miércoles, febrero 4, 2026

FILOSOFEMA: EL PORQUÉ DE LA CRISIS

OpiniónActualidadFILOSOFEMA: EL PORQUÉ DE LA CRISIS

 

 

Exponíamos en una anterior disertación, Zaratustra, que la comunicación, la educación y la política son las tres virtudes intelectuales innatas en el hombre, de donde se deriva su modo de existir, es decir, su ser social.

 

La esencia de cada uno de estos seres: el ser comunicador, el ser educador y el ser político, contienen en sí la esencia vital del hombre, cual es la de un ser social. El comunicador socializa la ocurrencia de hechos, el educador socializa saberes que llevan al conocimiento y el político socializa sus propuestas acerca de cómo gobernar.

 

Quienes comunican noticias, a la vez educan y congregan a un conglomerado alrededor de sus acontecimientos; quienes dan cátedra en centros de enseñanza a la vez instruyen y hacen colectivo los distintos saberes y, quienes hacen política, a la vez transmiten sus promesas a cumplir desde el gobierno en bien de una colectividad y ejercen pedagogía sobre participación ciudadana.

 

Así debería ser Zaratustra pero, la crisis de la humanidad tiene como causa aquello a lo cual ya nos referimos en El Opinadero, a esa manía que tiene el hombre de ignorar la esencia y el fin último de todas las cosas, entre ellas la esencia de esas tres virtudes de las que hoy nos estamos ocupando.

 

Siendo el hombre un ser con capacidad de pensar, es esta misma cualidad la que lo lleva a alterar la esencia de comunicar, de educar y de ejercitar la política, haciendo de la suya una sociedad confundida y ajena a la realidad y no una sociedad inteligente.

 

Esta halagadora deficiencia, la de pensar, no la tienen aquellos otros animales cuya comunicación la hacen con reacciones instintivas y no por medio de lenguaje articulado. Su forma de hacer la política es andando en manadas, guiados por el orden natural, y no en comisiones, como lo hacen los de a pie, en procura de satisfacer el interés personal a costa del interés general.

 

De ahí que dicho género no padezca las tribulaciones y padecimientos del hombre quien, por ser pensante, cree que la guerra se disuelve con el diálogo, que la igualdad social es equivalente a una igualdad matemática, que el bien es lo bueno, que el mal es lo malo, que la violencia se combate exterminando a los malvados y que la desmedida ambición humana de poder y posesión se reprimen con el temor a Dios.

 

Ves Zaratustra cómo el país del cóndor no escapa a esta crisis. Su presidente, fungiendo como hacedor de cosas buenas para quienes en particular han recibido beneficios y de cosas malas para quienes, heridos en su amor propio, es un usurpador del poder, ha originado una desunión en la que, a decir de Maquiavelo, puede sustentar en lo sucesivo el reinado de su facción política.

 

Y ves cómo el máximo gobernante, exmilitante de un movimiento subversivo, habla de diálogo como medio para lograr la paz, teniendo él conciencia de que la guerra sólo cesa con la misma guerra. Sería más ético y moral que el hombre de hablar perezoso infundiera en su pueblo esta misma conciencia acerca de cómo terminar con la guerra. Gobernar con base en un sofisma, como lo han hecho los mandatarios contemporáneos, es la forma más maquiavélica de someter a los gobernados.

 

Y has visto cómo los medios de comunicación, orientados por comerciantes mas no por periodistas, socializan informes sin lograr conciencia colectiva acerca de la realidad nacional, desorientando la audiencia entre la información y la desinformación e incentivando también la discordia ciudadana.

 

Y ves a los educadores empeñados en ilustrar sobre lo pasado y lo presente ante discípulos sin apetencia por el saber y el conocimiento, absortos en la tecnología y en el sentir artificial, ausentes del mundo en que viven.

 

Y ves a los que llaman derechistas, de oposición y de centro, quienes se precian de ejercer con ejemplaridad el arte de la política, debatirse en divisiones internas, esgrimir sus afiladas lenguas y expresar ideas con las que desnudan sus verdaderas intenciones de poder individual, distintas a las de favorecer a todos.

 

Entonces Zaratustra, si se ha perdido el norte en lo comunicacional, en lo educativo y en lo político, es de dudar que nuestro amado país enderece su rumbo por ese mar de Los Sargazos en que se halla navegando.

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos