miércoles, febrero 4, 2026

ESE SOY YO

 

Creen que porque nunca me puedo mover del metro cuadrado donde nací, soy inferior a las aves, mamíferos, hombres, hormigas, insectos, peces, que por sus propios medios se mueven centímetros, metros o incluso miles de kilómetros a lo largo y ancho del mundo entero. Cierto, no me puedo desplazar, pero por lo menos tengo muchos menos riesgos de morir en los desplazamientos sobre la tierra, los ríos, los mares o el aire como lo sufren quienes se desplazan de un lado al otro. Muero sí, pero mi expectativa de vida es mucho más probable que la cumpla…

 

Se duelen también porque para moverme, alguien me tiene que desenterrar y cargar, y muchas veces eso me cuesta la vida… Pero lo cierto es que muy pocas veces me mueven de donde nazco, y más bien perduro decenas, centenas o incluso miles de años; y veo pasar millones de aquellos hermanos vivos que se desplazan por tierra, mar y aire.

 

Piensan que no hago ejercicio…, porque no corro, no camino, pero no se dan cuenta de que la lluvia, las tormentas, el viento, muchas veces me ayudan a sacudirme, a mover mis brazos, a sacudir las hojas y ramas secas que son como las toxinas que botan los seres que se mueven, cuando hacen ejercicio. Ocurre, pero muy poco, que a veces las tormentas me arrancan del suelo y muero, como les sucede a veces a los que se mueven, cuando haciendo deporte dan su última exhalación.

 

Dicen que no me divierto porque no puedo ir al baile, o a un concierto, o al cine… O que no tengo la posibilidad de ver la TV, escuchar la radio o la música, y que no me visto a la moda.

 

Pero claro que me divierto, por ejemplo, bailo con el viento e incluso con las tormentas, un poco fuerte con estas últimas como al estilo del breakdance, el zaouli o el hip hop de ustedes los humanos. Además, escucho y con gran concentración la mejor y más antigua música clásica del mundo con filarmónicas espectaculares, que tienen una infinita cantidad de instrumentos musicales de viento como jilgueros, canarios, mirlas, ruiseñores, caracoleros, cardenales de copete rojo, doraditos copetones, golondrinas, petirrojos, garzas y muchos más, incluyendo algunos percusionistas destacados, como los pájaros carpinteros.

 

De agradecimiento a todos les doy techo y muchas veces alimento. Y cuando buscan mi sombra que es bien apetecida, a veces cantan las vacas, los toros, los perros y aún los humanos… de ellos escucho sus cuentos, sus chismes y hasta sus radios y parlantes, así como sus conversaciones eternas por celular…

 

¿Cómo así que no me visto a la moda? Claro que sí lo hago: me visto a la moda con las estaciones de verano, primavera, invierno y otoño… Y tengo flores y frutos de colores y hojas nuevas o me quedo desnudo sin ellas en el otoño y el helado invierno. Y hacemos competencias como desfiles de moda entre las diversas especies de árboles en las avenidas de las ciudades, pero también en los bosques. Y a veces nos toman fotos, nos hacen videos y nos pasan por la tele. Y los enamorados se pasean felices cogidos de las manos, abrazados y caminado por nuestras arboledas florecidas.

 

Me creen triste y limitado porque siempre veo el mismo paisaje… Pero no se dan cuenta de que mi paisaje cambia todos los días de acuerdo con las estaciones del año, con los cambios en el firmamento, el que observo a mis anchas: cambia el panorama con la amenaza de lluvia, con el aguacero, al que le doy siempre la bienvenida… Cambia con cada amanecer, con el pleno sol, al atardecer y en las noches estrelladas u opacadas por las nubes. Y siempre varían los paisajes, aunque ustedes no se den cuenta, pero son muy distintos día a día. Cambia además con lo que hacen los humanos, a mi alrededor, con lo que construyen o destruyen… sniff…  Muchas veces embellecen mi vista, pero también muchas veces veo cosas muy tristes que hacen y que no quisiera recordar.

 

El verano es muy caluroso, pero solo se vuelve grave cuando se convierte en una larga sequía.  Sin embargo, tengo mis grandes secretos y fórmulas para sobrevivir. El otoño es lindo; pero, como ya dije, me deja sin mis hojas, aunque luego tengo la dicha de tener hojas nuevas: ¡retoñan hermosas!

 

Algunos seres me aman, pero otros se divierten arrancándome por necesidad o sin ella, mis brazos, mis ramas y mis hojas que son las captadoras de la energía vital para mí y a veces sin culpa o con ella me ponen el fuego demasiado cerca hasta que me desaparecen. Y hay masacres también… cuando algún pirómano genera incendios innecesarios y se acaban hectáreas de vegetación.

 

No todos mis hermanos árboles tienen hijos, todos los humanos tampoco…, pero los nuestros que son frutos, los producimos y los entregamos con alegría para gusto y beneficio de los humanos y otras especies. Y además muchos de nuestros hermanos árboles, dan medicinas para ustedes y tengo la mejor dermatología para mí: el propóleo para curar mis heridas y que por medio de nuestras amigas las abejas, ustedes también usan.

 

¿Que no tengo cómo comunicarme? Eso es mentira, algunos ya saben que sí nos comunicamos… con mis hermanos árboles, especialmente por debajo de la tierra y puede que no tengamos ojos como los animales, pero tenemos un poderoso sentir en nuestras células.

 

Muchos seres vivos cuando fallecen, solo pasan a convertirse en huesos o polvo. Yo en cambio tengo muchas utilidades cuando ya no vivo: me vuelven cercas, o muebles, o camas o casas o artesanías o marcos de cuadros hermosos, juegos para niños, o piezas de ajedrez, y muchísimas cosas más.

 

Lo más importante: con todos mis hermanos absorbemos las emisiones de carbono que los millones de humanos emiten con todas sus actividades, limpiando el aire para que la humanidad pueda respirar y seguir viviendo sin extinguirse.

 

De todas formas, me siento de maravilla porque además de cuidar el medio ambiente lo embellezco: le doy colores, vida y forma. Unos cuantos humanos son capaces de admirar mi estética… el esplendor de mi arquitectura, que es uno de mis artes predilectos… Crecer y mostrarme hacia arriba, hacia los lados, en formas bellas e inigualables. Me siento humilde y a la vez orgulloso, porque… eso sí: ¡soy el árbol que, con el agua, damos vida a este planeta!

 

César Augusto Muñoz Echeverry

cesarm@cmconsultorias.com

317 4310806

1 COMENTARIO

  1. Maravilloso! Una hermosa coincidencia porque un psiquiatra de tres pesos diría que tengo una ‘parafilia’ por los árboles. Los vi desde mi temprana infancia; los recuerdo, los pinto, los dibujo, los fotografío, los abrazo, los extraño…etc

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