jueves, febrero 5, 2026

UNA VEZ MÁS LA PREGUNTA: ¿TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR?

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¿Tiene dificultades para entender a sus hijos o a sus nietos? Esto es algo normal, pero cada día más crítico entre las generaciones nacidas a partir del siglo XX. Los jóvenes son rebeldes por naturaleza y pretenden confrontar todo lo que existe, las normas, las instituciones, los valores, etc. A medida que el progreso se acelera y que los desarrollos científicos transforman la manera de comunicarnos se acrecienta esta brecha generacional y por lo tanto los conflictos.

Los «baby boomers», aquellas personas que nacimos después de la Segunda Guerra mundial entre 1945 y 1964, crecimos en una época de prosperidad económica y optimismo y fuimos testigos protagonistas de importantes cambios sociales y tecnológicos que transformaron el planeta. Muy competitivos y autosuficientes creamos y desarrollamos la computadora que ahora transformada en «inteligencia artificial» amenaza con gobernar al mundo, desarrollamos la ingeniería militar hasta límites insospechados, logramos salir del planeta Tierra y adentrarnos en los confines del universo, descubrimos los enormes potenciales de la energía nuclear, perfeccionamos el avión hasta convertirlo en el sistema de transporte masivo más rápido del mundo y logramos impresionantes avances en la medicina que nos han prolongado la existencia en diez o veinte años más.

Los jóvenes de hoy, millennials o centennials, se encontraron con un mundo casi «hecho», atiborrado de tecnologías que acaparan su día a día y con todas sus actividades pasando por la intermediación de una pantalla. Obviamente todo esto les ha transformado la forma de ver y entender el mundo y la existencia. Recientes estudios de universidades estadounidenses han comprobado esta nueva visión.  En resumen: ha aumentado la proporción de estudiantes que consideran que la riqueza es un atributo crucial, ha caído el interés por los asuntos de la política, disminuyó la noción de «tener una filosofía de vida significativa», se redujo la voluntad de participar en programas de limpieza ambiental, aunque surgió un «idealismo pragmático» con el profundo deseo de hacer del mundo un lugar mejor. Aparecieron también el afán por construir nuevas instituciones y trabajar por fuera de las existentes, la utilización de tecnologías electrónicas y digitales para la comunicación interpersonal, el interés por una virtualidad laboral. Definitivamente los jóvenes de hoy son hablantes nativos del lenguaje digital de los ordenadores, los videojuegos y el internet.

Pero hay muchas otras consecuencias adicionales: se ha disparado un materialismo desmedido, el afán desproporcionado por el consumismo, han surgido brotes contestatarios que dieron origen a nuevos grupos humanos según sus preferencias alimenticias o sus apetencias sexuales como los vegetarianos, los veganos y los lgtbi+, entre otros.

Las artes y las expresiones culturales no han sido ajenas a esta transformación. Ha surgido cierta degradación musical con nuevos géneros disruptivos como el reggaetón, la electrónica, el hip hop, una subvaloración de las bellas artes, un profundo desgano por la lectura que empieza a contagiar la escritura. Están desapareciendo los periódicos, las agendas de papel, el lapicero, las calculadoras, la fotografía impresa y también muchas profesiones y oficios ancestrales que están siendo reemplazados por la IA. Adicionalmente, el planeta Tierra ya no es una enorme esfera con ignotos territorios y naciones desconocidas; viajar por él es tan fácil que ahora son millones los seres humanos que conocen más de medio centenar de países y más de la mitad de la humanidad se ha aventurado a salir —al menos una vez— de su lugar de origen. Viajar se ha convertido en la meta principal los jóvenes hasta el punto de superar afanes históricos como el formar una familia, tener hijos u obtener un reconocimiento social. Si usted es «baby boomer» entienda que el de hoy no es el mundo en el que nació.

2 COMENTARIOS

  1. La degradación de la juventud actual ha llegado a unos límites insospechados, el minimalismo en las artes plásticas ha tocado fondo, los seudoartistas son aplaudidos por el solo hecho de escuchar a un «experto» cuando hace un «análisis» con términos rebuscados endosando a su autor, igual pasa con la música, la más bella de las artes, el Reguetón, la música urbana y otros géneros carentes de todo sentido estético, y no hablemos de la creatividad, las mentes fueron robadas por las pantallas esclavizantes, por todo lo anterior deduzco que el mal gusto está de moda.

  2. Nací en el 72. Veo un mundo lleno de oportunidades, y como lo imagina mi mente, creo que hay muchísimo por hacer. Nuestros jovenes son espectaculares, llenos de creatividad, de fuerza, de ganas…, así que la pregunta que me queda es: ¿vamos a ser los adultos, capaces de orientarlos, de capitalizar todas esas aptitudes que, aprendidas por nosotros, son innatas en ellos? o, ¿nos vamos a quedar añorando de manera atrincherada en el pasado, un tiempo que ya no existe? Porque el mundo puede ser aún mejor, creo que no es sino levantar la mirada para observar que hay mucho oficio por hacer.

    Yo sí que quiero ver unos adultos renovados, responsables, que siguen siendo protagonistas de «cambios distintos» (una cosa es cambiar la infraestructura del entorno y la manera de vivir, y otra es cambiar la propia mentalidad para adaptarla a un nuevo y cambiante contexto humano). O ¿vamos a seguir quejándonos y adoptando el feo vicio de generalizar y despotricar de nuestros jovenes (la gran mayoría son brillantes y amorosos)?, ¿vamos a estar a la altura de un pasado victorioso del que nos ufanamos y a la altura de un futuro que sigue dependiendo de nosotros porque seguimos vivos en este presente? A ver, ¿dónde están esos espíritus joviales, vigorosos y capaces que tenemos y que tanto siguen necesitando nuestros jovenes y el nuevo mundo en el que estamos?

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