miércoles, febrero 4, 2026

ULISES Y PENÉLOPE A LA CRIOLLA, UN AMORÍO FAMILIAR.

OpiniónActualidadULISES Y PENÉLOPE A LA CRIOLLA, UN AMORÍO FAMILIAR.

 

La conocida historia del regreso de Ulises a su hogar después de los diez años del asedio y caída de Troya, y de los diez años del desventurado viaje que dio origen a la palabra odisea (“Odysseia” en griego antiguo), tuvo un parangón con una historia de amor ocurrida en mi familia, con viaje a tierras extrañas, historias inéditas, retornos, y un desencuentro final que no permitió la reconciliación o, en este caso, la consumación de esa unión marital.

Mi tío, Félix Martín Ríos Toro en sus años juveniles tuvo un episodio de enamoramiento de su prima hermana Angélica Marín Toro, amorío rechazado por parte de la familia Ríos Toro, la razón es que siempre en mi familia se consideró que las primas eran como las hermanas y era motivo de rechazo y vergüenza tener amoríos o tratos carnales entre parientes.

Yo una vez, estuve en igual situación de atracción con una de mis primas segundas, Nidia Gómez Toro, decidí visitarla con interés de cuadrármela de novia, fui recibido con muestras de simpatía e interés por parte de ella; cuando mi mamá se enteró de mi viaje, no solo me regañó, sino que lamentó que de todos los defectos de mi papá, yo no hubiera heredado su facilidad para entrar en tratos con el sexo femenino y tuviera que buscar novia en mi propia familia, según sus palabras: “La sangre solo sirve para hacer morcilla”.

Aunque no me di cuenta en ese momento, estoy seguro que mi mamá y su prima hermana Elisa Toro (mi presunta futura suegra),se pusieron de acuerdo y cuando viajé a Cartago a visitarla de nuevo, Nidia me recibió desganadamente, dijo no sentirse bien y no querer conversar y  yo, que en asuntos de mujeres he practicado la filosofía de “dos cucharadas de caldo y mano a la presa”. Y sé que  “el amor ni se ruega, ni se obliga”, entendí que no quería nada conmigo y jamás intenté comunicarme con ella o volver a buscarla, eso sí, guardé por varios años el estuche de la chocolatina Jet que ella me obsequió y que compartimos en nuestra primera y última cita amorosa.

Al estilo de Ulises, mi tío, siendo muy joven salió de Marsella con la promesa de volver, y aunque no se embarcó como el héroe griego, ni se demoró veinte años para retornar, si fue a parar a un sitio relacionado con el mar, Buenaventura, donde consiguió empleo en Puertos de Colombia, allá le tocó ver los efectos del 9 de abril de 1948, como conservador. Hablando de aquella fecha recordaba que la mayoría de policías del puerto eran liberales que abandonaron el cuartel y se unieron al levantamiento popular en la ciudad; según mi tío, como el cuartel quedó desprotegido, él se encerró en la armería impidiendo que civiles o policías tomaran armas para salir a cometer más tropelías en las calles; siempre pensó que su actuación tenía algo de heroico, y que al  menos deberían haber dado una medalla, ya que los desmanes en el puerto no fueron tan graves, y los muertos fueron mucho menos, gracias a su actuación.

 

Posteriormente por un golpe de suerte, producto de seguir las recomendaciones paternas: “hay que mantener la puerta abierta a la suerte, compre cada vez  que pueda unos 2 o 3 quintos de lotería”, se ganó un dinero que para aquella época era el equivalente a la cantidad que mi abuelo debía en hipoteca de la finca, de manera que con ese dinero regresó y recibió, a cambio de pagar la deuda, la promesa de recibir luego parte de la finca como pago, cosa que nunca ocurrió, pasaron los años, el abuelo murió en 1963 y la abuela Mariana Toro para cumplir la promesa le entregó sin ningún papel unas dos o tres cuadras de una caturrera nueva, terreno que sería de su propiedad a la muerte de la abuela que ocurrió en 1968, nunca pudo poseer su pequeño cafetal porque fue ahuyentado a tiros de escopeta por unos sobrinos, que a la final se apoderaron de su tierra.

