La mochila como símbolo, la era digital como cambio cultural.
La memoria…como herramienta del recuerdo
Era la década de los años 80’s. En ese entonces, era común ver en las carreteras a los viajeros de mochila –los mochileros- que iban y venían por el continente, especialmente por los países del Altiplano Andino.
Andar por los pueblos de Bolivia, Perú y Ecuador, al sonido de quenas y charangos era maravilloso, mientras nos deleitábamos con sus cerámicas, tejidos y tantas expresiones artísticas y culturales de sus pueblos. ¡Ni que decir de Chile y Argentina, que nos abrieron sus puertas como hermanos de un mismo continente!
Los mochileros éramos viajeros con pocos recursos: hacíamos auto stop, dormíamos en carpa o en hostales modestos y comíamos en mercados populares. Nos internábamos en las entrañas de los pueblos, convivíamos con su gente y nos enamorábamos de cada lugar que nos acogía.
Hoy, 40 años después, me encuentro con otra clase de viajeros: los que promueven una manera de viajar que se traduce en una forma de vida. Se trata de “vivir viajando”, y lo hacen en casas rodantes, mientras recorren el continente de extremo a extremo para llegar finalmente a Alaska partiendo de Ushuaia, la ciudad más al sur del continente.
Cuando por fin, después de varios años de recorrido y de vivir maravillosas experiencias, llegan a esa gran valla en la que Alaska les da la bienvenida, todo se vuelve fiesta. Se abrazan, lloran, es el logro de una meta, el final exitoso de una larga travesía. El lugar se llena de banderas, entre las que sobresalen las blancas y azules de Argentina, lo cual no es de extrañar, pues cuando se vive en el extremo sur del continente americano y se mira hacia arriba, se convierte en un gran desafío el querer llegar al otro extremo del mismo.
Aunque predominan los jóvenes, también los hay de edad madura, y no faltan los adultos mayores que deciden tirar todo por la borda y lanzarse al mundo en sus casas rodantes. Hay parejas con niños y están los que viajan con sus mascotas consentidas. Ellos enarbolan mensajes alusivos a su forma de vida, expresan deseos de libertad y sobre todo, la necesidad de abandonar vidas pasadas en las que la rutina de oficinas y empleos aburridos predominaba.
Pero ellos no están solos. Se comunican por las redes, y a través de ellas se apoyan, intercambian información, acuerdan citas para encontrarse en los caminos. Porque viajar con ayuda de las redes, es otra historia. Ellos, a diferencia de nosotros, son los viajeros de la tecnología digital.
Ellos fomentan una forma de vivir viajando, y como publican su cotidianidad a través de las redes, tienen seguidores que comienzan a soñar con esa forma de vida, y muchos se lanzan a los caminos siguiendo su ejemplo.
Son “Creadores de contenido” o youtubers, oficios surgidos a partir de las nuevas tecnologías. Filman, editan, publican, transmiten en vivo, interactúan con sus seguidores y reciben un pago por quienes ven en ellos la posibilidad de publicitar productos o servicios. De esta forma, pueden viajar y trabajar al mismo tiempo.
Hay otros viajeros que también publican, ellos se transportan en aviones, barcos, vehículos comunes, motos y hasta bicicletas, pero no viven en sus medios de transporte, como si lo hacen los viajeros de las casas rodantes, pues es su forma de vida.
Los viajeros de antaño tomábamos fotografías y diapositivas, pero no las publicábamos, porque no había internet, ni celulares, ni drones. Debíamos esperar el regreso a casa para revelar los rollos fotográficos y ver las diapositivas en los antiguos proyectores, que aún conservo.
En nuestro viaje por Sur América, hace 40 años, mi compañero y yo nos financiábamos haciendo artesanía (bisutería), que vendíamos en plazas y parques de los lugares por donde pasábamos. Además, él presentaba funciones de títeres en cada lugar donde hubiera niños, lo que también nos representaba un ingreso, pero de tecnología digital, no teníamos nada. No había redes, ni internet, ni celular, ni dron, ni todas esas cosas que hoy permiten producir tanta belleza. Nos comunicábamos con los amigos y familiares dejando y recogiendo cartas y postales en las oficinas de correo de cada lugar por donde pasábamos.
Debo reconocer que, a través de las redes, los viajeros digitales nos llevan por diferentes países, nos muestran lugares recónditos y bellos que ni siquiera sabíamos que existían. Con ellos podemos disfrutar y conocer nuestro continente. Nos hacen sentir ese deseo de “vivir viajando” y quizás, muchos ya lo están haciendo.
Hoy, desde mis 72 años, los observo con admiración, y aunque me hubiera gustado hacerlo, ya no me atrevo a emprender una travesía así, pero viajo con ellos a través de las redes.
Cuando los veo, pienso en lo maravilloso que habría sido contar con esas herramientas en mis tiempos de viajera, para producir y publicar tantas imágenes y momentos especiales que quedaron registrados en mis diapositivas.
Porque aún conservo muchas cajas llenas de diapositivas donde guardo bellas imágenes que quisiera compartir, pero no puedo hacerlo, pues mi proyector es muy antiguo, deficiente y de poca cobertura. Indudablemente, jamás podría llegar a donde llegan las redes.
Pero lo más importante, es que todavía me quedan muchos gratos recuerdos de esos viajes que disfruté enormemente y que permanecen en mi memoria y en mi corazón de viajera. Porque viajar no es solo llegar a un destino. Es conservar viva la capacidad de recordar y de sentir, sin importar la época ni las herramientas.
Consuelo Gómez Alvira


