Cuando todo hacía pensar que tras la visita del presidente Gustavo Petro a los Estados Unidos arrojaba un giro de la visión del gobierno de ese país hacia Colombia -incluidos elogios del propio Donald Trump- este no estaría dispuesto a resignar la hegemonía mundial disputada con Rusia y China.
Las viejas fórmulas de los tiempos de la guerra fría vuelven a jugar, mientras la doctrina de la Seguridad Nacional se encontraría siendo reflotada por un gobierno republicano sin hacer pie en el ámbito local.
Aunque parezca mentira, Estados Unidos vuelve a mirar “con renovado apetito” el considerado su “patio trasero”, siendo utilizado como cartabón del lobby israelita, para el cual los múltiples señalamientos internacionales a raíz de la tragedia humanitaria en Palestina no lo sustrae del deseo implícito de expansionismo a la “vieja usanza”.
La primera, debido a la crisis económica, las políticas internas, los escándalos y el creciente desprestigio del primer mandatario. La segunda, buscando a través de la presencia de sus ciudadanos, la explotación de nuevos territorios en medio de acusaciones por crímenes de lesa humanidad, buscan resurgir a expensas de terceros.
A esto es necesario sumar el crecimiento económico chino, presto a eclipsar a la potencia occidental, al tiempo que Rusia, envuelta en una guerra a largo plazo con Ucrania, lejos de dar señales de debilitamiento o de la caída de la influencia regional de Vladimir Putin, apunta a salir airosa, convertida en jueza de Europa Occidental.
Apagada la euforia de la invasión de Venezuela, del secuestro de su primer mandatario, Nicolás Maduro, Estados Unidos requiere cada vez más recursos contantes y sonantes, imponiendo gobiernos títeres extractivistas para financiar mejor la economía sin “darse el lujo” los virajes políticos demandados por el contexto.
El hilo se corta a través de la parte más delgada, siendo Latinoamérica, el Caribe, la aparente “llave mágica”. Es decir, hacer harina amasando a los demás y dicho sea de paso, poner en especial a los países “progresistas” de la región a “pagarles” los costos de los conflictos de Israel o la guerra con Irán que están perdiendo a largo plazo.
Geopolítica
La actual situación geopolítica, la convivencia diplomática, los costes económicos, las pérdidas humanas, impiden a Estados Unidos las invasiones de “otros tiempos”, cuando la tendencia de un mundo unipolar le permitía erguirse en una suerte de “policía del mundo”.
La penetración formal le sale más barata, aliado con el “musculo financiero” de Israel, dentro de un contexto donde a pesar de tener siempre una indiscutible influencia, este poder comienza a ser amenazado de igual a igual, poniéndole límites reales mientras Europa, temerosa de perder el acceso a recursos cualitativos como el gas, recula frente a los sucesivos pedidos de apoyo.
Por otra parte, ¿para qué asustarse ante el riesgo de una guerra nuclear, cuando las inversiones en defensa tienen fines disuasivos y, en realidad, “se trata apenas de mantener la vigencia de los negocios” de los involucrados, además de que siempre existe la posibilidad de entenderse hablando? Más aún, cuando “ciertas soluciones” a estos problemas transitorios pueden ser aprovechadas por el crimen organizado, los sectores minoritarios, rezagados o favorables al continuismo dependiente. En definitiva, los traidores que, lejos de disminuir, “curiosamente” se reproducen a lo largo de las décadas.
El resto es lo más fácil de conseguir: La complicidad de importantes segmentos de la población, cegados por el arribismo egoísta e insolidario, el afán de consumo, la ignorancia, el obstinado seguimiento de los medios masivos de comunicación ajenos a la realidad. Si a ello se suma a quienes en proporción inversa pretenden resistirse, luchar contra el alza del costo de vida, la injusticia social, militar al interior de partidos, sindicatos, asumir liderazgos de importancia dispar, queda en evidencia la tragedia diaria de América Latino con sus contradicciones.
Allí es donde cabe preguntar ¿por qué pueden existir minorías ostentando tanto poder, como para dominar, condicionar la vida de miles de millones de habitantes y no haber sido derrotadas hace años en el intento, cuando la democracia retórica, conceptual, sólo sirvió como arma para impedir esa destrucción tan necesaria para el bienestar de los respectivos estados?.
Cuña
De no haber sido por los oportunos audios dados a conocer por la periodista, investigadora o politóloga boliviana, Valeria Duarte, muy probablemente nunca o de forma mucho menos repentina, el mundo no hubiera podido conocer el plan que se traían -y se traen, por qué no- tanto el presidente estadounidense, Donald Trump como su par israelita, Benjamín Netanyahu.
