La película colombiana UN POETA del director Simón Mesa Soto me deja un sinsabor. Y es que comienza cayendo en el lugar común del poeta maldito setentero, alcohólico, lector y seguidor de Bukowski, aunque dice ser de José Asunción Silva y lo tiene pegado a la pared como si de un santo se tratara. Arquetipo lejano a lo que hoy es un poeta, sujeto y sujeta, lejos de tal paradigma, y más cercano a ser un personaje cuya trascendencia es la selfíe, la vanidad del libro publicado o autopublicado, la autorreferencialidad constante, mientras Óscar vive en un pasado fantasmal, el poeta contemporáneo, vive en un presentismo constante, va al gimnasio, rinde culto a su cuerpo, se pule la barba en la última barbería de moda, viste bien, se motila y se baña, a propósito la última escena de Óscar Restrepo bañándose es un chiste clásico y viejo, propio de quienes denigran del ejercicio de la poesía como una labor que no da plata y no genera rentabilidad.
Hoy un poeta es un ser banal, y la poesía circulante en muy pocas circunstancias es de alta calidad o no ni vale siquiera el esfuerzo de comprar el librito, los grandes poetas que se encuentran en anaqueles de librerías, están lejanos a las disputas de la provincia y quizá ni por enterados se den de los poetas que no pasan de los cuadernos de colegio y que mueren en el total anonimato.
Por otro lado, el contacto de los estudiantes en las aulas de clase con la poesía es escaso, el currículo educativo mira la poesía desde lo estructural y conceptual, quitándole ese ámbito creativo y lúdico esto se evidencia en la escena dónde Restrepo, con un pocillo de café con ron en una mano y un termo en el otro, mal trajeado, jorobado y casposo, les lanza un discurso intrascendente a sus estudiantes sobre la poesía, encontrado mofa, burla y resistencia, y entre eso una estudiante que escribe poemas en un cuaderno, pero a la que la poesía no le interesa cómo oficio.
La chica poeta y musa a la vez, no quiere ser poeta, no quiere fama ni prestigio, no la mueve eso, la poesía nada más que cuando esta se le revela en el cuaderno de notas ajado que carga en su morral. El sino trágico de está chica está en que escribe poesía, pero no le interesa, lo hace como un ejercicio autoconfesional, sin más interés que el decir.
Sin embargo la película toca un tema, que si hubiera sido el central, quizá si hubiera merecido ser la bomba molotov del cine colombiano del año y es la mafia de los festivales de poesía, el mundo oscuro de trago, drogas sexo y dinero que allí circula, las lógicas de lobby y lagartearía de melena y cuello tortuga que hay que ejercer para cinco minutos de estrado en un festival, máxime cuando la película sucede en la ciudad que acoge el festival de poesía más grande de Colombia, al que acceder es casi imposible, si no perteneces a la logia de cofrades del verso y del mutuo elogio, este tema, se encuentra con el de la poesía militante, que debe hablar de lo marginal mientras sea rentable, la hipocresía de los financiadores del festival, y la lógica enriquecedora de los gestores culturales, además de los odios e insolidaridades propios del sector, este hubiera sido un tema para una película contundente, pero el tema es abordado apenas como un trasfondo dentro de todo el melodrama existencial y tele novelesco del poeta protagonista y su imposibilidad de ejercer la paternidad.
Y el tercer punto de confluencia ligado a la lógica de los festivales, parece calcado de varios festivales del de ellos el de Pereira, es la utilización e instrumentalización de los talleres de poesía que como iglesias y congregaciones que prometen la salvación divina, estos a su vez prometen a mucho jovencito incauto cuya inquietud literaria está emergiendo, volverlos poetas y hacerlos famosos, y terminan siendo instrumentalizados para obtener recursos, y construir un prestigio falso, este tema es tocado tangencialmente en la película, y aquí sí, Óscar es relevante porque es la imagen del poeta vocacional, trashumante y trasnochado, ebrio y con tufo, trascendental y desarreglado, contra la del aprendiz y candidato a poeta, joven, bien vestido y sin calado artístico que estudia al poeta maldito, pero quiere mantener el estatus social de salones de té, champaña, flashes y prensa.
Siento un sinsabor, porque la poesía es un oficio noble y necesario que aún sigue siendo visto desde la sospecha y el rechazo general, porque los poetas se han profesionalizado, ya son pocos lo que son alcohólicos y se han ido al otro extremo de lo fitness, el tatuaje, el yoga y el animalismo, lejos está hoy un poeta de ser un Jattin o un Silva, ni siquiera un Bukowski, poeta que a propósito como la hija del personaje principal, tampoco me gusta.
MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINA



En esta Nota breve sobre una valiosa (Para mi y El Festival de Cine de Cannes) cinta colombiana, Miguel Angel Rubio, POETA, pone various dedos en varias llagas. No es crìtico de Cine (que lo puede ser fácilmente porque ve, lee, escribe, piensa y siente Las artes todas) , pero pone parte de sus vìsceras sobre la mesa, sin temor, con ganas, con soberbia y sensibilidad. Porque es POETA.
Estas en lo cierto.