Comprender la naturaleza de la mente es como hallar la respuesta que buscaste y no encontrabas, es entender que, aunque sabe, no es permanente, es vacía y condicionada.
En su faceta conocedora, la mente percibe, reconoce y cataloga, poniendo etiquetas a las cosas que pasan; desde este aspecto conoce objetos, pensamientos, emociones y sensaciones que conectará mas adelante cuando estos datos se conviertan en información para utilizarla. No existe experiencia que la mente no registre, porque a la mente, nada se le pasa, es como un espejo que refleja “la realidad” aunque verdaderamente no pueda dibujarla. Esta etapa es la mera distinción de las cosas, el reconocimiento de lo que nos disgusta y nos agrada, la clasificación de nuestros deseos y aversiones ampliamente detallada.
Luego, la mente es cambiante, porque es un proceso, no es estática; sus estados surgen y desaparecen como llegan las olas a la orilla del mar con conchas y algas. Cada pensamiento, emoción o percepción es transitoria y a la anterior cualidad está firmemente ligada, de aquí surgen las historias que nos contamos y nos impiden tener una vida bienaventurada. El cambio constante se define como impermanencia, lo que significa que lo que sentimos o pensamos ahora, no será lo mismo mañana, entonces ¿Por qué aferrarnos a un estado que tanto daño nos causa? en esa misma naturaleza se halla el poder para liberarla, si parece que la mente no se mueve, es porque hemos elegido que se quede estancada. Reconocer esto te permitirá ser el guardián de tus pensamientos permitiendo que pasen por la mente como fluyen del rio al mar las aguas.
Por último, la mente nos condiciona basada en las experiencias pasadas, pues está influida por la memoria emocional de los acontecimientos ocurridos especialmente en nuestra vida temprana, también en la memoria de nuestros ancestros, en la información que llevamos y por nosotros no ha sido recopilada, tenemos una base de datos que ha sido previamente programada. La mente recuerda, hace asociaciones respecto de lo que conoce y lo que extraña, siempre percibe y reconoce fingiendo la conciencia de lo que huele a casa. En ese reconocimiento también viven las anclas, las heridas que siguen supurando porque no quedaron sanas, el lastre que se tira, la maleta que se carga; pero también las memorias intrínsecas que cuentan la evolución de nuestra especie humana, nuestro instinto de supervivencia, las herramientas de protección más sanas. Saber esto te permitirá ver las reacciones que se encienden en ti de manera automática, vivir con menos apego, aprender a aligerar las cargas.