En el documento sonoro, podía escucharse claramente al ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, conversando telefónicamente con una mujer indeterminada sobre los eventuales planes de desestabilización de Estados Unidos e Israel hacia los países con gobiernos progresistas de la región. Los objetivos hacían especial énfasis en México, presidido por Claudia Sheinbaum y Colombia, cuya administración de Gustavo Petro no dejó tampoco de manifestar serios desacuerdos con el gobierno de Israel, aún con los acercamientos al “gran país del Norte”.
Durante la intercepción dada a conocer a la opinión pública, tras mencionar Hernández la “conveniencia de destruir a la izquierda hasta su completo aniquilamiento” en palabras textuales, la mujer le recomendó moderación en los comentarios dado la alta probabilidad una eventual grabación que terminó ocurriendo.
Cabe destacar que este ex mandatario centroamericano fue juzgado y condenado por vínculos a cuarenta y cinco años de cárcel por narcotráfico, pero recientemente contra todos los pronósticos se lo liberó de manera inexplicable, teniendo en cuenta la severidad de este tipo de delitos en Estados Unidos.
Es necesario recordar que mientras este poderoso país persigue de forma automatizada e implacable a los inmigrantes latinoamericanos por presuntas condiciones de irregularidad, cometiendo graves violaciones a los derechos humanos, libera a un peligroso personajillo constituyendo una verdadera amenaza social, al cual le otorga inmunidad en calidad de enlace de la mencionada operación.
Sin embargo, eso no sería todo. Al mismo tiempo que Argentina atraviesa la peor crisis económica de su historia -hace poco se dio “vía libre” a la compra venta de carne de asno no apta para consumo humano- y colonos procedentes de Israel llegan a radicarse en la región patagónica, el presidente Javier Milei, ferviente partidario del sionismo alineado con Estados Unidos, habría donado U$S 350000 a ese efecto. Una cifra insignificante en comparación a los valores del mercado internacional, pero que al interior de una nación asolada por la crisis, el hambre o el desempleo productos de la corrupción galopante, junto a las salvajes políticas de libre mercado, resulta una genuina incoherencia.
Esta imposición de estas tendencias de las cual no quedan exentos los gobiernos de extrema derecha de José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz Pereira (Bolivia), Santiago Peña Palacios (Paraguay), junto a la posibilidad de un triunfo de Keiko Fujimori en Perú o la lejana de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia Lassena en Colombia, resulta imposible de omitir.
Derecha, implicada
Sin lugar a dudas, la aplicación certera de esta segunda doctrina de la Escuela de las Américas, tiene otros dos claros objetivos. No sólo se trata de subordinar Colombia o México a las necesidades políticas, sociales, económicas, estratégicas e intereses sionista – norteamericanos. La agenda de reconstrucción del poder tiene por objeto doblegar a gigantes de la talla de Brasil, Uruguay -le queda de camino- y América Central, que vendría a terminar de evidenciar en la práctica su histórica sumisión a la hegemonía occidental.
El mero pensamiento, el intento por sí solo, implicaría una mala praxis afectando radicalmente la paz interior, la promoción del bienestar general, la capacidad del Estado de garantizar la producción o la calidad de vida de los ciudadanos, lo cual no viene a ser una dádiva, sino el correspondiente reembolso a través de su contribución impositiva.
No viene al caso enumerar las oportunidades en las cuales Estados Unidos, empujado por las megacorporaciones que lo dominan -muchas en manos de intereses del Estado de Israel, tuvieron decisiva injerencia para favorecer dichos intereses en la suma de los países de la comunidad latinoamericana. Basta con ver a la madre para saber cómo viene la cría.
Con las limitaciones de un poder permeado por el crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción enquistada en la totalidad de sus esferas, aún con el rechazo visceral de la derecha política hacia las reformas sociales demandadas desde la bases del pueblo, Colombia viene cosechando grandes éxitos dentro del plano nacional e internacionales. Los datos en materia de mejorar las condiciones económicas, la equidad social, el acceso a la tierra, del acceso a los recursos durante casi cuatro años, el aumento del empleo, entre otros cambios, parecerían otorgarle al país metas históricas hace poco impensadas.
La eficacia diplomática de la administración Petro demostró a Estados Unidos que en lugar de un país vasallo e incondicional, podía tener un amigo sin constituir ningún tipo de amenaza para su seguridad nacional, pero que no por ello debía resignar soberanía ni someter el país al escarnio como garantía de gobernabilidad. Con respecto al Estado de Israel, el presidente reavivó la vieja amistad, la solidaridad con el milenario pueblo judío, aunque se rehusó a dejar de señalar con espíritu el terrible genocidio contra los ciudadanos palestinos, motivo llevando al Gobierno Nacional la importante exportación e importación de productos en consecuencia.
