Al momento de escribir estas notas convergen en mí muchas sensaciones que, sumadas, casi me llevan a concluir que es bobada escribir sobre la noticia del año que, de una vez puede ser la noticia de la década en América: la «extracción» del presidente de Venezuela; para algunos entendida como la «captura» y para otros el «secuestro» de Nicolás Maduro, quien, en compañía de su esposa, Cilia Flores, fue sacado a la fuerza de sus aposentos, en el lugar que se suponía era el más resguardado de Caracas, el Fuerte Tiuna, y en un dos por tres ya estaba en Nueva York a disposición de un Juez Norteamericano, para la lectura de los cargos criminales del expediente que las autoridades de los Estados Unidos le abrieron desde el año 2019, por actividades presuntamente relacionadas con narcotráfico y conspiración para el porte y tráfico de armas. Y digo que es una jartera el tema, porque nunca antes había estado ante un hecho noticioso con tanto desarrollo, con tanto despliegue e impacto, pero con tan pocas certezas, donde lo único claro es que hay que esperar, porque no se sabe lo que va a pasar, porque ni el propio Donald Trump sabe cuál es el siguiente paso.
Yo francamente no estaba muy al tanto del asunto, y creía que lo del Cartel de los Soles era un mito, hasta que escuché la historia completa contada por ex agente de la DEA Sandalio González, con los sobrinos traquetos de Cilia Flores a bordo, quedándome la impresión de que Nicolás Maduro en verdad está en serios problemas y no es tan inocente ni tan ajeno a las acusaciones, como si creo que lo es el presidente Gustavo Petro, el segundo líder regional en la línea de las advertencias de intervención y captura por parte de los gringos, sobre las que ya no cabe ninguna duda que se pueden materializar en cualquier momento, lo cual explica que sea casi el único tema de conversación ahora en Colombia, hasta el punto que nos hizo olvidar que el Salario Mínimo aumentó el 23.5%.
Terminando la mañana del sábado 3 de enero, con Maduro ya quizás llegando a su escala técnica en Guantánamo, alcancé a publicar en mis redes el siguiente texto: María Corina Machado, a mi juicio, se ganó el premio Nobel de la Paz antes de tiempo; pero para su suerte, y suerte del mundo, llegó la hora y la oportunidad de que lo refrende y lo reivindique. Si queremos una Venezuela estable, el discurso y las acciones de esta señora serán determinantes. Una retoma del poder hostil, revanchista o excluyente, pondrá en riesgo no solo a Venezuela sino a toda la Subregión del Caribe. El peor escenario es una guerra civil en Venezuela, con las repercusiones que ello tendría en Colombia, la nación más cercana y más enraizada cultural y políticamente hablando con los venezolanos. Terminó el tiempo de las narrativas de odio, llegó la hora de los hechos democráticos.
Claro, yo era de los ingenuos que creía que, depuesto Maduro en Venezuela, el paso a seguir era la transición democrática con María Corina o Edmundo González, pero ¡oh sorpresa! A Trump lo que le gusta de la democracia no es el Pueblo sino el capital, y por eso no tiene ningún reparo en que el Chavismo siga, con tal de que el petróleo venezolano se despache exclusivamente para la tierra del Tío Sam.
Queda avisada la derecha colombiana; Trump, además de impredecible, no es de fiar.


