarde existió la herida
antes de las lluvias y las tempestades
imploramos eternidades impuestas de cielos;
caminando en lo efímero
de los seres que sangrantes nos habitan …
Y nuestro aliento cercano a la noche.
Insomnes en refugios espererando que cesen los aguaceros,
cautivos de mariposas sobrevolando el lago primordial,
planeando sobre vidas que brillaron bajo el sol,
vidas desaparecidas para siempre en un instante;
así es la esperanza en la tarde venturosa de los ríos.
Aleros en oasis reclamados por sombras;
espejismos en la profundidad del valle.
Vagando en un verano de ensueños,
luz dolorosa habitada por adioses
y la puerta del ser que emigra una y otra vez sin pausa
en su orfandad hacia la nada.
II
Ahora soy Onésimo y regreso al refugio de las palabras
ebrio y delirante
vecino de la canícula y del olvido,
añorando las hierbas secas del camino
habitante de la torrides en los solares
que desembocaran pronto en las nostalgias;
batalla diaria de la piel y el designio de las formas.
Tarde; oasis de sombras debajo de la arboleda bienhechora,
desigual lucha de la carne con los cielos
y al final todo desembocara en la pasión del mediodía,
salpicada con la esperanza de las hojas de la memoria
siempre puntual en el crepúsculo
antes del naufragio en el anochecer;
en el ocaso que nos circunda con brazos de viento y de olvido.
Hálito encadenado por la espátula dorada en el azogue de los cielos de la tarde,
bandadas de aves regresando a sus nidos
desde tiempos inmemoriales,
en la divergente armonía de las cigarras que empiezan a morir exhaustas
en nuestra tierra caliente;
cantando.
Es el momento de hermanarnos,
dialogando con los amigos y la familia,
abrazados,
adornando el ritual diario con algún licor entre las manos
el néctar de las palabras y las sonrisas,
de la tarde que agoniza.
Y no pocas veces pensamos luego en lo profundo de la noche de esa manera triste
como se suele pensar entre el sudor y el cansancio después de la entrega.
Onésimo Vásquez posada
Enero 11/2026
D.R.A – Colombia