No obstante, en el mundo de la diplomacia donde una mano lava la otra y las dos se mojan la cara, el más mínimo gesto de autonomía efectiva es mirada con recelo por las ambas potencias. Porque no se trata como bien señalaba Hernández de destruir a la izquierda ni el progresismo -empleadas como elementos propagandísticos casi absurdos de catalogar el talante de los gobiernos- sino de tomar represalias contra todo Estado, organización o sistema anteponiendo el interés propio al ajeno. Los conceptos de lo bueno y lo malo son irrelevantes en política. “No importa que sean cretinos, si son de los nuestros”, afirmaría un viejo diplomático estadounidense. Tampoco desean venir a derribar gobiernos. Les importa quedarse con el patrimonio de la Nación, perteneciente al pueblo.
Aunque la derecha continental minimizó el ahora caratulado como hondurasgate, relativizando las consecuencias, permanece ansiosa, impaciente, atenta al retorno de sus dueños. La filial colombiana de esa sofisticada “máquina de impedir” no permanece indiferente a estas intentonas que no dependen de su alcance ni de la situación mundial, sino de la permisibilidad de los ciudadanos al momento de elegir el voto, decantándose por los males conocidos.
El uribismo, expresión local vernácula de la extrema derecha, los “derechistas moderados”, eternos funcionales a esta en asociación con el falso centro político -porque en la política como la vida, se está de un lado o del otro más allá de diferencias menores- carecen de doctrina más allá de las plataformas circunstanciales derivadas de la cotidianidad. Su crítica a los modelos progresistas, de izquierda, englobadas de manera incorrecta en la denominación de comunismo sin ser tal, oculta el terror que le provocan los gobiernos actuando según los intereses de las mayorías, en lugar de las cúpulas.
Por esa razón, erguidos como administradores injustos y parciales de los recursos públicos, se postulan ya no para presidir verdaderamente el país, sino en calidad de meros concesionarios de los poderes mundiales omnímodas, los cuales si bien premian su traición claudicante con inmensas fortunas, no dejan de ser simples limosnas en comparadas con el expolio de las riquezas nacionales.
Hoy, el adversario circunstancial es Iván Cepeda Castro, un congresista amenazando con interrumpir por otros cuatro años más un modelo de desarrollo empobrecedor dependiente, a cambio de otro donde los ricos serán más ricos pero los pobres serán cada vez menos. Seguramente algún lector prevenido se preguntará porqué insisten en una de las opciones, cuando los benefician las dos.
La respuesta es inevitable. Porque no vale el idealismo, ni las lluvias de ideas fortaleciendo la democracia. A lo sumo, les conviene la miseria, la ruina generalizada, la reactivación del conflicto armado interno, para retroalimentar sus maquinarias políticas, posicionar los clanes familiares de las regionales a fin de profundizar la decadencia social, cultural, ética y moral, a fin de perpetuarse sin otra competencia que la de otro similar de apellidos tradicionales con fortuna mal habida.
Para ellos el pueblo es basura, excepto cada dos o cuatro años, donde buscan legitimar una falsa democracia donde no se elijan opciones distintas a las del favor circunstancial, el constreñimiento, la coerción, a cambio del robo perpetuo al erario público y la represión más violenta cuando los colombianos alzan la voz pretendiendo impedirlo, hartos del conflicto armado, la carestía o los politiqueros.
Ahora, conociendo las características de Colombia; el plan maestro orquestado donde se pretende volver a obligar al país a hacer cuanto no le conviene a su gente, en beneficio de unos pocos por medio del sacrificio de la mayoría; ¿Se entiende por qué es necesario votar por Iván Cepeda Castro, garantizando la continuidad de un Estado Benefactor, en lugar de otro pretendiendo seguir quitándole a quienes menos tienen?
Carlos Alberto Ricchetti



Señor Ricchetti: muy buen repaso de geopolitica y realidad del Imperialismo yanqui que no renuncia su » necesidad» de asegurar el acceso a nuestros recursos estratégicos , incluidos minerales, petroleo, tierras raras; ademas para poder robarse nuestros recursos o comprarlos a precio de «gata ciega» necesita gobernantes arrodillados que sigan sumisamente sus ordenes; desde Washington, el amo yanqui manipula a los políticos en especial de derecha, para buscar que lleguen al poder , e impedir que se elijan líderes nacionalistas o de izquierda que se opongan a sus directrices y a su politica exterior. Petro ha dado lecciones de Independencia frente a USA, y por eso no quieren que Cepeda gane y continúe con criterio independiente, sin seguir ordenes gringas. Mil saludos y bendiciones.