lunes, febrero 16, 2026

LA PANDEMIA YA ES HISTORIA

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Memoria y reflexión, seis años después

El 23 de marzo del 2020, el presidente de la República ordenó la cuarentena a nivel nacional, la cual ya había sido instaurada en la capital del país desde el 19 de marzo. Han transcurrido seis años desde entonces, podemos afirmar que la Pandemia ya es historia, y como tal, merece ser recordada, pensada y comprendida.  La pandemia ya forma parte de nuestra historia, la historia de los que la vivimos, de los que la sobrevivimos.

La podemos recordar como una historia personal o colectiva. Yo la quise recordar como una historia personal, pero inevitablemente derivó en lo colectivo. La pregunta que dio lugar a esta reflexión fue sencilla: ¿Cómo viví la pandemia? Fueron diferentes niveles de preocupación, que paso a describir:

MI PRIMER ACERCAMIENTO A LA PANDEMIA

Cuando comencé a tomar conciencia de la pandemia, o sea, a entender que eso sí era asunto mío, que no era solo algo de los chinos ni de los europeos, sino que también me afectaría, solo en ese momento, pensé que debía preocuparme por el asunto.

Indudablemente no me quería contagiar, ni ir a una clínica y mucho menos, morir a causa del Corona Virus. Por tanto, esa fue mi primera preocupación. Entonces me encerré en casa y tomé las medidas necesarias de bioseguridad (palabra nueva en mi léxico), con las cuales nos bombardearon insistentemente los medios de comunicación.

Durante el encierro, encontré múltiples ocupaciones y poco a poco fui experimentando una sensación de tranquilidad en casa, lejos de todo posible riesgo de contagio. Leía, escribía, vi muchas series de Netflix, me comunicaba con mis seres queridos a través de las redes y comencé a pintar mandalas para calmar la ansiedad. Asistí a conferencias virtuales sobre Historia que me reafirmaron que éste sigue siendo uno de mis principales temas de interés. Complementé con películas y novelas de carácter histórico, lamentando que mi memoria ya no fuera tan buena como antes, para permitirme almacenar tanta información.

Debo advertir que no soy experta en asuntos de internet. En la primera conferencia de historia descubrí que para participar tenía que bajar una aplicación llamada zoom, después tuve que correr donde mi vecino para que me introdujera en la conferencia pues no encontraba el camino. Al momento de iniciar la charla se fue la luz en casa, después de esperar media hora caí en cuenta que tenía datos, así que corrí nuevamente donde el vecino para que me volviera a ingresar. Salvadas estas dificultades, asistí a mi primera conferencia virtual sobre Historia a la que asistieron más de 1000 personas de todo el mundo. Fue una experiencia interesante.

MI SEGUNDA PREOCUPACIÓN

Mi segunda preocupación, como la de muchos, se refirió a la subsistencia durante la cuarentena. En ese sentido no hubo dificultades, porque recibía mi pensión y el minimercado permaneció abierto, lo que aseguraba ingresos y además, proporcionaba mayor seguridad a la gente del conjunto que no tuvo que salir a buscar muchas cosas que encontraba en el minimercado.

LA CRISIS ECONÓMICA

Una vez cubierto este punto, pasé al siguiente nivel de preocupación, cuando comencé a percibir el impacto que el encierro estaba teniendo sobre muchas personas que se vieron privadas de sus ingresos, trabajos e incluso de sus viviendas, por no poder pagar el alquiler.

Desempleo, pobreza, quiebre de pequeñas y medianas empresas, cierre de negocios y finalmente el descalabro de una economía que tardaría años en recuperarse. Era un empobrecimiento escalonado y masivo que afectaba especialmente a las clases media y media baja, que perdían lo que con tanto esfuerzo y sacrificio habían conseguido en muchos años de trabajo. Eso producía dolor, por esas personas que lo estaban perdiendo todo, por los conocidos y los no conocidos. Era un dolor de patria.

Así las cosas, la sensación de encierro se vio acompañada de angustia, la que aumentó cuando entendí que el encierro no nos libraría del contagio, que solo lo posponía y que era un asunto de largo plazo que nos obligaba a renunciar a muchas cosas, lo que dolía, especialmente por tener 66 años y la conciencia de no disponer de mucho tiempo para realizarlas. ¡Terrible y frustrante sensación!

¿SE JUSTIFICABA EL CIERRE?

Luego vino la siguiente pregunta: ¿Sería que se justificaba un cierre tan prolongado que ocasionaba tal descalabro, aún a sabiendas que al salir de casa nuevamente, el contagio sería inevitable, porque el virus no se iba a ir, porque simplemente esperaba nuevos organismos vivos a su alcance para seguirse multiplicando, pues era su naturaleza?

