La preparación institucional, la formación y el fortalecimiento de los recursos para la atención de emergencias fueron factores determinantes en la respuesta de la Universidad Tecnológica de Pereira durante el sismo del pasado 10 de agosto. Así lo destacó Alejandro López Oviedo, asesor del Plan de Emergencias de la Administradora de Riesgos Laborales (ARL) Positiva para la UTP, quien resaltó el trabajo preventivo que la institución ha desarrollado durante los últimos años para proteger a su comunidad universitaria.
Para López Oviedo, el reciente acontecimiento demostró la importancia de invertir de manera permanente en prevención y seguridad. La infraestructura, los equipos, los procesos de formación, los entrenamientos y los simulacros hacen parte de un modelo institucional que se ha fortalecido progresivamente para responder ante situaciones de riesgo. “Hay unos eventos en la vida que marcan historias y momentos, y ese 10 de agosto nos demostró que todo lo que se haga en prevención es muy rentable”, señaló el asesor, al explicar que la preparación de la Universidad no se limita a la capacitación de las personas, sino que también comprende la adecuación de sus espacios, la dotación de equipos y la consolidación de procedimientos para la atención de emergencias.
Entre los avances que destacó se encuentran la disponibilidad de un servicio de paramédicos en el campus, que opera diariamente entre las 6:00 a. m. y las 10:00 p. m., así como un área protegida con ambulancias medicalizadas para la atención de toda la comunidad universitaria. A esto se suma una dotación que incluye aproximadamente 750 extintores, más de 100 camillas, ocho desfibriladores y equipos especializados para comunicaciones, atención de derrames químicos y labores en alturas y espacios confinados.
Estos recursos, junto con la conformación de una brigada de emergencias y el compromiso institucional con la prevención, hacen parte de las acciones que contribuyeron a la respuesta durante el sismo. De acuerdo con López Oviedo, pese a la ocupación de los espacios universitarios y a los daños registrados en elementos arquitectónicos de algunas facultades, la evacuación hacia los puntos de encuentro se desarrolló con un balance favorable: tres personas presentaron lesiones menores, entre ellas una lesión traumática leve y situaciones asociadas al impacto emocional de la emergencia. “Esto no es suerte. La seguridad es el resultado del compromiso institucional de la Rectoría, de todo su estamento y de sus funcionarios”, afirmó, al destacar la importancia de mantener y fortalecer las capacidades de prevención y respuesta de la Universidad.
La UTP se prepara para un simulacro que permite evaluar y fortalecer las capacidades de respuesta
En este contexto, la UTP se prepara para participar en el Simulacro Nacional de Respuesta a Emergencias, programado para el miércoles 21 de octubre, con actividades a partir de las 10:00 a. m. En consideración a la reciente emergencia vivida por la institución, el ejercicio tendrá un alcance orientado a evaluar componentes específicos del Plan de Emergencias, sin recurrir a movilizaciones masivas que involucren evacuaciones generales y ambulancias.
Entre los aspectos que se pondrán a prueba están la respuesta ante eventos de seguridad vial, la atención de emergencias cardiovasculares mediante el uso de desfibriladores y la capacidad de desplazamiento de los equipos de respuesta para atender oportunamente las situaciones que se presenten.
Según explicó López Oviedo, estos ejercicios permiten llevar a la práctica los conocimientos adquiridos y comprobar cómo actúan las personas y los equipos cuando deben responder ante una emergencia. En ese sentido, el propósito no es únicamente verificar el funcionamiento de los procedimientos, sino identificar oportunidades de mejora y fortalecer las capacidades institucionales. “Una cosa es el conocimiento, que es teoría, y otra es la capacidad: esa realidad efectiva en la práctica que hace que una persona actúe con tranquilidad, suficiencia y técnica cuando ocurre una emergencia”, explicó.
La prevención también comienza en casa
Finalmente, López Oviedo hizo un llamado a extender la cultura de la prevención más allá del campus universitario, involucrando a las familias de estudiantes, docentes, funcionarios y contratistas. La experiencia del 10 de agosto también evidenció la preocupación de las personas por conocer el estado de sus hogares y familiares después de la emergencia, lo que refuerza la necesidad de contar con medidas de preparación en el entorno doméstico.
Por ello, invitó a la comunidad universitaria a diseñar y fortalecer sus propios planes familiares de emergencia, identificar rutas de evacuación, establecer puntos de encuentro y definir cómo comunicarse en caso de que se presente una situación de riesgo.
La prevención, concluyó, es una responsabilidad compartida que comienza con las acciones institucionales, pero que debe extenderse a cada hogar. De esta manera, los aprendizajes adquiridos pueden convertirse en herramientas para proteger la vida y responder de forma más organizada ante futuras emergencias.


