Después de relatarles en la pasada columna cómo nacieron los mangos de la plaza de Bolívar de Pereira les contaré algunas anécdotas sobre cómo murieron algunos de ellos y sobre cómo fueron reemplazados a través de los años. Recordemos que al día de hoy 22 árboles de mango adornan nuestra plaza principal.
Sobre la calle 20 permanecen seis de ellos. En 1930 desaparecieron los dos mangos que estaban al frente de la Catedral y que tapaban su fachada. Fue una orden del cura párroco. ¿Había «justos y divinos motivos»? Quizás. Por eso nadie dijo nada. Sin embargo, apenas tres años después fueron resembrados por presión social: los pereiranos sentían incompleto su parque principal. El 18 de diciembre de 1952 el Papa Pío XII elevó el templo al rango de catedral y creó la Diócesis de Pereira y para aquella oportunidad la ciudad se vistió de fiesta, la iglesia fue pintada de nuevo y aquellos mangos adultos adornaron la ocasión. Hoy, ambos especímenes permanecen allí un poco más jóvenes y pequeños, pero «pandos y orondos».
Sobre la calle 19 se ha tenido la mayor afectación: solo quedan cuatro mangos más el esquinero del palacio municipal —que también es de la carrera séptima—, cinco en total. Primero desapareció, recién sembrado, el mango que estaba ubicado al frente de la salida de la carrera 8ª. Bis (actual peatonal del Palacio Municipal). Después y casi simultáneamente desapareció la «manga» que se resembró en la década del 20 al frente del edificio Colseguros y el 21 de abril de 1971 fue talado el mango que estaba al frente del edificio de la Lotería de Risaralda por orden del alcalde de aquel entonces, el salamineño Juvenal Mejía Córdoba. Casi le cuesta el puesto ante el repudio de todos los pereiranos. De allí surgió el popular calificativo de «manguicidio». Luego de todo esto habían quedado en esta calle solamente tres mangos, pero por fortuna en la década de los 90’s, siendo alcalde quien esto escribe, en compañía de Amparo Jaramillo de Drews —directora de Parques en aquella época— y después de remodelar el parque y convertirlo en plaza dura según diseño del maestro Rodrigo Arenas Betancourt, ordenamos el traslado de dos mangos adultos que la ciudad tenía en el parque Olaya Herrera para, de esta manera, cerrar el vacío que había en el marco de la plaza, detrás del «Bolívar desnudo». Esta titánica tarea requirió la contratación de un semirremolque («camabaja») y de una grúa especial y adicionalmente arduas labores de muchos obreros de la secretaría de Obras Públicas.
Sobre la carrera séptima los mangos han permanecido todos incólumes, aunque el primero del lado occidental (frente al palacio municipal) alcanzó a sufrir en su base en el manguicidio de 1971. Una turba enardecida encabezada por el ciudadano Carlos «Chichí» Marulanda, impidió su tala que ya se había iniciado después de haber caído el otro mango mencionado anteriormente. Algunos afirman que este señor, miembro de la élite pereirana, accedió al tercer piso del palacio municipal e irrumpió en el despacho del alcalde para golpearlo e insultarlo. Todo esto originó un «cabildo abierto» en el Concejo Municipal en el que intervinieron el poeta nadaísta Luis Fernando Mejía y muchos otros personajes de la ciudad en defensa de los mangos. A la fecha se conservan siete de ellos en el costado norte de la plaza.
Sin lugar a dudas, los mangos de la plaza de Bolívar representan la «resistencia» urbana, cívica y natural de los pereiranos y se han convertido en un ícono de su espíritu liberal. En la próxima entrega ahondaré sobre los de la carrera octava y en otras anécdotas de nuestros preciados mangos.


