Llueve sin cesar sobre Pereira; el frío nos encierra en casa sin otro horizonte que cumplir los compromisos comerciales y laborales, hasta donde sea posible. Y en medio de estas circunstancias nada halagadoras llega la invitación de nuestra amiga y colega Patricia, para participar del Seminario Internacional de Periodismo y turismo en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, en La Habana. Mi reacción es tan instintiva como inusual: Acepto!. Sin medir las consecuencias de un patrimonio limitado y una agenda copada. Pero a mis años, como dice el historiador y ex alcalde Jairo Arango, no se puede “procastinar”, porque “no queda tiempo de aplazar los sueños”. Así que reúno los dólares apenas justos para pagar la cuota de inscripción y la compra de cachivaches, y me dispongo a iniciar el recorrido.
El viernes 13 de junio a las 10 y 30 de la noche vuelo en un Airbus de Avianca con rumbo al aeropuerto El Dorado de Bogotá, donde a las 5 y 30 de la mañana deberé partir hacia la capital cubana, en compañía de Patricia, mi anfitriona; además de la ingeniera química Martha Lucero Otálvaro, el ingeniero industrial Gilberto Cardona, y la empresaria del turismo Luz Adriana González.
Desde el abordaje (madrugada del 14 de junio) hasta nuestro regreso (sábado 21 al mediodía), mi corazón y mi cerebro han acumulado tantas experiencias que imposible sería reunirlas en una nota de 700 palabras para publicarla en este medio.
No obstante, desafiando todos mis prejuicios, los invito a que me acompañen a recorrer -en inédita aventura- la tierra donde Ernest Heminway soñaba dejar su cuerpo mortal el día en que el Creador lo llamara a rendir cuentas. Así que ¿cómo no tomar un daiquiri en su bar preferido, el Floridita?

Y claro, como buen habitante de los andes colombianos, mi primer anhelo apenas descendiera del avión, sería disfrutar la vista al inmenso mar Caribe y escuchar algunas historias de sucesivas luchas revolucionarias relatadas por algún guía improvisado, como en efecto sucedió esa misma tarde.

En el recorrido desde el aeropuerto al hotel, una caravana de coches clásicos, algunos de ellos centenarios, parece devolverte en el tiempo. Es como esos desfiles que se dan en Colombia en las fiestas de algunas municipalidades. Pero en La Habana, este cortejo es rutinario; personas del común van en ellos rumbo a sus hogares y trabajo. Viejas máquinas en perfecto estado que aún funcionan por la tenacidad y el ingenio de los mecánicos locales. Esas piezas son auténticas obras de la ingeniería local, la respuesta a un bloqueo comercial que, en este último gobierno de Donald Trump, ha llegado a límites intolerables poniendo en jaque la supervivencia misma del pueblo cubano.


El Costillar de Rocinante no es el título de una novela ni un verso de algún poema cervantino; es el nombre del hotel que nos aloja, propiedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí de La Habana, y hospedaje de los estudiantes nacionales y extranjeros que quieren nutrirse del saber de los profesionales de esta nación.

Aquí pernoctaremos hasta el final de las conferencias, previo a nuestro desplazamiento a Varadero, cerca del pueblo de Matanzas, conocido como La Atenas Cultural de Cuba por ser cuna de escritores, poetas y héroes de la revolución.
Un breve descanso será suficiente antes de lanzarnos a la búsqueda de las primeras aventuras, siendo la primera de ellas en el malecón donde un guía nos contará el origen del Cuba Libre, un coctel que nace de sumar la Cocacola americana con el ron Cubano, para sellar una alianza militar que llegaría acompañada de dominación y ostentación.
Ese será sólo un primer sorbo, porque en una semana son muchos los conceptos que se revalúan los paradigmas que caen y los estigmas derribados por el conocimiento, única herramienta a través de la cual es posible llegar al corazón de las personas.

Bienvenidos a La Habana Cuba; esta es nuestra primera entrega. Esperen la próxima semana el siguiente capítulo de una visita a la capital americana de la resistencia. El país del mojito, el daiquirí, el club Tropicana y su imponente espectáculo, el Teatro Nacional, el ballet, la ópera, el jazz, la salsa, las cristalinas y multicolores playas de Varadero, los hoteles de gran formato al pie del mar. Y claro, también los súbitos apagones, el mercado negro del dólar y las restricciones de los datos. Incluso las filas incontrolables en la Aduana del Aeropuerto a nuestra llegada son parte de la aventura.
Así es Cuba, atrévete a visitarlo.



Qué buen viaje! Y qué crónica tan corta! Apenas empezaba lo bueno se acabó el artículo! Si tu objetivo era crear expectativa pues lo lograste. Espero la segunda entrega para continuar, en tu escrito, mi viaje con tan buen guía y mejor compañía.
Gracias Stella, espero que los próximos capitulos también sean de tu agrado
Gracias por su artículo. Desde Cienfuegos seguí el itinerario del curso y me pareció genial, sobre todo para su conocimiento más cercano sobre nuestra Cuba. Saludos desde el centro del verde caimán.
Luzdeibys
Una experiencia innigualable para nuestros amigos periodistas y gestores culturales. ANIMENSE COMPAÑEROS
Yo creo que me voy animando a repetir
Qué gran viaje, felicitaciones Luis Fernando… la próxima vez, invitan… qué envidia, La Habana es un espacio mágico, con sitios y monumentos históricos fascinantes, la música se respira en todos los ambientes: restaurantes, cafés, parques, bares por supuesto; y hasta en cualquier esquina o tienda de barrio, se encuentran verdaderos talentos en el toque de algún instrumento o cantando un son cubano con esa cadencia maravillosa y sutil que sólo tienen las gentes de la isla… por demás, figuran entre las más longevas del planeta.
Felicitaciones Fernando: un buen viaje, a tierras de las que solo conocemos la versión de las agencias de prensa y la prensa yanqui, dónde el imperio sacado a patadas intenta arrodillar con el bloqueo económico, al pueblo que se liberó de » su amistad», estaré pendiente de las próximas crónicas. Mil saludos y bendiciones.
Gracias por relatar su estancia en nuestra tierra y mostrar al mundo la apreciación de nuestra realidad, con un prisma diferente.
Siempre será bien recibido en la Mayor de las Antillas.
Un fuerte abrazo desde La Habana, Cuba.
Muchas gracias, igualmente en nuestra patria Colombia será un grato placer tenerte de visita. Te recibiremos con los brazos abiertos.
Saludos Luis
Excelente crónica, deja al lector a la espera de lo que vendrá después.
Gracias por escribir sobre mi Cuba que siempre le acogerá de brazos abiertos.
Reyna