Comencé a cuestionar el encierro, que al principio defendí con tanta convicción. Comencé a dudar de ese gobierno que tanto se preocupaba por nosotros, impidiéndonos salir de casa, como si nuestra salud y nuestras vidas fueran tan importantes, como NO lo han sido la vida y salud de tantas personas que padecen por los pésimos servicios de nuestro sistema de salud, ni la vida de tantos niños desnutridos que diariamente fallecen de hambre, ni los líderes sociales asesinados todos los días, ante la indiferencia de un gobierno que “tanto nos ama”.

¿Por qué le preocupaba tanto nuestra salud y nos cuidaba con tanto esmero, al punto de encerrarnos inmisericordemente, por encima del hambre, el desempleo y la miseria que el encierro provocaba? Y por allá, un diablillo malo me murmuraba al oído que esto no era gratuito, que de alguna manera alguien se beneficiaría con esta crisis.

LA TECNOLOGÍA DIGITAL

Uno de los grandes triunfadores de la pandemia fue la tecnología digital. Y es que para sobrevivir en la pandemia había que hacer uso permanente de ella: para trabajar, estudiar, comprar, vender, hacer negocios, promover empresas, organizar y asistir a eventos virtuales, aprender, informarse, relacionarse con los otros y con el mundo en general.

Era un asunto de globalización digital, y los que se resistían tuvieron que adoptarla y adaptarse, aprender y continuar con ella, o de lo contrario se caerían del tren de la historia y quedarían tirados a un lado del camino.

La pandemia aceleró la implantación de una tecnología digital que se venía gestando a lo largo del siglo XX y que se estableció definitivamente. Pero, como ocurre siempre, no todos se beneficiaron con ella, tampoco todos en la misma medida, muchos permanecieron al margen por no tener los medios para adquirirla, ni la preparación digital necesaria para utilizarla.

NUEVAS REFLEXIONES

Nuevas reflexiones me llevaron más allá de esas preocupaciones. Comencé a capturar nuevos términos como Biopolítica y Vigilancia Digital. A entender que esto no era un asunto que me concernía solo a mí, a mi familia o a mi país, sino al mundo en general. Algo que tenía que ver con un nuevo orden, con las grandes potencias del mundo, con el control del poder. Todo ello tan lejos de nosotros, simples mortales, que no alcanzamos a percibirlo en su real magnitud. Por tanto, temas difícilmente comprensibles que quedaban sin respuesta.

LA VULNERABILIDAD NO ERA SOLO FÍSICA

La pandemia acabó con buena parte de la población físicamente vulnerable (ancianos, niños, enfermos), en un mundo que se consideraba sobrepoblado. Eso explicaría la actitud de gobernantes como Estados Unidos, Méjico y Brasil, que dejaron que la pandemia acabara con los débiles, que no lograron sobrevivir.

Pero no fueron solo los físicamente débiles. La pandemia puso en evidencia otro tipo de vulnerabilidad para una gran parte de la población:

. Los que sucumbieron al descalabro económico: perdieron sus empleos, dejaron de recibir ingresos, y/o tuvieron que cerrar empresas y negocios.

. Los que tenían que salir a trabajar el día a día para llevar alimento a sus familias y en muchos casos, fueron multados por infringir protocolos de bioseguridad, cuando no fueron agredidos por los cuerpos de seguridad, como ocurrió en varias ocasiones.

. Los que, con lo producido en el día, pagaban diariamente una pieza donde pasar la noche. Esta me pareció una de las situaciones más absurdas, ya que pagar diario es un sistema de arriendo común en algunos sectores de la población, y al no poder salir a trabajar, no podían pagar la pieza, por tanto no tenían donde quedarse, pero tampoco podían estar en la calle, porque estaba prohibido.   

. Los que no podían trabajar en casa y tenían que desplazarse a sus sitios de trabajo en transportes colectivos abarrotados de gente que, aunque quisieran, no podían cumplir los protocolos del distanciamiento social. No tenían vehículo propio, por tanto, el contagio era inevitable para ellos.

Los ricos se contagiaban eventualmente, los pobres se contagiaron masivamente. No porque el virus eligiera, pero la realidad social era determinante. Ergo, ¿la pandemia, fue selectiva? Pensaría que si, no en su naturaleza biológica, más si en sus consecuencias sociales.

La pandemia ya es historia. Pero la forma en que decidamos recordarla, interpretarla, y aprender de ella, será quizá, la verdadera medida de lo que comprendimos.

Consuelo Gómez Alvira

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