ABRAPALABRA…
Palabra arcana a la que se le atribuyen efectos maravillosos. De allí nace Abrapalabra, como brote natural de años de encuentros, de artistas y personas sencillas, animadas tan solo por el deseo de hallarse, esporádicamente o con entrañable frecuencia, en espacios comunes donde conversar, reír, evocar lo humano, lo histórico, y también revelar lo estético.
Caminan juntos los campos y los senderos, fueron y vinieron entre espacios culturales, compartiendo no solo alegrías familiares, sino también todo aquello que duele, que escarba, que estremece el corazón. Relatos intensos, anécdotas que dejan una espina en la mente y cuatro golpes en el pecho.
Eso que habita en cada ser: en el hombre, en la mujer, a veces niños, a veces jóvenes, ave del paraíso que no deja escapar un solo instante sin creación.
Y así llegó la palabra. Y así, como Abrapalabra, inventaron reunirse cada quince días, los sábados, de manera espontánea, para urdir un diálogo estético, literario, profundo.
Entonces llegó el silencio.
Y en medio del silencio…
la palabra.
La palabra tiene la palabra.
LECTURA PARA UN CONTINENTE DE FUEGO Y BARRO
Inicio esta lectura evocando la memoria del ceramista chileno Sergio Villarroel, cuyas manos no solo moldearon la arcilla, sino también el alma del sur. En ellas cabía la madera, la poesía, el cuento y el acto profundo de construir. Chileno y alemán, pero, sobre todo, colombiano de espíritu —ni uno ni otro, sino ambos y más.
Es para mí un inmenso honor compartir este instante con un puñado de seres luminosos, aquí, en un rincón vibrante de Colombia: Pereira. Venidos de distintas latitudes del sur de nuestro continente, nos reúne la sensibilidad, el arte y esa pasión que atraviesa nuestras raíces comunes.
Ese sur que ha marcado un hito en la historia del mundo, no solo por su geografía exuberante, sino por la profundidad de su gente, su arte, su pasión encendida por lo humano, por lo natural, por lo invisible.
Un sur donde los árboles parecen hablar con el viento, donde los animales son aliados del agua, del fuego, de la tierra y del aire; donde la política y la poesía se dan la mano, entre convulsiones, dictaduras, utopías rotas y sueños democráticos aún vivos.
En este sur, donde a veces sangra el alma, también se escriben las mejores páginas de literatura, se pintan las obras más honestas, y se esculpen las formas más sinceras del arte universal.
Al interior de este colectivo —que es más cuerpo que grupo, más organismo que reunión—, habitan almas con mirada crítica, sensibilidad estética y vocación de eternidad.
Mario, con su pausa precisa y sonrisa generosa, con su pensar lento y palabra honda, nos enseña que también se piensa con el humor. Es un ser hecho de maravillas, de esos que abrazan con la voz, con la calma, con la reflexión.

Susana, mujer de generosidad clara y palabra que atraviesa como metralla dulce, nos revive el espíritu, nos narra la vida como quien canta la lluvia. En sus pinturas habita el principio de vivir adentro, vivir afuera, vivir en lo profundo…Y más allá.
Consuelo, con la calidez de un centro cultural en paz, con su pensamiento organizado y digital, como una brújula ética que en silencio orienta, como paréntesis y punto seguido en cada discusión.

Ricardo, el locuaz del teatro y el títere, que llega a la vida con un chiste en los labios, una carcajada en el alma y un universo de marionetas que construyen mundos felices. Hablar con él es salirse del tiempo, romper la angustia con ternura y juego.
Jonathan, con manos atléticas que acarician las cuerdas de la guitarra, se mece como un volcán refulgente, galopando en círculos de fuego y pasión, para crear música poderosa y profunda…Llega la canción

Esperanza, callada observa, hasta que la voz grave rompe el silencio, temperamento que se desborda, dejando un momento de reflexión, con un toque de humor que ilumina.
Pacho, sombrero bien puesto para que no se le escapen las ideas, caminante erguido con inteligencia fina, que sabe ubicar el pincel y el sentimiento en la arquitectura del pensamiento. Académico sin solemnidad, sabio sin ostentación.
Claudia, incansable, vital, encarnación del teatro en cada poro, en cada peinado, en cada acto. Ha bordado historia con sus gestos, ha hecho de la denuncia un acto de belleza, y de la escena, una flor que arde. Nos ha regalado tantos abrazos que la alegría nos ha picado las manos.
Y cómo no nombrar ese espacio que compartimos todos:
el lago, el guatín, el trino del ave, el árbol,
el libro, el lienzo, el pincel, la mesa,
el espejo, el horno, el teclado,
el texto y el cuerpo,
el fuego y carbón,
el todo y la nada.
Ese lugar donde el verbo se vuelve savia,
donde la palabra cobija y crea,
en el que florece la inteligencia colectiva y se protege lo humano.
Y no puedo omitir a Luz, irreverente y lúcida, palabrera de todos los tiempos, trazo potente, risa contagiosa, quiebre vital que sacude con su ser íntegro y libre.
Y quiero recordar a quienes han partido y a quienes permanecen. A quienes han hablado y a quienes han callado. A quienes han estado de acuerdo y a quienes han disentido.
Todos ellos han dejado en el aire un perfume de humanidad.
La piel, la palabra, el gesto, todo vibra aún en ese recinto del suroccidente de la ciudad, donde la memoria no duerme.
Ese lugar será, sin duda, parte de algún capítulo de algún libro —escrito quizás en esta era de inteligencia artificial—, que tal vez nos contradiga, pero que nunca podrá borrar la hondura de nuestra sensibilidad, ni la belleza de lo humano.
Como interpeló el nobel de literatura Gabriel García Márquez:
«Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no y sí cuando es sí.»
Hoy decimos sí al arte, sí a la memoria, sí al pensamiento libre, porque desde el hombre de la caverna hasta, la mujer de las espinas, las flores, de las gotas de lluvia, la mitad del cielo, que volarán con alas de cera de la imaginación y seguiremos proclamando en todos los rincones del universo que en la Tierra habita el Ser.



Todo un honor hacer parte de estás mágicas veladas dónde la vida toma protagonismo, muchas gracias por esta reseña tan poética y encantadora, saludos!!!
Leer esta reseña a primera hora del día, es recibir una recarga de la energía que brota de estos seres iluminados, reunidos bajo la magia de la palabra.
Hermoso texto, gran encuentro!!! Gracias por sumar tus palabras a las nuestras y a seguir abriendo caminos con ellas.
Hermosa semblanza querido James! Muchas gracias! Y copiando al gran humorista-filósofo brasileño Millôr Fernandes, me gusta decir que «pensamiento libre» es sólo pensamiento…
Nada puede ser tan mágico como la palabra, para unir personas, entrelazar amistades, disfrutar de saberes y amar el compartir la risa, el afecto y el viaje por esta vida. ¡Bello escrito James! Gracias.
Una bella reflexión sobre un naciente grupo unido en torno al arte de crear, producir y compartir. Una amistad de muchos años, que se fortalece en busca de nuevos propósitos, arte, creación literaria, variados talentos que se reconocen y estimulan en el quehacer creativo. Gracias James, por esta bella reflexión que estimula y potencia tan nobles ideales!!