Decepcionado y bastante mayor, en 1968 viajó de regreso a Buenaventura con la ilusión de reenganchar en Puertos de Colombia y pensionarse en la empresa, situación nada fácil por su edad, pero él demostró ser un hombre muy persistente y con gran fe en Dios.

Las cartas que mi madre recibía de parte de Félix eran misivas cargadas de optimismo: “ya hablé con el Dr. Fulano de tal, gamonal conservador quien me prometió hacerse cargo de mi caso”, “todo va muy bien, ya me hice amigo del Dr. zutano de tal, el jefe liberal que me esta apadrinando”, todas sus cartas eran un canto de fe y esperanza, nunca dudó de que se jubilaría en la empresa, ni expresó una palabra de desaliento o duda, siempre mantuvo la fe intacta. Incluso mantuvo la frente a en alto cuando todo se complicó, la cosa fue así: para sobrevivir mientras era reintegrado a Puertos de Colombia, tuvo que trabajar como celador nocturno de un aserrío, una noche lo asaltaron e hicieron un robo; el tío fue golpeado con una varilla de hierro y perdió uno de sus ojos, lo que complicó más aún lograr su propósito, porque ahora estaba más viejo y tuerto (una especie de cíclope triste), pero eso no le afectó, siguió luchando y contra toda lógica, fue nombrado de nuevo y salió pensionado de la empresa después de varios años de trabajo.

Al regresar después de 25 años en Buenaventura en 1993, supimos otra de sus historias, una que lo alejó de la promesa de retorno, pero no solo por un año como en el caso de Circe y Ulises; el tío Félix nunca fue, según mis conocimientos un don Juan, su pasión eran los billetes de lotería que los vendedores encartados echaban a sus bolsillos, en calidad de fiados, a sabiendas que el sería incapaz de resistirse a  recibirlos y que los pagaría cumplidamente con su salario, ilusionado en repetir el golpe de suerte de su juventud, cosa que jamás ocurrió.

En esa nueva época en el puerto siguió con su inveterada soltería, su único amor fue la lotería: viviendo en casa de su compadre Aparicio vio crecer los hijos e hijastros de éste caballero; una de esas hijastras, una morena linda de sangre ardiente, resultó embarazada en su estreno amoroso y fue echada de casa por Aparicio, de manera que esa muchacha solo podía ir a visitar a su madre y recibir comida y atenciones cuando dicho señor estaba en jornada laboral; Félix se compadecía de la situación de embarazo y desprotección de la joven mujer y le ayudaba a ratos para gastos médicos, pasajes y otras pequeñas cosas.

Pasados unos meses de esa incómoda situación y ante el avance del embarazo, la madre de la joven le hizo una propuesta al tío: “Ud. y esta muchacha están solos, necesitan ayuda y compañía, por qué no se juntan como pareja”, él, teniendo en cuenta la diferencia de edades entre ellos, no tomó la sugerencia muy en serio, pero a la muchacha, necesitada de apoyo y dinero sí le sonó y, con el pasar de los días la situación resultó tan ventajosa para ambos, que mi tío terminó conviviendo con la mujer y reconociendo al recién nacido como su hijo.

Inicialmente ella tomó el asunto con seriedad, en palabras de mi tío: “al comienzo las cosas estaban muy bien, ella procuraba salir conmigo como pareja, pero yo me sentía desubicado, fuera de lugar, no tenía ni la alegría, ni el vigor, ni la juventud de mi joven pareja, y aunque la acompañé a muchas fiestas, me limitaba a tomarme algunas copas con ella y sentarme a verla bailar”; la realidad se impuso y con el pasar del  tiempo cada uno siguió su camino, pero el tío siguió atado a aquel niño (ahora un joven que pedía dinero para sus estudios de bachillerato y universidad) y a su madre que seguía explotándolo económicamente, de manera que tuvo que regresarse a su tierra natal (Foto 1), para escapar de esa “Circe” que lo explotó por casi 20 años.

