Cuando era niña, recuerdo que oía a los adultos hablar de personas celosas y no celosas.
El tiempo pasó y entendí que los celos se pueden considerar un trastorno, una enfermedad, a tal punto de nublar la razón y hacer que su poseedor pueda llegar hasta a cometer delitos como homicidios, feminicidios, lesiones personales, escándalos en vía o sitios públicos, violencia física con graves consecuencias, gritos, indiferencia, insultos, indiferencia, silencios prolongados, exclusiones, etc.
Lo común que puede tener estas conductas, ese hilo que las une, se llama “celos”, enfermizos, patológicos, visibles, que denotan una gran inseguridad, disfrazada de amor por el otro.
Los celos son una respuesta emocional compleja ante una amenaza, real o imaginaria, de perder una relación o el afecto de un ser querido a causa de un tercero. Lejos de ser una prueba de amor, suele ser una señal de inseguridad personal y miedo al abandono.
Este comportamiento tiene como características fáciles de detectar, las siguientes:
- Temor a la pérdida de la persona amada.
- Percepción de rivalidad.
- Necesidad de control sobre la relación.
- Desconfianza creciente.
Durante la relación, van apareciendo algunas banderas rojas, como:
- Control excesivo sobre la pareja.
- Sospechas frecuentes sin razón.
- Comparaciones constantes.
- Miedo irracional al abandono.
Las consecuencias llegan de forma automática, como violencia intrafamiliar o simbólica, en algunas de sus manifestaciones, entre ellas, pérdida de confianza, conflictos frecuentes, desgaste emocional, aislamiento de amistades y familiares.
Es una mezcla de otras emociones como la ira, la tristeza y el miedo.
La clasificación más común la conocemos como celos adaptativos y celos patológicos, siendo los primeros aquellos que generan cierta preocupación normal, pero permiten mantener el raciocinio sin caer en comportamientos irracionales; los patológicos se caracterizan por la obsesión, la desconfianza constante, la necesidad de control y la percepción de amenazas donde no las hay.
Para superarlos, quien lo padece, debe trabajar en sí mismo, en mejorar su autoestima, desarmar los pensamientos irracionales diferenciando entre lo que es un hecho comprobable y lo que son suposiciones o miedos infundados y fomentar la independencia cultivando actividades, metas y círculos sociales propios que reduzcan la dependencia emocional.
Es aquí cuando aparece la palabra COMPERSIÓN”, cargada de tranquilidad, libertad, amor incondicional y felicidad por la felicidad del otro. Algo muy parecido al amor incondicional.
Se define como una emoción que describe la sensación de alegría, placer o satisfacción que alguien experimenta al ver la felicidad de un ser querido, incluso si esa alegría proviene de otra persona que para una persona celosa podría considerarla como un peligro o un rival.
A menudo se le considera como antónimo de los celos, en cualquiera de sus manifestaciones y destruye completamente aquella palabra que quien te ama te cela o si no te cela es porque no te ama.
Describe una empatía profunda y libre de posesividad, aplicada a todo tipo de relaciones
Entre sus características principales, están: Es lo opuesto a los celos; a diferencia del sentimiento de amenaza, surge desde un lugar de seguridad y generosidad; no implica necesariamente, excitación sexual. Es un estado de bienestar emocional y alegría por la plenitud de la pareja o por el ser amado.
“Amor sin restricciones es celebrar la libertad de la persona amada, entendiendo que su felicidad no depende de ti” pero que si se puede ayudar al otro en esta difícil tarea de la vida.
Para muchos lectores, esto parecería fantasía, pues no, les quiero contar que a largo de mi vida he tenido la dicha de conocer a tres personas con este rasgo tan especial, a quienes se les puede decir que son “personas compersivas”, sin dejar de reconocer que la palabra es tan rara que ni siquiera el vocabulario del computador la contiene, a tal punto que la marca como un error y la corrige como “comprensiva”. Podríamos decir que tienen mucha relación. Ser compersiva es ser comprensiva con relación a la felicidad de quien amamos.
Sólo tres personas he conocido con esta bella cualidad, mi madre a quien jamás le vi hacerle a mi padre una escena de celos y cuando le decían que estaba en algún sitio tomando “fresco” con otra mujer, respondía: “que pase bien rico y qué bueno que me lo ayuden a querer y cuidar”. Mi padre fue un hombre muy churro.
A un amigo, de quien aprendí que el amor no encarcela, que el amor es libertad, tranquilidad y volar el vuelo del otro, sin aferrarse a sus alas, así los dos caigan juntos. De ese ser humano tan único, aprendí que a uno no le dicen mentiras, que esas, se las dice la misma persona por la incapacidad de aceptar la realidad. Un gran filósofo cuyas enseñanzas las aplico cada día en mi vida.
Una amiga, capaz de ser feliz con la felicidad de su esposo, esta dama me dice que jamás ha sentido celos, que no sabe que es ese sentimiento, que su mayor alegría es ver a su esposo tranquilo, relajado y que tenga personas que lo aman, que lo acompañan.
Cuando conocí la palabra, inmediatamente lo relacioné con estas tres personas. Las dos primeras ya pasaron a otro plano, la tercera es una mujer tranquila, relajada, feliz, con un matrimonio estable y muy lindo. Me dice que el secreto de sus casi 50 años de casados es la libertad y complicidad para con su esposo, que, en medio de sus vivencias, no ha caído jamás en el irrespeto ni en los excesos. La confianza entre ellos ha sido el bastión de su relación. Él, de 80 y ella de un poco más de 60. La compersión no es asunto de juventud, es de seguridad en uno mismo y confianza en el otro y en lo que se construyó como pareja, como proyecto de vida compartida.
Veo que esta es una forma muy linda de vivir con alguien, que, en nombre del amor, no se le debe encarcelar y estorbar en sus sueños. Que ambos crezcan, que ambos puedan volar el mismo cielo.
Olga Cecilia Trejos Buriticá – Abogada



Excelente
Excelente y bien escrrito
Buen día Doctora Olga. Gran escrito.
Compersión, palabra que acabo de conocer y muy cargada de seguridad y amor propio en una época donde la infidelidad se ha incrementado con relación a otros tiempos.
Escuchaba a un sacerdote que decía: No sea celoso pero si malicioso.
Me gustó el escrito porque es una invitación a llegar a otros niveles respecto a las relaciones de pareja.
Feliz día.
Olga Cecilia, gracias por tocar este tema tan interesante para quienes vivimos en pareja por tiempo completo.
Y de paso hoy he conocido un nuevo un término para mi léxico .
Excelente afirmación del amor
Maduro. Es el estado ideal para construir en pareja una relación.
Gracias por compartir.