miércoles, febrero 4, 2026

UN “TIGRE” A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

OpiniónActualidadUN “TIGRE” A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

 

*Por JORGE CARDONA

ABELARDO DE LA ESPRIELLA, en su condición de candidato a la presidencia de la República ha utilizado una imagen muy precisa para describir sus características, mismas que lo han visibilizado como una opción para aspirar a dirigir los destinos de la nación; ese “tigre” como él mismo se ha autodenominado representa unos elementos que es preciso analizar para entender el mensaje, la imagen utilizada y el público con el que quiere conectar.

 

Un tigre es un animal salvaje, depredador por naturaleza y carnívoro por biología, adaptado por la evolución natural con una dentadura especializada para destrozar a sus presas, las cuales en su mayoría son capturadas gracias a una sigilosa capacidad para mimetizarse y camuflarse con su pelaje de manchas entre los arbustos de similar color, lo que le permite sorprender a sus víctimas en una rápida operación mortal.

 

El tigre usualmente selecciona a sus presas, aquellas a quienes premeditadamente considera débiles o fáciles de atrapar al no ofrecer mayor capacidad de fuga o a quienes no tengan la capacidad de enfrentarse en igualdad de condiciones; jamás se observa al tigre enfrentando a rinocerontes, elefantes o animales salvajes de igual o superior tamaño, de lo que se concluye que su estrategia se reduce a una simple conducta de emboscada.

 

Si bien es cierto que el tigre culturalmente se asocia con características de poder y valentía, en el plano político su imagen resulta contraproducente, en la medida en que la democracia como instrumento para garantizar la paz y la tranquilidad de los habitantes de un territorio representa todo lo contrario a un tigre cazador solitario quien a través del camuflaje y mediante la emboscada caza a sus débiles presas.

 

Abelardo representa todo lo malo de la política en Colombia, un joven abogado inexperto en temas públicos pero que a través de su tono fuerte se disfraza en un personaje que aparenta ser la solución a muchos problemas pero que después de levantar la máscara se puede evidenciar que sus logros se reducen a asesorar y representar a paramilitares, narcotraficantes y estafadores, casi todos confesos y condenados.

 

Abelardo evidencia una falta de capacidad del elector quien se deja sorprender por las escenas teatrales de los candidatos a través del cuales simulan tener el conocimiento del estado, pero no han participado en ninguna actividad democrática y publica que merezca el reconocimiento como lideres políticos.

 

Y no se trata solamente del camuflaje de habilidoso felino utilizado por Abelardo de la Espriella para cazar a los frágiles electores sorprendidos por el devorador de votos, sino que disfraces similares son utilizados por candidatos que como Vicky Dávila pretenden mostrarse como estadistas cuando realmente han sido contadores de historias.

 

Actores como Abelardo de la Espriella que hoy posan como candidatos a la Presidencia demuestran que nuestra democracia realmente es participativa, pero su ascenso en las encuestas demuestra igualmente que siguen existiendo ingenuos electores que se dejan atrapar por personajes camuflados de estadistas.

 

Nótese que aunque el abogado litigante no se identifica ideológicamente con las ideas de sus clientes, si intenta convencer a los jueces sobre la probidad de sus conductas, comportamientos reales que de antemano conoce para poder diseñar una estrategia, por ejemplo cuando “el tigre” representó al magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt, condenado por el delito de concusión, participó activamente en la defensa del togado, estratagema que cayó al vacío ante la evidencia probatoria que finalmente lo condenó sin que hubiera podido salir avante el vehemente grito de inocencia sobre su cliente.

 

La elección de un presidente de la República no puede reducirse a una figura actoral que represente el candidato sino que debe analizarse la profundidad y coherencia de sus ideas, así como la trayectoria e idoneidad de sus actuaciones; por tal razón la pública afirmación del “tigre” quien manifiesta que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”, representa una amenaza para la institucionalidad y para aquellos que creemos en la ética como elemento estructural del ejercicio del derecho.

 

 

 

 

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