Cuando una ciudad o región tiene un aeropuerto competitivo, sus indicadores de desarrollo y crecimiento son significativamente más altos que en aquellos territorios donde esta clase de campos no son adecuados y, por ende, tienen poco movimiento.
Las ciudades que lideran los indicadores económicos y sociales, en general, poseen aeropuertos potentes y en torno a ellos se han creado polos de desarrollo que reconfiguran la economía, las infraestructuras, el equipamiento de servicios y los espacios públicos.
Las urbes altamente competitivas tienen aeropuertos modernos y dinámicos, y desde allí se impulsa el transporte multimodal y se crean distritos especializados para recibir las nuevas industrias y las empresas de carga. Acompasado, se da la apertura de más vías; más ofertas de servicios logísticos nacionales e internacionales; construcción de hoteles, viviendas, centros comerciales y áreas culturales; y funcionamiento de centros de mantenimiento e instalaciones de alta tecnología.
Los aeropuertos bien gestionados, no son solo una pista y una terminal de pasajeros. En realidad se convierten en polos de desarrollo, que deben tener un apartado muy importante en el ordenamiento del territorio.
Los aeropuertos son infraestructuras que se deben ir modernizando, ṕara responder a las nuevas tendencias y avances tecnológicos. Eso significa tener planes maestros de acción e inversión de mediano y largo plazo. En muchas ocasiones, los estudios proponen ampliar las pistas de aterrizaje y las calles de rodaje, así como la urgencia de mejorar la seguridad tanto en tierra como en aire. También un aumento de plataformas y hangares. Y en algunas oportunidades, la recomendación es construir una nueva infraestructura.
Esto último es especialmente retador para aquellas ciudades que ven cómo su aeropuerto tiene pocas opciones de mantenerse con el nivel actual de operaciones, debido a circunstancias muy específicas relacionadas, entre otras, porque su pista o su ubicación ya no permite el aterrizaje de las nuevas aeronaves, que requieren más espacio por sus dimensiones y por la cantidad de carga que transportan.
Muchas aerolíneas están cambiando su flota por aviones de mayor capacidad. Boeing y Airbus tienen pedidos de sus modelos 747-8 y A380-900, respectivamente, que necesitan pistas con longitudes superiores a los 3.000 metros para operar con carga completa. Otros modelos como los 737 Max y A320, también de ambas compañías fabricantes, operan en aeropuertos con pistas de más de 1.900 metros.
Estos últimos dos modelos de aviones pueden aterrizar o despegar en pistas un poco más cortas, pero deben sacrificar un porcentaje del peso de su carga, y eso vuelve las operaciones antieconómicas para las compañías o demasiado costosas para los usuarios.
La conclusión, es que aquellos aeropuertos que son seguros y atractivos para las empresas de aviación, tienen como recompensa para las ciudades la posibilidad de ver florecer nuevas inversiones, ser preferidas en la relocalización de empresas, beneficiarse de la creación de empleos, tener un aumento del turismo, impulsar la mejora de la conectividad, acceder a servicios muy especializados, desarrollar la logística, aumentar el comercio, construir mejores infraestructuras, e incentivar la formación de profesionales dedicados al sector aeronáutico.
*Gerente Región Administrativa y de Planificación – RAP Eje Cafetero


