HISTORIAS NO CONTADAS, CONTADAS DE OTRA MANERA, U OLVIDADAS
Quizá el lector no sepa o no recuerde, si Relicario de recuerdos, es una canción, un poema, el título de un libro, un objeto, un símbolo; e igual, puede pasarle si le nombran la Antología del Eje Cafetero, 1997. Esta Antología, inédita, de la cual hay un original, fue escrita por José Ramón Velásquez Vargas, orador, presentador y uno de los escritores santarrosanos. De él, hablo en la Antología La Memoria del Árbol, de la Colección Presencia Académica de la Academia Colombiana de Historia, Literatura y Arte, en proceso de edición.
En esta Antología del eje Cafetero, José Ramón Velásquez, habla de Blanca Isaza de Jaramillo Meza, Ricardo Arango Franco, Bernardo Arias Trujillo, Gonzalo Uribe Mejía, Rafael Lema Echeverry, Benjamín Duque Henao, Ernesto Hernández Hurtado, Luis Carlos González Mejía, Baudilio Montoya, Esperanza Jaramillo de Jaramillo y de Stella Aristizábal de Velásquez, autora de tres libros de poesía, titulados Relicario de Recuerdos I, II y III entre otras obras, de la página 81 a la 90. Hoy, Stella completó los tomos IV y V.
¿Y quién es ella, la que está a la altura de estos poetas? O ellos a su altura?.
Stella Aristizábal Parra de Velásquez, es una mujer cercana a 92 años, los cumple en Agosto y que sigue vigente, lúcida y productiva literariamente. Es autora de cinco tomos, del Libro titulado Relicario de recuerdos y de uno de sus poemas, escrito en Junio de 2023 resalto:
“Este rincón de los recuerdos tiene sabor añejo, duele dulcemente con olor a nostalgia tiene tiernamente un cielo florecido en los rincones de mi alma, que ahora orgullosamente engalana mi sencillo apartamento y tiene para mí, un delicioso encanto”
De Agosto de 2014, de otro de sus libros extracto una estrofa del poema titulado las campanas de mi pueblo:
“Bajo sus amorosas notas comenzó mi vivir y en mi largo peregrinaje, cuando a sus lares vuelvo y escucho sus trinos rizados por el viento, revive en mí, el área de mis afectos”.
Aporto aquí, mis nostalgias: ese sonar de campanas era pate de mi vida, eran las horas del día que nos movían a actuar o a dormir, eran los llamados a casamientos, o a muertos, a primeras comuniones, a la Cruzada Eucarística, a la celebración del mes de Mayo, a los Retiros Espirituales, al rezo del Ángelus, y las mismas que cambiaban por matracas el Viernes Santo. Ese sonido se asociaba a fiesta, a solidaridad, a recogimiento y caridad, también a Padres y Seminaristas que bajaban desde la Apostólica en bicicleta a la Misa y al rezo del rosario. Era tan dulce la vida, tan sereno el existir. De ahí los gratos recuerdos.
Y sigamos con Stella Aristizábal, retrocediendo tiempo en quien siempre se ha inspirado, llegamos al 2006 y encontramos de su poema Mis tres ángeles guardianes, una tierna estrofa:
“Con el correr de los años llegaron a mi existencia tres angelitos carnales que con dulzura y paciencia tornaron en alegría el vacío que me dejara una ausencia”
Tal vez se refiera a una pérdida que le causó gran dolor en 1.994 cuando escribió el poema, Mi pena, una de cuyas estrofas transcribo:
“Es tan grande mi pena y mi congoja que quisiera gritar y lamentarme, a veces se me nubla el camino y hasta me siento cobarde”
Stella sanó sus heridas por pérdidas familiares, a partir de sus letras, metáforas y símiles que expresaron su dolor. En 1964 murió don Emilio, su padre y escribió entonces:
“Para seguir tus huellas, tu claro ejemplo, tu recuerdo,y perpetuar tu nombre, que hoy es santo, nos servirá de lema y estandarte y tu raza tan fuerte y pujante con nosotros irá siempre adelante”
En 1989 escribió, In memorian, por la muerte de una hija, Miriam:
“Maternal su presencia y sus consejos sabios porque fuera tan nuestra como el pan en la mesa que irradiaba ternura y sonrisa en los labios y el corazón que siente, suspira, llora y reza”.
En 1996 se despidió de la madre:
“Y tengo manos de espera, en la noche, en el alba, con nostalgia de recuerdos te añoran y se arraigan”.
Y luego fueron otras las palabras cuando a la familia se fueron sumando algunas flores como su nieta Sofía, y escribió entonces versos como éste:
“Todo esta tan feliz con su llegada se disipan pesares y amarguras y esta vida que inicia su jornada será el sol que brillará en mi ocaso”
Y a Juan Antonio que llegó después,
“canción de jazmín tu risa, tus manos de terciopelo”
En realidad su obra es intimista, de carácter familiar, una suma poética con algo de narrativa sobre todo en los dos últimos tomos publicados en 2020 y 2024.
Stella ha sido también una gran compositora de bambucos y pasodobles; hace un año fui a dictar una conferencia en Chinchiná sobre el Libro Risaralda, y se me acercó un señor, que fue Alcalde hace algunos años, a decirme que la recordaba por un pasodoble que ella compuso a Chinchiná por encargo del mandatario, pero no aparecen en registros de autor con sus letras. Gracias a su hermana Virginia, otra artista, tuve acceso a 18, canciones grabadas en un CD y 6 de ellas en casete titulado Vivencias: A unas manos, Renacer, La risa de mi Sofía, Mis 60 años, Vacío, A mi José Manuel, Hogar, Mi compañía, La casa de la tía Rosalba, Atardecer, Recuerdos, Un tesoro, Mi retrato, Y después Qué?. Vivir, Mis tres ángeles guardianes y Mis dorados 80 años.
Santarrosana por nacimiento y pereirana por residencia, Stella estudio y desempeño laboral, fue casada con Hernando Velásquez López y tuvieron tres hijos de los cuales hay 4 nietos.
Es Bachiller comercial del Colegio del Inmaculado Corazón de María. Fue Gerente del Hotel Santa Rosa, trabajó en Agencias de viaje, fue presidente de Cotelco, Risaralda, vinculada al Club de Leones de Pereira, Monarca, y la Asociación de exalumnas franciscanas
Así rindo honores a una mujer culta y capaz que nos sorprenderá quizá pronto, con algún pasodoble u otros poemas.


