(Carville, campaña Clinton 1992)
En las campañas electorales se exacerban los espíritus y sale a flote nuestra esencia más visceral, olvidándose, muchas veces de manera intencional, lo más importante: qué plantean realmente los candidatos, es decir, su programa de gobierno. Y este tiene también su médula: la economía. Pues es esta la que determinará el rumbo del país, su nivel de desarrollo y el bienestar de su población.
¿Cuál es el estado del arte económico de la nación? Una gran concentración de la riqueza, que conlleva a una inmensa desigualdad social. Un Estado oligopólico. Veamos:
La dirección del Estado y de la economía ha estado en manos de 932 personas y 119 familias, el 0,002 % de la población (Pearce y Velasco). Cuatro empresas controlan el 70 % del mercado de la carne; tres familias controlan el 92 % del mercado de las gaseosas y el agua; tres familias controlan el 73 % del mercado de los cereales; tres familias controlan el 82 % del mercado del azúcar; cuatro empresas controlan el 87 % del mercado de los lácteos; cinco empresas controlan el 90 % del mercado de los embutidos; tres empresas controlan el 76 % de la mensajería; seis familias controlan las comunicaciones; cuatro aerolíneas controlan el mercado aéreo y cuatro familias controlan el 8 % de los peajes.
Sin embargo, el 70 % del empleo lo generan las pequeñas y medianas empresas, mientras que 50 de las 1000 grandes compañías se quedan con el 53 % de las ganancias producidas por el mercado nacional (ibídem).
Algo escandaloso en cualquier economía del mundo. ¿Cómo se comporta entonces la sociedad civil? La gran mayoría de la población rechaza esta anomalía económica y social. Los manipuladores de la opinión pública —llámense medios de comunicación, opinadores de agachada y supuestos “expertos del régimen”— lo llaman polarización. Pero, en realidad, lo que existe es una confrontación entre quienes defienden el statu quo —“que todo cambie para que nada cambie”— y quienes ven la necesidad de transformaciones y reformas reales, es decir, la eterna discusión sobre el modelo económico. La Economía y a quien le sirve.
Y aquí está el núcleo central de la discusión: ¿qué hacer? ¿Mantener el mismo estado de cosas anormales —concentración y desigualdad— o avanzar hacia el desarrollo del país con democracia, distribución de la riqueza y vida digna para toda la sociedad?
La respuesta obvia y justa parecería ser, sí al cambio. Pero las minorías que han gozado de privilegios inimaginables no aceptan esta posibilidad. Por consiguiente, le corresponde a la sociedad en su conjunto decidir en las contiendas electorales.
¿Y qué elementos de juicio deben tener los ciudadanos para respaldar a uno u otro candidato? Primero, de dónde provienen y qué les proponen a esas grandes mayorías que históricamente nunca han tenido su oportunidad.
Por ejemplo, los candidatos de la derecha provienen de cunas privilegiadas y han amasado inmensas fortunas, algunas no exentas de cuestionamientos. El candidato del progresismo proviene de una clase media, sin grandes fortunas y viviendo de su trabajo. He ahí una diferencia sustancial.
Los candidatos de la derecha defienden el statu quo, el modelo neoliberal que privilegia el mercado por encima del ciudadano y el negocio por encima del derecho humano.
El candidato progresista, por el contrario, defiende el cambio, las reformas, la equidad y un modelo social que privilegia la vida y los derechos humanos por encima del negocio y del mercado.
El debate central no es si un candidato baila, canta o escribe sus discursos. El verdadero debate es político y social: ¿hacia quién van dirigidas las propuestas, las reformas, las leyes o los decretos? ¿A favorecer a un pequeño grupo de élites oligárquicas, como ha ocurrido durante los últimos cien años, o a beneficiar a millones de ciudadanos históricamente excluidos por el Estado y la economía? Campesinos (2 millones de has. de tierra entregadas), trabajadores (2.4 millones recibieron incremento del mínimo), adultos mayores (1.2 millones recibieron el incremento del mínimo), madres comunitarias (2.300 nombradas en el ICBF), soldados (98.000 recibieron incremento del mínimo), policías (23.000 auxiliares recibieron incremento del mínimo, jóvenes (930.000 recibieron matrícula universitaria gratis y 374.000 estudiantes SENA obtuvieron Contrato de Aprendizaje con salario mínimo), es la economía.
Las elites han impuesto una narrativa sobre la “disciplina fiscal”, pero todos los gobiernos han tenido déficit fiscales, la diferencia es que los neoliberales destinan el dinero a las élites, mientras que los Progresistas la destinan a los sectores más necesitados, a la inversión social.
Estos son temas que no emocionan a la gran prensa, a los grandes empresarios o a las élites mencionadas, pero sí determinan el rumbo de la economía, el desarrollo del país y la dignidad humana.