Iglesia y parque principal de Marsella, Risaralda, cortesía del autor

Mientras eso ocurría, Angélica languidecía cuidando a sus ancianos padres, permaneció sola, nunca buscó otro amor; Félix, después de esconderse de su mujer y de su “hijo” que ya había alcanzado la mayoría de edad, y habiendo recuperado en la práctica su amada soltería, decidió buscar al amor de su primera juventud y pedirle formalizar su relación; dicen en mi familia que nuestra “Penélope” le contestó: “Ya para qué Félix, ya que no pudimos disfrutar juntos las alegrías de la juventud, no vale la pena compartir las tristezas de la vejez”; de manera que la historia tampoco terminó como la de la Penélope de Serrat: “Dicen en el pueblo que el caminante volvió/ la encontró en su banco de pino verde/ la llamó: “Penélope mi amante fiel, mi paz, deja ya de tejer sueños en tu mente”/ Mírame, soy tu amor, regresé/ le sonrió con los ojos llenos de ayer/ “no era así su cara ni su piel/tu no eres quien yo espero” (ver video al final).

Ante la respuesta de Angélica, Félix ya setentón se vino a vivir a Pereira, siguiendo con su vicio de comprar lotería y chance, su vendedora de chance una cincuentona con quien hizo gran amistad, le propuso trastearse a su casa y así terminó emparejado con una buena mujer que lo cuidó, aseo y alimentó con gran dedicación hasta su deceso.

Esta historia, es un homenaje sincero y filial al tío campesino que, a pesar de no tener ningún título formal, fue nuestro modelo de formación académica, traductor de textos en inglés y francés, mi primer maestro para resolver crucigramas, lector empedernido, dueño de una colección de revista Selecciones, que saqueamos y donde conocimos muchos episodios de la segunda guerra mundial.

Fue nuestro amable, y noble compañero de cuarto cuando siendo niños íbamos a la finca de los abuelos, siempre lleno de historias, anécdotas y sabiduría. Dios lo tenga en su gloria.

*Danilo Salazar Ríos.    

 

2 COMENTARIOS

  1. Buen día Danilo. Excelente y romántico escrito.

    » El mar es peligroso, las tormentas son terribles pero no es excusa para quedarse en tierra «, una de las frases que más me apasiona expresar y escribir cuando puedo cuyo autor es el gran navegante Fernando Magallanes. El escrito es de un «navegante del amor» quien buscó el verdadero tesoro y lo encontró con la vendedora de chance, quien lo cuidó hasta su deceso.

    El amor tiene estas cosas, a veces empieza encendido y termina frío como un tempano de hielo, a veces no parece y luego de intentarlo no lo es ja ja y en otras ocasiones va creciendo sin darnos cuenta para ser atrapados, lo cual es esencial para el complemento y el crecimiento de nuestras vidas.

    Dicen que el amor no tiene edad pero en lo personal pienso que sí ya que esas diferencias tan marcadas al final cobran factura, evidenciándose muchas veces en ruptura y sobre todo si una de las partes es joven, ya que mientras que una de ellas se rejuvenece, gana vida, la otra se envejece, pierde vida hasta llegar el momento por instinto de supervivencia de abortar la misión, dejar el barco, bajarse del bus o como dicen los muchachos, abrirse del parche.

    » El mar es peligroso, las tormentas son terribles pero no es excusa para quedarse en tierra «, una gran frase que anima al ser humano a buscar lo que desea, encontrando el tesoro deseado pero no con el guión que tenía establecido.

    Feliz día Danilo. Excelente historia y siga escribiendo Danilo.

    Felicidades.

    • Hola Isdaen: muy bueno su comentario, como siempre muy acertado en tocar otras aristas de tema amoroso y mejorar mis escritos. Mil saludos y bendiciones, mil gracias por leer mis escritos.

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