Rara vez me permito desviar la mirada de mi praxis como artista y curador para incursionar en el análisis político explícito. No obstante, existe un imperativo en el ejercicio del pensamiento que me compele a pronunciarme hoy “Primero de Mayo Día Internacional de la Clase Obrera” y que, ante la agitación de una polarización que ha lacerado el tejido social, degradando el lenguaje en violencia y la idea en agresión macabra, el silencio deja de ser una opción estética para convertirse en una falta ética.
Asistimos a un escenario en el que la política ha sido, en múltiples frentes, capturada por una metodología del terror. Resulta profundamente inaceptable que el debate sobre la dirección de un país un ejercicio que debería constituir la máxima expresión de la civilidad termine subordinando la vida misma y los derechos constitucionales. Cuando el coche bomba, el atentado y el discurso de odio se convierten en instrumentos para incidir en la opinión pública, la política abdica de su condición de logos y desciende a la barbarie.
Esta campaña ha revelado un rostro particularmente ominoso, una estrategia que prioriza la conquista del poder por encima de la salud, la educación, el trabajo, el campo, el desarrollo de los pueblos y el medio ambiente, atentando de forma directa contra el progreso integral de niños, jóvenes, adultos mayores y, en última instancia, contra la posibilidad misma de sociedades libres.
Es el momento del encuentro de los saberes. La reconstrucción de Colombia no es tarea exclusiva de una élite, sino un imperativo colectivo que convoca a demócratas, progresistas, artistas, filósofos, obreros, médicos, ingenieros, tenderos, campesinos y madres cabeza de hogar, a todas las capas sociales sin excepción. Es, en esencia, un llamado a la unidad entre el conocimiento académico y la sabiduría empírica.
Debemos decidir el futuro de esta nación país de belleza y biodiversidad, a través de los caminos de la tolerancia, la reconciliación y la justicia social. Colombia, como eje articulador del continente, exige una transformación estructural que devuelva la dignidad al campo y materialice reformas largamente postergadas.
En este panorama, mi apuesta se inclina hacia la transparencia y la lucidez que encarnan figuras como Iván Cepeda y Aída Quilcué, personas probas, individuos honestos, intachables y que cumplen con sus deberes, especialmente en el ámbito profesional y público, sobrevivientes de los vejámenes del terrorismo. Su presencia en plazas, universidades y espacios no convencionales, no constituye un simple acto proselitista, sino una afirmación vital que busca dar continuidad a una senda de transformación política y social.
Frente a ello, se erige la sombra de un modelo que ha operado bajo la lógica de la desigualdad y el desarraigo. Esa estructura política, hoy representada por figuras como Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia dentro del Centro Democrático, puede analizarse desde un enfoque crítico como una deriva autoritaria con rasgos que evocan experiencias históricas profundamente regresivas. Su historial, asociado a fenómenos como el desplazamiento campesino y la represión juvenil, resuena con ecos de los momentos más oscuros del siglo XX europeo: una política que, en última instancia, subordina la vida a la preservación del privilegio.
En este contexto, adquiere especial vigencia la reflexión de Friedrich Engels, quien advertía que “la libertad no consiste en una independencia soñada de las leyes naturales, sino en el conocimiento de esas leyes y en la posibilidad de hacerlas actuar según fines determinados”. Hoy, ese conocimiento implica reconocer que no hay proyecto político legítimo que pueda edificarse sobre la negación de la vida.
El próximo 31 de mayo no será únicamente una jornada electoral; será un acto de definición existencial. Alcanzar una decisión contundente en primera vuelta significaría cerrar el resquicio a la Tanatopolítica y abrir el horizonte hacia un bloque histórico de progreso, capaz de movilizar las fuerzas sociales, cívicas, científicas, culturales, artísticas y humanas del país.
Es hora de avivar la llama del espíritu colectivo y caminar como un solo cuerpo social, hacia la afirmación de todo aquello que respete y dignifique la vida.
¡La belleza de nuestro territorio exige y merece una Eros-política a su altura!
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Anexo:Créditos: Red social X @IvanCepedaCast / Candidato presidencial Iván Cepeda en Pereira, Este es el pie de página que debe llevar la imagen de apoyo.