Estamos viviendo una etapa de despertar y de conciencia social, una revolución silenciosa. El pueblo ya no traga entero; ya no cree en el cuento del “coco de Venezuela”, ni en el tamal, la teja o el billete a cambio del voto. Sabe que en el cubículo de votación su comprador no puede verlo y que al abusivo también se le puede hacer “maturranga”. Como dice el refrán popular: tanto va el cántaro al río hasta que se rompe; no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista. El pueblo decidió no resistir más.
El pueblo, como lo dice la Constitución en su preámbulo: “…EL PUEBLO DE COLOMBIA, en ejercicio de su poder soberano… y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz… decreta…”. Es decir, todos los que residimos en el territorio nacional somos pueblo, sin excepción alguna.
No como se ha querido vender la idea discriminatoria de que “pueblo”, en forma despectiva, son únicamente los pobres, los desarrapados o los de estratos 1, 2 o 3. Hay que recordarle a la clase media, media alta, alta y a las élites oligárquicas que todos somos pueblo y todos tenemos el mismo derecho a decidir. Su voto vale exactamente igual al de cualquier otro ciudadano.
Por eso el pueblo ya no traga entero: comprendió que la Constitución y la ley le otorgan los mismos derechos que al poderoso.
Sentimos vergüenza ajena con las bases de los partidos democráticos como el Partido Liberal, Nuevo Liberalismo y otros de procedencia liberal, cuando sus jefes les ordenan votar por sus mas enconados contrincantes como lo es el uribismo, tienen todo el derecho a rebelarse y votar libremente.
Como puede verse, el análisis de la situación social de la población colombiana es verdaderamente alarmante. La exclusión y la desigualdad son catastróficas. Por ello, el cambio debe continuar para corregir esta anomalía económica, social y política. En consecuencia, la gran mayoría de la población debe respaldar en las urnas, el próximo 31 de mayo, al candidato Iván Cepeda como nuevo conductor de la transformación económica y social del país y darle la vitoria en primera vuelta.
“Élites oligárquicas”: grupos reducidos y cerrados que concentran el poder político, económico y social. Tienen la habilidad de moldear las ideas y las leyes, implantando narrativas que la sociedad asume como incuestionables o naturales, garantizando así su supervivencia y reproducción en el poder, sin importar los cambios de gobierno”.
¿Quién manda en Colombia? Élites, poder y Nación. Yenny Pearce y Juan D. Velasco
ADENDA: El Art. 76 de la Reforma pensional (ley 2381 de 2024), vigente por decisión de la Corte Constitucional, en su Parágrafo: “Los valores contenidos en las cuentas de ahorro individual de las personas que hagan uso de este mecanismo (traslado de Fondo) seguirán siendo administradas por las administradoras de Fondos de Pensiones hasta el momento en que se consolide la pensión integral de vejez o la pensión de vejez del régimen anterior”. Negrillas mías.
¿El Consejo de Estado no estará incurriendo en prevaricato por acción al ordenar que los Fondos de Pensiones no deben girar los 5 billones de pesos ocasionados por los afiliados trasladados, que ya están pensionados en COLPENSIONES?. Este tipo de decisiones son los que le hacen perder credibilidad y autoridad a ciertas instituciones.
ADENDA 2. ¿La Corte Constitucional no estará enviando un muy mal mensaje a los jueces de la República al tener la decisión sobre la Reforma Pensional engavetada por más de un año?. También pierden autoridad moral y jurídica.
Marino Muñoz H.
Pereira, mayo 22 de 2026



Excelente artículo que muestra quiénes son «los verdaderos dueños del país» , tema ya abordado por Julio Silva Colmenares en su libro, que lleva ése mismo nombre, cuya primera edición es de 1977 (hace 50 años) y una reedición de 2020, y que Marino retoma en éste artículo con acertadas argumentaciónes.
El problema ha sido siempre el mismo,la lucha por el poder, el poder económico, haciéndo caso omiso del ordenamiento constitucional en cuanto objetivo social del Estado que es , conseguir el bienestar de todos colombianos, no de unas pocas familias, sinó de todos.
Felicitaciones gran artículo 👏👏 muy bien documentado nos muestra caminos muy justos.
Gran reconocimiento amigo Marino Muñoz, es lo pertinente , lo que debe hacerse Pedagogía, falta esperar que este pueblo, sufrido y desentendido, entienda en donde le duele y cuál orilla de la parcialidad política le corresponde respaldar y votar por ella el próximo 31 de mayo, con QUILCUE y CEPEDA el cambio en Colombia, permanece y se queda
El tema fue que cambiamos de Ladrones . Antes robaba la derecha . Ahora es la izquierda. Y como se dieron cuenta que es bueno quieren seguir ahí. Al menos reconoce que el empleo lo producen las empresas. El estado nada produce, sólo gasta y se endeuda.