Cuando el impacto del titular parece imponerse al rigor de la información, el periodismo corre el riesgo de convertirse en amplificador de acusaciones infundadas o calumnias antes que en garante de la verdad
El artículo de Semana sobre Verónica Alcocer, exprimera dama de Colombia, ilustra un problema que merece especial atención: la distancia que puede existir entre una especulación, una sospecha o una calumnia y una verdad confirmada.
Quien lea la entrevista de Eva Ferrer, sin dejarse condicionar por la composición gráfica, las frases destacadas y el tono sensacionalista, encontrará afirmaciones que requieren interpretación y contraste, no aceptación automática.
Cuando el titular se adelanta a la investigación
La revista presenta señalamientos de enorme gravedad: el transporte de drogas a Venezuela en un avión oficial, la llegada a Colombia de 2,5 millones de dólares procedentes de ese país y la vinculación del entorno de Alcocer con el tráfico de armas. Todo esto, sin que haya mediado una mínima investigación, que recopile pruebas y confronte versiones.
Pero, una cosa es reproducir las declaraciones de una entrevistada y otra, muy distinta, demostrar la verdad de su contenido. Las afirmaciones pueden proceder de experiencias personales, referencias de terceros o interpretaciones subjetivas. Corresponde al medio distinguir esas categorías con claridad y evitar que el lenguaje editorial borre las diferencias entre ellas.
Sin embargo, la fuerza visual de una portada no equivale a la solidez de una investigación. El problema periodístico aparece cuando la presentación de una acusación produce en el lector la impresión de que se encuentra ante hechos establecidos, aunque la información publicada no permita llegar a esa conclusión.
La responsabilidad que Semana no puede eludir
El rigor periodístico no se agota en conseguir una entrevista exclusiva ni en publicar revelaciones capaces de generar controversia. Exige examinar la consistencia del relato, reclamar pruebas, consultar fuentes independientes, solicitar las versiones de las personas señaladas y explicar al público qué aspectos han sido corroborados y cuáles permanecen sin esclarecer.
Esta es la distinción entre lo especulativo (inadmisible en el periodismo), la denuncia y la verdad judicial.
Por eso resulta pertinente preguntar qué verificaciones efectuó Semana antes de dar semejante despliegue a las declaraciones de Ferrer. ¿Qué documentos, testimonios independientes o actuaciones oficiales respaldan los señalamientos? ¿Qué respuesta ofreció la persona aludida? ¿El titular refleja fielmente el grado de certeza de la información disponible?
La falta de todos los procedimientos de rigor para verificar la información devela una intención deliberada de Semana de favorecer el escándalo sin contar con elementos de juicio que demuestren los hechos.
El daño de las acusaciones sin suficiente contexto
Una publicación de amplia circulación puede instalar sospechas en la conversación pública mucho antes de que se conozcan sus fundamentos. Si después aparecen contradicciones o la información no logra sostenerse, el impacto inicial no desaparece el daño con la misma rapidez con que se difundió.
De ahí que la responsabilidad de Semana no termine con la publicación. También comprende la obligación de actualizar la información, reconocer errores y rectificar con visibilidad cuando corresponda. Una corrección discreta no compensa el efecto nocivo de un titular que alcanzó una audiencia masiva.
Condenar a una persona ante la opinión pública sin que exista una investigación o un juicio de por medio, es un acto de irresponsabilidad, de falta de profesionalismo y de ética en general.
La presunción de inocencia frente al juicio mediático
El artículo 29 de la Constitución Política de Colombia consagra la presunción de inocencia, en consonancia con el artículo 11.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este principio impide tratar a una persona como culpable antes de que su responsabilidad sea establecida conforme a la ley.
Semana tiene derecho a investigar, publicar denuncias y cuestionar a quienes ejercen poder. Pero ese derecho lleva aparejada una responsabilidad: no confundir el impacto con la verificación, la sospecha con el hecho, ni la declaración con la demostración.
El periodismo pierde su función informativa cuando deja que el titular dicte la conclusión antes de que la investigación permita alcanzarla. Una exclusiva puede conquistar la atención del público; pero solo el rigor puede sostener la credibilidad.
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* Periodista y corrector de estilo
WA +57 318 881 1133



Respetado Columnista:
Toda una cátedra de como ejercer el Periodismocon : rigor investigativo.
El último párrafo contundente.
Gracias.