La Secretaria de Infraestructura de Pereira, Diana Janeth Osorio, en una entrevista, anunció alternativas de financiación para obras viales de la ciudad, y aunque le preguntaron, específicamente, por la segunda etapa de la Avenida de los Colibríes, en su respuesta se refirió a las obras, en plural, lo que nos hace concluir que la administración municipal está considerando las alternativas de las que habló, valorización y plusvalía, para esa segunda etapa de Los Colibríes, la terminación de la primera y la reconstrucción de la intersección de Corales.
Ante esta expectativa lo primero es advertir al gobierno municipal que el Artículo 87 de la Ley 388 de 1997, dispone que, como regla general, plusvalía y valorización son contribuciones excluyentes, pues sólo permite cobrar plusvalía si no se ha cobrado valorización por la misma obra.
Desde la década de 1990, Pereira utilizó la valorización como instrumento de financiación de obras urbanas importantes, el último proyecto exitoso fue el de la alcaldesa Martha Elena Bedoya Rendón con el que se construyó la Avenida Belalcázar. La aceptación de los pereiranos fue tal que mucha gente pagó antes del plazo.
En el gobierno de Israel Londoño, en 2005, se decretó una valorización por beneficio general, para construir 15 pequeños tramos viales, desconectados y regados por la ciudad, entre ellos el Anillo Longitudinal, concebido como una alternativa a la Avenida 30 de Agosto, hoy inconcluso, porque la parte norte nunca se construyó.
El último proyecto fue del alcalde Enrique Vásquez, en 2013 y fue un desastre, pues lo decretaron con un derrame arbitrario y sin metodología consistente. Una de las demandas de nulidad prosperó y el alcalde del momento, que era Juan Pablo Gallo, quien durante su campaña había pregonado su visión negativa sobre el gravamen de valorización; antes de que fuera publicada la sentencia que anulaba la valorización decretada en el gobierno anterior, salió a decir había decidido no castigar a los ciudadanos con el cobro y que magnánimamente, ordenaba devolver lo que la gente había pagado y de paso satanizó una herramienta, con la que las grandes ciudades colombianas han desarrollado su infraestructura. De manera que transformó la derrota del municipio en una razón para que la gente le agradeciera, es decir, consiguió indulgencias madrugándole al fallo.
Sobre la posibilidad de conseguir la financiación por valorización de la segunda etapa de la Avenida de los Colibríes tenemos las siguientes consideraciones: uno de los elementos que integran el cálculo del derrame es la capacidad de pago de los propietarios de la zona afectada, que en el caso de la que se afectaría con la segunda etapa de Colibríes, su composición socioeconómica es muy heterogénea, con un importante componente en los estratos 1 y 2, para los que se tendría que calcular el gravamen, pero estarían exentos de pagarlo.
La zona también contiene proyectos de interés social que estarían en el estrato 3 y no tendría presentación que propietarios de viviendas subsidiadas por el Estado tuvieran que destinar parte del ahorro que les generó el subsidio a pagar valorización.
Quedan fuera de estas exenciones los estratos superiores que tendrán la capacidad de pago necesaria para contribuir a la obra en proporción a una serie de variables, como el área de sus predios, el uso del suelo y los beneficios directos que les genere la obra, que en este caso estarán modulados por la terminación de la primera etapa de la Avenida, puesto que sin ella las ventajas de la segunda, como es el factor “distancia” a la centralidad, que en este caso es el centro de Pereira, serían muy discutibles.
Con relación a un eventual cobro de valorización para financiar la terminación o la reconstrucción, de la primera etapa de Los Colibríes, la administración municipal encontraría una barrera de considerable altura, puesto que al haber perdido la oportunidad de cobrar a las aseguradoras del contratista de la construcción, la indemnización, que hubiera generado la declaración de incumplimiento del contrato, no tendría presentación que acudiera a los vecinos, muy perjudicados por el abandono de la obra, para financiar lo que su falta de diligencia no pudo obtener de las aseguradoras.
Para el caso de la Intersección de Corales el argumento es similar, en su momento se le advirtió a la administración del alcalde Gallo que, al dejar de lado los diseños originales y quitar el paso deprimido, la intersección estaría colapsada desde el momento de su apertura. Como, pese a todo, la hizo construir, no puede el mismo municipio, pretender que los vecinos carguen con el costo de su error consciente.
Es claro que el Municipio de Pereira necesita usar la contribución de valorización como herramienta para financiar su desarrollo, pero con derrames justos y técnicamente elaborados.


