🔅 La síntesis de la realidad política de Colombia que se resiste a la viudez de poder, está detenida en el horror del 6 de noviembre de 1985 entre las paredes del Palacio de Justicia y Plaza de Bolívar.
🔅 El maridaje sociopata grotesco de esta semana en la escena de los operadores del poder político electoral venal, proviene de los cuarenta noviembres que pasaron de aquel 1985 que fue sellado con la catástrofe de Armero convertido en camposanto con 23 mil seres humanos sepultados por desidia estatal.
Políticos, narcos, militares, presidentes viejos, presidentes jóvenes, guerrilleros de ideologías distintas en armas y sin ellas, policías de todos los matices y comportamientos conocidos, empresarios también de todas las intenciones y motivos, ganaderos, finqueros, ejércitos paramilitares de instrucción mercenaria israelí, presencia de aparato gringo controlador, el pesebre, la escena nacional colombiana ha tenido de todos los actores y protagonistas posibles. Súmele el picó mediático industrial, los altoparlantes del ruido impune distractor con un periodismo sinchi degradado a su peor comportamiento y crisis de confianza y credibilidad. Todos jalando para su lado, nunca para el horizonte común de progreso con todos. ¿Cómo no se ha disuelto en esta olla a presión tapada y a todo fuego este sancocho?🔥
Los dos viejitos, «los cuchos tienen razón», dirá la pegatina en parabrisas de taxis esta semana, ambos estaban en el juego del poder político en aquel noviembre de 1985. El pereirano ya había sido presidente de la Cámara de representantes y el año siguiente sería parte del sanedrín del viejo Virgilio Barco Vargas que tenía la edad del actual primer empleado colombiano.
Ésa vieja política mañosa y mafiosa entiende la maniobra, manipulación electoral para tomarse el control del erario y todo el aparato para la marrullería a favor de sus bolsillos, credo de su maligno mesías Mcpato y en eso anduvieron en la finca del absuelto al que todos sus pares en la mecánica electoral le hacen peregrinación estos días. Patéticos. Haciendo sumas y restas de votos a comprar y cuanto veneno esparcir por los parlantes mercenarios para espantar gente hastiada o emberracar fanáticos de la anti cultura traqueta.
Esos egos malignos no dan vueltas en ideologías ni dilemas por la vida de la gente. Son el pragmatismo del negocio político idéntico a las cuentas del Mcpato maligno y su riviera soñada en el cementerio de Gaza. Sociopatía extrema. Pacto con el demonio necesario. Sin matices. ¿Quién los va a parar? ¿Cuál poder los detiene? ¿Qué puede cambiar ése destino predecible?.
Los tipos calculan para volver a 1984 como la distopia orwelliana, que en 2026 no pueden llegar a las urnas o en el peor de los casos no pueden ser contados más de veinte millones de votos en marzo comicios parlamentarios y definición de candidatos. Así como en las elecciones del vecino, todo bajo control. Si llegan a contar 22 millones de votos en la vuelta definitiva de elección presidencial, difícil lograr el objetivo, la chequera y la firma del primer empleo. Entre menos votos, mejor el negocio. Hay que espantar y bloquear votantes. La estrategia socio. Así volvemos a nuestra plata.
¿Qué debe pasar para que «los cuchos» no vuelvan a ser felices con su negocio a sus anchas con sus hijitos? Que la gente, veinticinco millones de electores, al menos quince millones sin vender el voto, cambien todo el reparto, elenco de la tragicomedia política nacional con todas sus mañas y marrullería para archivarlos a todos del todo. Relevo. Sacar de escena a la mediocracia completa y asumir la responsabilidad de una real democracia para soñar una sociedad para todos, cada quien en autodeterminación vida digna. Más de veinticinco millones de votos es la utopía.
Dejarles el campo libre para la realidad embrutecida, sin memoria y en senilidad prematura es asunto de despreciar el derecho deber de la democracia libre, limpia. El imperio Mcpato maligno está ahí en pesadilla global por cuenta de veinte millones de votos menos que cuando lo derrotaron en su primer intento de reelección. En el segundo, 2024, sacó la misma votación de 2016, pero su oponente tuvo veinte millones menos que en 2020.
Ésas son las cuentas de la decrepitud senil en la vieja política mañosa que quiere regresar cuarenta años al país de noviembre 1985 Palacio de Justicia y Armero, símbolos de ésa impunidad política que busca absolución en la abstención mayoritaria ante las urnas. Así, de ése tamaño es el pulso de la historia macondiana.
Escrito por Hernando Ayala M. Periodista colombiano autónomo Mail disnnet@gmail.com



